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¿De quién es el sudor de mi frente?

Como dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, nos animamos a retomar el tema tratado en una de las mesas del III Congreso de Periodismo Digital celebrado en Huesca, después de encontrar la cinta con la grabación del evento en un lugar insospechado.

El asunto sobre esa mesa, un tanto manido ya pero no por ello resuelto, ni mucho menos, era dónde quedan los derechos de autor y propiedad intelectual tras la irrupción de Internet. Bajo el título \”Derechos de autor. ¿De quién es el sudor de mi frente?\”, se trataba de dilucidar si sirven para algo los esquemas tradicionales para proteger al autor y a sus obras, si la digitalización amenaza la forma de vida de los autores o simplemente termina con toda la industria montada a través de los intermediarios, sean discográficas, estudios de cine o editores. O no: si todavía hay tiempo para blindar y modificar la legislación para que todo cambie para seguir igual.

La mesa cojeaba. A pesar de la talla de los invitados, faltó a la cita el Consejero Director General de sDae (Sociedad Digital de Autores y Editores), José Neri, lo que desequilibró las fuerzas hacia el lado de los \’rebeldes’. José María Anguiano, abogado, socio del despacho Garrigues & Andersen y secretario de la Asociación Española de Derecho a la Propiedad Intelectual, hizo lo que pudo para defender, con gran despliegue de artículos y textos refundidos, un copyright que sus contertulios daban ya por muerto y enterrado.

Una SGAE para los periodistas

Ignacio Escolar echó especialmente de menos al representante de la SGAE. El músico y coordinador del \’El Navegante’ de Informativos Tele5, quería preguntarle qué pasaría si los periodistas contaran con una sociedad que velase por sus intereses, \”igual que los músicos tienen a alguien que se ocupa de proteger teóricamente sus derechos de autor, nosotros no tenemos ninguna Sociedad General de Periodistas Españoles que nos proteja, que se ocupe de recaudar si mi artículo de prensa me lo ponen en Internet o si mi artículo de Internet se convierte en un guión de cine\”.

Ahorrando la bonita y larga discusión sobre si la piratería es legal o moral, el flamante ganador del I Premio de Periodismo Digital José Manuel Porquet, quiso imaginar lo que ocurriría si de verdad existiese esa SGPE que velase por los plumillas. [El título de su artículo premiado \”Por favor, ¡pirateen mis canciones!\”, de obligada lectura, no engaña sobre la postura de su autor].

\”Si a los periodistas se nos reconociese como autores, con los mismos derechos que los músicos o cineastas, la organización que nos defendiese la formaríamos nosotros y nuestros patrones\”, al igual que en la SGAE que, tras \”una brillante estrategia de marketing\” cambió su nombre (antes era la Sociedad General de Autores Españoles) sin cambiar las siglas, \”convirtiéndose en una especie de sindicato vertical donde editores y artistas —patrones y trabajadores— juntos y revueltos protegen el cobro de los derechos de autor\”.

Según un sistema de representación copiado de la SGAE, \”sólo podrían votar los periodistas que ganasen más de 3 millones al año y los directores que cobrasen doce millones votarían tres veces\”. Habría que enfrentarse a situaciones surrealistas, que no llaman la atención si hablamos de músicos, continuó Escolar: \”si queréis cobrar en Internet un artículo vuestro publicado en vuestra propia web, tendríais que pagar a esa sociedad que protege vuestros derechos para que luego os devolviese el dinero sin la correspondiente comisión de gestión\”.

Escolar: \”Crear una SGAE para periodistas sería nefasto\”

Pero tendríamos grandes ventajas: \”podríamos pedir un canon a los fabricantes de folios, soporte que vale para piratear nuestro trabajo\”, al igual que la SGAE trata de cobrar a los fabricantes de CDs porque se usan para copiar música; \”podríamos exigir a los bares otro canon por ofrecer periódicos a sus clientes, como hace la SGAE con la música\”.

Estos ejemplos le sirven a Escolar para sugerir que a lo mejor no es tan buena idea esta forma de protegernos de unas supuestas violaciones de nuestros derechos de autor, porque a lo mejor \”estamos haciendo el caldo gordo a otros intereses muy distintos, que es lo que nos ha pasado a los músicos\”, porque, \”el reparto entre lo que tú ganas y lo que generas es muy poco equitativo\”.

Hablando en plata: la SGAE protege a la industria y no al autor, y sería un suicidio adaptar el modelo al periodismo.

