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Duelo de titanes: Estrategia vs. Finanzas

¿Quién debe mandar más, el estratega o el financiero? No creo que se pueda contestar a la ligera; quizá el estratega, que conoce bien su negocio, suscite más simpatías. Los que estudian un MBA suelen encontrar la Estrategia divertida porque cuenta historias y resulta fácil lanzarse al ruedo y opinar. Sin embargo, las Finanzas resultan más como… el latín: disfrutado sólo por iniciados. Sin embargo, hay quien ha visto ventajas en los resultados de las empresas dirigidas por financieros en algunos sectores maduros, frente a las dirigidas por ingenieros o especialistas. Parece que los gastos se reducen, que negocian mejor las compras, que saben asociar mejor los incentivos de los directivos a los resultados y que tienen menos problemas emocionales para realizar despidos, cerrar líneas deficitarias u otros ajustes duros.

De lo que no cabe duda es de que estrategia y finanzas han de estar coordinadas. Y si no que se lo digan a los sufridos representantes de los distintos negocios cuando tratan de justificar la financiación de sus planes en las grandes empresas. Y más aún a los emprendedores, que han oído muchas veces que el principal riesgo de mortalidad en la nueva empresa es la “falta de capital” (aunque eso sea cómo decir que la causa de un fallecimiento fue “paro cardiaco”), y que bastante tienen con conseguir dinero para intentar cambiar el mundo como para meterse en sutilezas financieras…

Otro conocido riesgo que ha causado la desaparición de bastantes empresas es la tendencia a satisfacer con abnegación cercana a la devoción las necesidades de “los mejores clientes”. Mucho foco en el cliente puede acabar quemando. Quizá la “falta de dinero” sea un riesgo de este mismo tipo, si incluimos entre estos “clientes” que involuntariamente nos llevan por mal camino a uno imprescindible, el capital, el que nos “compra” rentabilidad a cambio de su subvención. Como a este tipo de clientes no se les puede desairar, lo mejor es ser cuidadoso en su elección: la forma en que él entiende que debe ganar dinero debe ser compatible con la evolución óptima de la empresa. O con otra metáfora, conviene que el emprendendor escoja como pareja capitalista a alguien que por un lado entienda sus “necesidades de desarrollo”, pero que también le marque metas claras para que no se descentre.

Una metáfora cinematográfica

El ejemplo que se me ocurre para ilustrar los efectos destructivos de la incompatibilidad de caracteres entre capital y empresa es el de la película Bichos. Una aventura en miniatura. Da la impresión de que se basa en la fábula de la cigarra y la hormiga o la historia de “Los Siete Magníficos”. Pero también puede servir para ilustrar las sutiles interacciones entre la “agenda oculta” del que pone el dinero y la evolución de la estrategia de la empresa. Reescribamos la película en esta clave:

El hormiguero que hay en una isla del río vive en perpetuo temor de los saltamontes, que actúan como si fueran sus dueños. Al cierre del ejercicio anual, se presentan a recoger su tributo habitual en forma de semillas. No se molestan en entrar en el hormiguero y conocer el panorama o los principales hitos de la gestión, lo que nos lleva a suponer que son inversores o prestamistas, y no el núcleo de una “corporación” de la que forme parte el hormiguero. Cuentan el grano y si es el “dividendo” acordado, dejan todo tranquilo hasta la próxima.

El hormiguero se afana en cubrir su cuota para los saltamontes y guardar lo bastante para ir tirando en invierno. Las cosas no parecen ir mal, aunque el trabajo es duro. Hay una joven hormiga, Flik, que está siempre inventando cosas. Por ejemplo, un catalejo-gota-de-agua, que no es demasiado apreciado (¿quién necesita mirar de lejos? Hay que centrarse en la tarea). O también, una especie de cosechadora que causa la irritación de muchos de sus colegas y superiores porque es una distracción y, sobre todo, porque supondría cambiar las maneras de trabajo del hormiguero.

