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Ecología Digital (y II)

El crecimiento geométrico y exponencial de la información ha originado un conjunto de manifestaciones en el comportamiento del hombre, que abarcan desde la emoción al hastío, de la fascinación ante un amplio océano en el que sumergirse al temor ante la incapacidad para gestionar, procesar y almacenar tanta información. Información no es igual a conocimiento. Conexión permanente no es pertinencia. Avance tecnológico no siempre es progreso y pueden aparecer etapas tanto del trabajo como de la esfera personal en las que tanta información o una tecnologización total, no resulte conveniente.

Uso y abuso de la Red

Ha de ser usted digital, si no, puede convertirse en un infopaleto o no ser muy cool, rezan planes como el Info XXI. La tecnología está de moda. Habrá tecnología hasta en la sopa e incluso el dinero será virtual. No faltan paradojas como la del mito de la oficina sin papel, que se rompe al descubrir que el consumo de papel se ha disparado con las nuevas tecnologías, debido al aumento del número de impresoras impresoras. Otro nuevo frente de la Ecología digital será dotar a los usuarios de una mayor conciencia antes de dar al botón de imprimir.

Pero volvamos a las personas. Parece que el dicho \”nada es malo en su justa medida\” se confirma tanto en la Red como en el Mundo Real. Un reciente estudio confirma que el 16% de la población internatuta española hace un uso abusivo de la Red. Y hace no mucho se ha llegado al 20% de población conectada, o sea que, hagan las cuentas y podrán dibujar con una acertada perspectiva el panorama que viene.

Net Adiction

Las principales consecuencias de esta adicción consisten en que los internautas afectados \”pierden la noción del tiempo cuando están conectados a la Red, no pueden desarrollar una vida normal porque pierden tiempo de trabajo o descuidan sus relaciones familiares\”, según ha explicado uno de los responsables del informe, Manuel de Gracia. Y por si esto fuera poco, un 25% de los navegantes tildados como \”abusivos y compulsivos\” afirma que su vida sin Internet sería \”aburrida, vacía y triste\”. Asimismo un 59% se considera \”incapaz\” de restringir su uso en la red y un 62% confiesa sentirse \”culpable\” por conectarse demasiado tiempo.

Aunque no ha hecho falta mucho tiempo para que otras voces se alcen en contra del estudio. Así, la Asociación de Usuarios de Internet (AUI) ha sacado un manifiesto mostrando su escepticismo sobre el estudio de la adicción a Internet en España. Para ellos es sencillo. Como el tiempo que los españoles pasan conectados a la Red es mucho menor que el que pasan viendo televisión, pues no hay adicción. De haberla, sería mucho mayor la adicción de todo el país a la caja tonta.

Pero claro, todo el razonamiento parece muy básico. Es como si alguien sacara un estudio diciendo que el alcohol es malo porque provoca adicción, y rápidamente el \”club de amigos de la botella\”, salvando las distancias y con todo el respeto, saliera en defensa del alcohol diciendo que cualquier droga provoca mayores adicciones según otros estudios. Concluyendo, no se trata de demonizar a la tecnología que tiene muchas cosas muy positivas, sino de informar con tiempo de la otra cara de las bondades de la misma, que también la tiene. Puede que aún no se hayan podido demostrar los efectos nocivos de la tecnología con casos extremos, pero las primeras alarmas, como la Net Adiction, o adicción a la Red, ya han saltado.

Sin ir más lejos, otro estudio de Gartner revela que el correo electrónico crea adicción. Un 42 % de los trabajadores de Estados Unidos consulta su bandeja de entrada incluso en vacaciones, un 23% los fines de semana; los días laborales, según destaca el estudio, el 53% de los empleados revisa un mínimo de 6 veces cada día su bandeja de entrada, mientras que un 34% está constantemente pendiente de que llegue un nuevo mensaje.

¡Viva yo y mi móvil!

Y no son denuncias aisladas: un artículo de El País Semanal (EPS) del pasado domingo titulado \’Locos por el móvil\’, decía que ya se encuentran entre nosotros los primeros moviladictos. Karelia Vázquez, autora del reportaje, mencionaba acertadamente la diferencia que existía, según Juan Alberto Estallo, psicólogo del Instituto Nacional de Psiquiatría de Urgencias de Barcelona, entre ser un usuario normal y un esclavo de la tecnología. \”Cuando se usa el móvil sin ninguna finalidad clara o se prefiere el móvil a una conversación cara a cara, es que algo no marcha bien\”, asegura Estallo.