El moderador, Jorge Alcalde, redactor jefe de Muy Interesante, no quiso dejar escapar a Escolar sin que explicase por qué pide en su artículo premiado que pirateen sus canciones. Y Escolar respondió al reto: \”Hemos llegado a una situación tan surrealista que a muchos autores, echando cuentas, nos interesa que nos pirateen\”. \”A mucha gente eso le suena a \’¡por favor róbenme y luego péguenme un poquito’, pero la gestión de derechos de autor ha llegado a una situación tan extraña, que a los músicos nos dan tan poquito por ese derecho ese que se supone que nos protege, que nos conviene que nos lo quiten. Cuando vamos a dar un concierto, que es de lo que de verdad viven los músicos, no pedimos en la entrada que nos enseñen si tienen el CD original o pirata… Nos interesa mucho más tener 100.000 fans piratas que 10.000 originales, los primeros te llenan los conciertos mientras que los segundos te dan tres pesetas\”.

\”La protección de las entidades de gestión\”, concluyó Escolar, \” es más una cadena que te ata, que te obliga proteger la industria\”.

Todo se reduce a un acuerdo entre partes

Empezó José María Anguiano retomando el ejemplo de los folios de Escolar (\”no te habré dado una idea, era broma\”, dijo el músico), pare decirle que ese \”canon compensatorio de copia privada\” ya se cobra a las fotocopiadoras (pero \”todavía\” no a las impresoras); \”cada vez que compramos una fotocopiadora pagamos 30.000 pesetas como canon remuneratorio de toda esa piratería encubierta\”. Animó a los periodistas con cuitas pendientes a que se dirijan a Cedro, entidad encargada de velar por los derechos reprográficos, para exponer sus reivindicaciones.

\”Soy el abogado de la Asociación Española de Editores de Prensa Diaria, con lo cual soy el abogado de los jefes\”, dijo Anguiano para que nadie se engañase, \”y la primera cuestión que pongo encima de la mesa es de quién son los derechos de propiedad intelectual\”.

El abogado explicó que, básicamente, hay dos tipos de relación con los periódicos, \”una relación de dependencia laboral y la posibilidad de ser un freelance que llega a acuerdos mercantiles con quien le parece oportuno; y la traslación de los derechos de propiedad intelectual (PI) depende mucho de qué tipo de relación se dé\”.

Lo primero para analizar las cuestiones de derechos de autor es determinar si el periódico o la revista es una obra colectiva, según la definición del Artículo 8 del texto refundido de Propiedad Intelectual [1].

\”El tema no está en absoluto claro\”, afirmó tras leer el artículo. Hay dos grandes tendencias doctrinales: la que dice que los textos de un periódico son divisibles, algo absolutamente independiente que no necesita de lo demás para funcionar; y otra (defendida por Rodríguez Tapia), que acepta que la PI corresponde al editor, porque si hablamos de la independencia absoluta de una parte de la obra hasta sus últimas consecuencias, llegaremos a la conclusión de que no hay una creación intelectual que dependa del resto de una forma clara, ni siquiera una producción cinematográfica, la obra colectiva por definición, explicó Anguiano.

La reflexión del secretario de la AEDPI para apoyar la segunda tesis se basa en la siguiente pregunta: \”¿A qué va la gente, a leer vuestro artículo o a leer un determinado periódico en el formato que sea?\”.

Anguiano: \”Hay que meter a los periodistas y a los editores de prensa en el mismo saco\”

\”Creo que la lucha\”, continuó Anguiano, \”no está con los editores de prensa —con los que se puede negociar un contrato de una u otra forma—; hay enemigos comunes, hay que meter a los periodistas y a los editores de prensa en el mismo saco\”. Si existe una relación de dependencia laboral del Artículo 51 [2] (Transmisión de los derechos del autor asalariado), \”la cesión se presume automática en cualquier tipo de creación intelectual\”, zanjó el abogado

El problema es el límite, que además en Internet tiene una especial relevancia: los derechos de explotación económica de la obra se ceden al editor, ¿pero con qué alcance?, se pregunta Anguiano. \”Si no se dice nada en contrario, lo primero que opera en derecho es el pacto entre partes\”, explica, por lo que ahora es habitual firmar anexos de contratos o contratos nuevos con una cesión extraordinariamente amplia, incluyendo también el entorno electrónico. \”Si no hay pacto expreso se entiende cedido por un periodo temporal de cinco años para una zona geográfica concreta (el país donde se realiza la cesión) y para el alcance necesario para el desarrollo del negocio del editor, cuestión que se presta a todo tipo de polémicas\”, afirma.