Todos los años los saltamontes pedían lo mismo, así que no había tensión para crecer. Esa forma de entender la financiación (exigiendo beneficios rápidos y regulares) pudo ser buena cuando surgió el hormiguero, porque obligó a las hormigas a diseñar unos negocios y operaciones rentables desde el principio, demostrando que la idea de la empresa-hormiguero se basaba en algo que realmente daba valor diferencial a los clientes y que podía realizarse con una estructura de costes sólida.

Cuando el hormiguero encontró su fórmula, y sin presión para crecer, tendía a rechazar otras ideas, como podría ser el de la cosechadora de Flik. Es curioso que a Flik se le constituye en “filial” para que no moleste: se le manda fuera del hormiguero. La innovación, sale o se ahoga. Puede ser una buena lección. Posteriormente Flik recluta para ayudarles a una trouppe circense de insectos que tengo la tentación de asociar a consultores o abogados, pero dejemos ahí esta parte de la historia.

Volvamos a la estrategia de los saltamontes financieros, porque va a cambiar. Lo recogido se pierde por un accidente, y el hormiguero incumple. Los saltamontes se enojan al ver que no está la cosecha. Deciden permitir aplazar el pago de la deuda, pero exigen más: advierten que quieren el doble de grano. Y además no les importa que el hormiguero no quede con los suficientes granos para su propio mantenimiento en invierno: simplemente quieren que se consiga más grano, aunque las operaciones no sean rentables.

Así que ahora tenemos un capital que renuncia a la rentabilidad y los beneficios inmediatos, pero exige crecimiento. Al hormiguero le ocurre ahora como con algunas empresas cotizadas: hay presión para crecer apoyando proyectos convincentes, porque las expectativas se van incorporando al valor de la acción. Si un buen día se llega a constatar que no son realistas, los valores sufren fuertes correcciones o estallan las “burbujas”. Los directivos tienden a retrasar lo más posible ese momento, al igual que la directiva del hormiguero, que acepta el nuevo objetivo, aunque no lo cree posible.

Lo primero que intenta el hormiguero es acelerar las formulas de siempre (trabajar más horas), pero al comprobarse que no es suficiente, empiezan a crearse “globos”. La ilusión con que el hormiguero se aferra a soluciones imaginativas como “crear un pájaro artificial que asuste a los saltamontes” puede ayudarnos a imaginar este proceso, donde empresas o sectores completos ansiosos de multiplicar sus números comienzan a invertir recursos y tiempo en proyectos fantasiosos que con frecuencia tienen un fundamento frágil o un recorrido limitado.

Final feliz (a la fuerza)

Al final, como es una peli para niños, las cosas acaban bien. Pero lo cierto es que si el hormiguero fuera una pyme, y los saltamontes por ejemplo un banco, capital riesgo o algún particular con sus propios intereses, la pyme hubiera quebrado ese invierno o sería propiedad de los inversores por cuatro granos, separando a la reina emprendendora de su proyecto o dejándola sin voz, y quizá vendiendo la empresa o su tecnología a un competidor. Muchos emprendedores pueden contar esta historia.

Claro que a lo mejor la historia acaba bien porque el hormiguero hace sus deberes. El incremento sostenido de los flujos de caja que buscan los analistas no sólo ocurre cuando se consigue vender más gracias a innovaciones. También crecen cuando se reduce la parte que se resta, y eso se logra innovando hacia dentro: en los propios procesos y ahorrando costes. Aumentando la eficiencia también aumenta el valor del accionista.

La película termina con unas bonitas imágenes de activas hormigas cosechando a toda máquina con la cosechadora de Flik, desde luego más cerca de la excelencia operacional que los métodos faraónicos de antaño. Lamentablemente, es muy probable que hubiera que hacer alguna reducción de plantilla: recuerden que las hormiguitas estaban en una isla y no creo que pudieran aumentar indefinidamente su cosecha de grano. Tampoco recuerdo haber visto a la reina del hormiguero al final… ¿Estaría ya al mando algún férreo saltamontes financiero en lugar de una cariñosa hormiguita emprendedora ingeniera de minas?

Blog: Estratega.com


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