Mientras que otros profesionales como Carmen Bejarano del Centro de Psicología Comportamental de Madrid, son mucho más tajantes al afirmar que \”se trata de una adicción con todas las de la ley, que cada vez aparece a edades más tempranas debido al fácil acceso a la tecnología. Se clasificaría como una adicción específicamente psicológica, al igual que la adicción a las compras o a las tragaperras, pues comparte con ellas características comunes como la pérdida de control, síndrome de abstinencia, interferencia en la vida cotidiana y pérdida de interés por otras actividades\”.

Pereza comunicativa

Actividad que curiosamente contrasta con el síndrome de pereza comunicativa descrito por José Antonio Marina. Según el filósofo: \”si se incentiva el uso del ordenador en detrimento de la memoria, ésta se devalúa por lenta, y sin memoria se limita la inteligencia del ser humano: la memoria es como un pulpo. Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro, fue el ejemplo que escogió para ilustrar que un empleo abusivo de las nuevas tecnologías produce pereza comunicativa\”.

Otro buen ejemplo de como los ordenadores a pesar de ser muy útiles, no suplen todas las funciones humanas, sería el caso de Víktor Korchnói, más conocido por \’Víktor El Terrible\’. El antiguo campeón del mundo de ajedrez, antes de la llegada de Karpov y Kasparov, no sabe manejar un ordenador; su entrenamiento consiste en analizar profundamente posiciones críticas muchas horas al día.

Contrariamente a los jóvenes, que basan su entrenamiento en las computadoras, el viejo gladiador ejercita la creatividad cada día, como recomiendan los médicos para prevenir el mal de Alzheimer. Existe el peligro de que las computadoras contribuyan a crear supercerebros a corto plazo, océanos de bits en extensión, pero no en profundidad.

Esclavitud ante el ratón

¿Enganchado al PC, al móvil, a los videojuegos o a cualquier otro artefacto similar? ¡Pues ojo! Un estudio de la Universidad de Guadalajara de México incide en que el uso excesivo de la informática puede tener efectos negativos para la salud. Dicho informe concluye que el uso excesivo de computadoras puede producir individualismo, aislamiento, tensión ocular, alteración nerviosa y obesidad en las personas.

Así, Gutiérrez Rodríguez, jefe del Departamento de Clínicas de Salud Mental del CUCS, dijo que \”además de alteraciones nerviosas, las personas desarrollan tecnofilia, es decir, dependencia de las computadoras. Asimismo, argumentó que el solo uso de los equipos de cómputo no garantiza una mayor eficiencia y calidad de las funciones que se realizan de manera cotidiana.

En repetidas ocasiones se ha denunciado a través de diversos estudios que los niños usan las consolas de juegos para paliar la soledad. Un reciente estudio de la Unión Europea llamado Los niños y los cambios en su entorno mediático, explicaba como \”los niños nunca eligen estar solos y jugar con la videoconsola si tienen ocasión de divertirse con otros chavales\”.

El desencanto del teletrabajo

Del mismo modo, otro estudio del Boston College hablaba de como trabajar desde casa mediante un ordenador, a pesar de prometer muchos beneficios, supone muchos inconvenientes y perjuicios para los tele-trabajadores, cambiando la euforia que había supuesto el atractivo inicial. La decepción de los trabajadores ante el teletrabajo (sin hablar del sector Internet, donde la ciberdecepción hace estragos, eso sí, entre los que quedan) ha motivado una disminución del empleo a distancia en un 83%, según un informe de Career Engine, sitio dedicado a la búsqueda de empleo.

Según informaba el diario USA Today, tan sólo un 46% de los entrevistados estaba satisfecho con esta modalidad de trabajo, y sólo un 24% de los tele-empleados sienten que este modo de ejercer su profesión les proporciona un buen equilibrio entre vida personal y trabajo. Pero mientras que el propio mercado decide si el teletrabajo será una opción a tener en cuenta o no, algunos expertos intentan analizar el calado real de un mercado tan nuevo.

Infoxicación

En este punto es donde toman contacto entre la psicología, la sociología, la medicina y otras disciplinas con la Sociedad de la Información, para investigar los efectos y desviaciones que sobre el hombre y la sociedad moderna produce el proceso de suministro de información, así como las formas y los niveles adecuados de su entrega, consumo, asimilación y uso, incluyendo aquí los soportes físicos por los que la información llega o se maneja.