¿Cuál es el alcance? ¿Una edición digital se puede considerar el devenir normal de la actividad empresarial de cualquier editor? Anguiano dice que sí: \”no estamos hablando de obras distintas, estamos hablando, en el mejor de los casos, de obras complementarias\”. De acuerdo con los pactos entre partes, en los que se establece el alcance, en principio vamos a entender que \”el sudor de mi frente, a parte de los abogados, es de los editores, como es lógico y razonable ya que me pagan un salario\”.

El \’press-clipper’, el auténtico malo de la película

Para que, tras esa afirmación, se enfriasen un poco las miradas contrariadas de los contertulios y buena parte de la audiencia, el abogado viró hacia la búsqueda de un enemigo común: el press-clipping (dossier de prensa electrónico), una auténtica amenaza para periodistas y editores, según piensa. Es una amenaza porque los editores no han dicho, como Escolar, \”Por favor copiadme\”, y sin embargo están haciendo eso. \”Yo les confieso que desde que trabajo en Garrigues & Andersen y tengo un press-cliping no compro el periódico, con lo cual se está produciendo lo que los abogados llamamos un lucro cesante\”. Los press-clippers, asegura Anguiano, están consiguiendo que la gente compre menos periódicos, con lo cual se recauda menos por venta y publicidad.

Hay otro fenómeno en esa línea, que son las ediciones digitales corporativas en intranets: \”Si yo me compro un diario lo digitalizo y lo pongo en la intranet para que accedan 3.000 empleados, evidentemente estoy causando un perjuicio porque adquiero (y pago) sólo un ejemplar\”, dice el abogado.

Anguiano se muestra convencido de que en la medida en que el periodismo digital avance y se generalicen todo este tipo de cuestiones —\”que se van a generalizar\”—, los periódicos acabarán vendiéndose como el software, con licencias corporativas que dependerán del número de empleados.

Anguiano: \”El press-clipping es ilegal y pone en peligro la industria del periodismo\”.

Esos, los press-clippers y las ediciones en intranets, son para Anguiano \”el riesgo más evidente\”, asegura el socio del despacho Garrigues & Andersen.

Este press-clipping, \”¿es una actividad lícita?\” se pregunta Anguiano; y se responde: NO. Y lo justifica: \”un periódico digital también se puede regular de acuerdo con lo establecido en el Artículo 12 [3] (Colecciones Bases de Datos) del texto refundido, una especie de cajón de sastre donde se han metido todas las creaciones multimedia. Este artículo otorga al titular de es tipo de creaciones —que incluye a los periódicos digitales y el press-clipping— un derecho de PI basado en el criterio de selección y disposición de las materias. Hasta abril de 1996, la protección de autor solamente protegía la forma de seleccionar y disponer, asunto resuelto después por el derecho sui generis del fabricante de las bases de datos, que prohibe la extracción y/o reutilización de una parte sustancial (desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo) de una BBDD. \”Con esto se pretende proteger el esfuerzo material de creación\”, explica, \”y un periódico también se puede proteger por el Artículo 12\”.

Los derechos de PI como técnica legislativa utilizan primero una norma y después se establecen una serie de limitaciones. Además, por el carácter especial de estos derechos, en el Artículo 40 bis [4] se establece una norma de interpretación del resto de las normas de limitación: hay que hacer una interpretación restrictiva para preservar el desarrollo y la investigación. Estas limitaciones dejan el negocio de los press-clippers completamente fuera de juego:

  • Se puede hacer una copia privada (Artículo 31 [5]) que no sea objeto de duplicación colectiva ni lucrativa (el press-clipping no cumple).
  • Tampoco se pueden amparar en el derecho de cita, según explica el Artículo 32 [6]. Aunque en el párrafo segundo (\”Las recopilaciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revistas de prensa tendrán la consideración de citas\”) se podrían colar los press-clippers, quedan fuera según la definición del sector de \’revista de prensa’: unos medios publican lo que publican otros medios \”de una forma muy aislada\”.
  • La última excepción es que sean trabajos de actualidad, pero los press-clippers no cumplen casi ninguno de los requisitos del Artículo 33.1 [7] para excepción de los derechos de autor.

Conclusión de Anguiano: \”Los dossieres de prensa digitales son absolutamente ilegales y pueden generar un lucro cesante y poner en peligro la industria del periodismo\”.

Subyacía en toda la disertación de Anguiano sobre los press-clippers una cuestión de mayor enjundia que preocupaba a la sala, y que se apuntó en algunas intervenciones: ¿el objetivo final es ir a por el hipervínculo —de hecho, Anguiano citó el caso de deep linking ganado por los editores prensa en un tribunal escocés y la apertura del debate en Inglaterra sobre si se necesita autorización para poner un enlace—, acabar con Internet?



Texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual(archivo PDF)

[1] Artículo 8. Obra colectiva.
Se considera obra colectiva la creada por la iniciativa y bajo la coordinación de una persona natural o jurídica que la edita o publica bajo su nombre y está constituida por la reunión de aportaciones de diferentes autores cuya contribución personal se funde en una creación única y autónoma, para la cual haya sido concebida sin que sea posible atribuir separadamente a cualquiera de ellos un derecho sobre el conjunto de la obra realizada. Salvo pacto en contrario, los derechos sobre la obra colectiva corresponderán a la persona que la edite y divulgue bajo su nombre.\”

[2] Artículo 51. Transmisión de los derechos del autor asalariado.
1. La transmisión al empresario de los derechos de explotación de la obra creada en virtud de una relación laboral se regirá por lo pactado en el contrato, debiendo éste realizarse por escrito.
2. A falta de pacto escrito, se presumirá que los derechos de explotación han sido cedidos en exclusiva y con el alcance necesario para el ejercicio de la actividad habitual del empresario en el momento de la entrega de la obra realizada en virtud de dicha relación laboral.
3. En ningún caso podrá el empresario utilizar la obra o disponer de ella para un sentido o fines diferentes de los que se derivan de lo establecido en los dos apartados anteriores.
4. Las demás disposiciones de esta Ley serán, en lo pertinente, de aplicación a estas transmisiones, siempre que así se derive de la finalidad y objeto del contrato.
5. La titularidad de los derechos sobre un programa de ordenador creado por un trabajador asalariado en el ejercicio de sus funciones o siguiendo las instrucciones de su empresario se regirá por lo previsto en el apartado 4 del artículo 97 de esta Ley.

[3] Artículo 12. Colecciones Bases de Datos.
1. También son objeto de propiedad intelectual en los términos del Libro I de la presente Ley, las colecciones de obras ajenas, de datos o de otros elementos independientes como las antologías y las bases de datos que por la selección o disposición de sus contenidos constituyan creaciones intelectuales, sin perjuicio, en su caso, de los derechos que pudieran subsistir sobre dichos contenidos.
La protección reconocida en el presente artículo a estas colecciones se refiere únicamente a su estructura en cuanto forma de expresión de la selección o disposición de sus contenidos, no siendo extensiva a éstos.
2. A efectos de la presente Ley, y sin perjuicio de lo dispuesto en el apartado anterior, se consideran bases de datos las colecciones de obras, de datos, o de otros elementos independientes dispuestos de manera sistemática o metódica y accesibles individualmente por medios electrónicos o de otra forma.
3. La protección reconocida a las bases de datos en virtud del presente artículo no se aplicará a los programas de ordenador utilizados en la fabricación o en el funcionamiento de bases de datos accesibles por medios electrónicos.

[4] Artículo 40 bis. Disposición común a todas las del presente capítulo.
Los artículos del presente capítulo no podrán interpretarse de manera tal que permitan su aplicación de forma que causen un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor o que vayan en detrimento de la explotación normal de las obras a que se refieran.

[5] Artículo 31. Reproducción sin autorización.
1. Las obras ya divulgadas podrán reproducirse sin autorización del autor y sin perjuicio en lo pertinente, de lo dispuesto en el artículo 34 de esta Ley, en los siguientes casos:
1º Como consecuencia o para constancia en un procedimiento judicial o administrativo.
2º Para uso privado del copista, sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos 25 y 99a de esta Ley, y siempre que la copia no sea objeto de utilización colectiva ni lucrativa.
3º Para uso privado de invidentes, siempre que la reproducción se efectúe mediante el sistema Braille u otro procedimiento específico y que las copias no sean objeto de utilización lucrativa.

[6] Artículo 32. Citas y reseñas
Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico, fotográfico figurativo o análogo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico. Tal utilización sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada.
Las recopilaciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revistas de prensa tendrán la consideración de citas.

[7] Artículo 33. Trabajos sobre temas de actualidad.
1. Los trabajos y artículos sobre temas de actualidad difundidos por los medios de comunicación social podrán ser reproducidos, distribuidos y comunicados públicamente por cualesquiera otros de la misma clase, citando la fuente y el autor si el trabajo apareció con firma y siempre que no se hubiese hecho constar en origen la reserva de derechos. Todo ello sin perjuicio del derecho del autor a percibir la remuneración acordada o, en defecto de acuerdo, la que se estime equitativa.
Cuando se trate de colaboraciones literarias será necesaria en todo caso, la oportuna autorización del autor.


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