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Cuéntame qué haces con el e-mail y te diré cómo eres

El e-mail, esa herramienta sin la cual ya no podríamos vivir, ocupa cada vez más nuestro tiempo de trabajo -e incluso personal-. Asimismo es fuente de no pocas molestias. Y, así como nuestro lenguaje corporal o nuestra forma de comunicarnos oralmente revela prácticamente todo acerca de nuestra personalidad, nuestros gustos, educación, cultura, etc, en función del uso que hacemos del correo electrónico se puede deducir también cómo somos en nuestro desempeño profesional/privado.

Enrique Dans nos ofrece en su blog una clasificación de caracteres, de tipos, partiendo de la utilización del e-mail. Curioso, divertido. Y profundamente revelador. Dans llega a la conclusión de que hay seis clases de personalidades que se pueden adivinar vía uso del correo.

No es una cuestión baladí: el e-mail se come una cuarta parte de nuestra jornada laboral. Como media empleamos en torno a dos horas para leer y contestar el correo, aunque hay gente que llega a trabajar con esta herramienta más de cuatro horas diarias. Si la lista de mensajes recibidos en períodos normales ya es atosigante, al regreso de unas vacaciones, como ha sucedido estos días pasados, aquello ya es casi intolerable. Lo curioso es que, tratándose de una herramienta que en teoría ahorra tiempo y dinero, al final invertimos más en ambas cosas porque no acabamos de confiar plenamente en el invento.

Y si no lo creen, hagan memoria un instante; seguro que recuerdan ocasiones en que alguien le ha enviado un e-mail, después le ha llamado por teléfono para cerciorarse de que lo ha recibido y quizás incluso le ha explicado… ¡todo el mensaje, desde el principio hasta el último punto! A los periodistas de esta redacción nos ha sucedido más de una vez. Para eso podíamos habernos quedado donde estábamos.


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