Infoxicación, termino acuñado por Alfons Cornella, describe el estado del hombre moderno ante esta sobrecarga intelectual, \”Intoxicación intelectual
producida por un exceso de información\”. Y tras definir el concepto, Cornella señala que ya existe una enfermedad provocada por la infoxicación que puede hacer colapsar a la sociedad, como es el Information Fatigue Syndrome (IFS) o síndrome de fatiga por información. Menos mal que desde su revista Infonomía ofrece pistas sobre cómo sobrevivir a la infoxicación.

David Shenk, autor del libro Data Smog: Surviving the Information Glut, recomienda también una serie de antídotos contra la infoxicación que van desde apagar el televisor, dejar el beeper, los sms y el celular, hasta aprender a usar filtros para el correo electrónico. Además de resistirse a la influencia de la publicidad, sugiere hacer ayunos de información o data-siestas lejos del PC. Aunque parezcan pueriles, esas recomendaciones quizá puedan acortar la ansiedad que nos rodea.

Cibercondría y otras epidemias

Según un informe de la BBC de Londres, los pacientes utilizan cada vez más Internet para obtener información sobre las enfermedades que los aquejan. Eso hace que los consultorios de los hospitales cada día se vean más desbordados por montañas de papeles con información bajada de Internet que los pacientes llevan consigo cuando acuden al médico, lo que ha dado lugar al nacimiento de la con Cibercondría: \”situación en la que las personas toman ellas mismas nota de sus síntomas y realizan un auto-diagnóstico\”. El Doctor Trefor Roscoe, médico clínico y experto en computación de Sheffield, afirma que actualmente sus colegas se ven inundados por pacientes bajo este síndrome.

También se puede hablar de los efectos nocivos de las ondas electromagnéticas al observar el llamado estrés biológico crónico, basado en los problemas fisiológicos y neurofisiológicos derivados de la exposición diaria y prolongada a campos electromagnéticos, de baja y muy baja frecuencia, es decir, los que producen las pantallas de vídeo (televisores, videojuegos, pantallas de PC) y los teléfonos celulares.

Estas son algunas de las incipientes patologías de la SI, por no mencionar la excesiva seriedad con que los europeos y estadounidenses se toman los juegos, que ya se ha cobrado su primera víctima. También se relacionan con la tecnología y los teléfonos móviles los nocivos efectos que han provocado la fiebre del Coltán y a veces se llega a afirmaciones tan curiosas como que los móviles son malos hasta para los pájaros.

Aunque tampoco hay que dramatizar, pues si no a este paso, la tecnología va a tener la culpa de todos los desajustes planetarios. A partir de la ecología digital se trata de crear una conciencia cívica, un sentido común digital o sensibilidad tecnológica, que proteja tanto el entorno medioambiental como a los usuarios de las diversas agresiones producidas por el uso excesivo o inadecuado de las máquinas. Para empezar, normas de netiqueta.

Ecología digital

La ecología como ciencia se ocupa del estudio de las relaciones entre los organismos y de éstos con su medio. La relación entre los organismos que pueblan una región es tan estrecha que cualquier alteración en una especie o en el medio afecta de una forma u otra a toda la comunidad a la que pertenece.

En un sistema ecológico principalmente influyen dos grupos de factores fundamentales: abióticos – de naturaleza físico-química- y bióticos, o derivados de la presencia de otros organismos. Pero un tercer grupo de factores de capital importancia para el sistema son los de índole informacional, que se refieren a las alteraciones producidas en los individuos por el constante intercambio de información que se da entre los seres vivos y entre éstos con el medio.

La evolución de la vida y, en especial, de la humanidad, corre en paralelo al desarrollo de la capacidad para captar, procesar y utilizar la información que organiza el comportamiento de los organismos vivos. Y tanto es así que en la sociedad moderna, resulta imposible vivir al margen de la información.

Sin embargo, si bien resulta imprescindible disponer de esa información, no es menos importante conocer los efectos negativos que genera el suministro y uso inadecuado de la información en sentido amplio. Por este motivo, parece deseable iniciar una labor de concienciación sobre aquellos individuos que ostentan la responsabilidad de dichos procesos en la Sociedad de la Información.

Mejor crear el futuro…

Cada día surgen nuevos informes, por ejemplo, que advierten del peligro de uso de los teléfonos móviles. ¿Qué hace falta para prevenir o recomendar un uso racional de la tecnología? ¿qué empiece a morir gente como en las antiguas epidemias o que rebosen los psiquiátricos de \’enfermos de tecnología\’? Es mucho más sencillo. Desde las pautas de una nueva ecología digital, sería deseable que, desde pequeños, los niños aprendan a hacer un buen uso de la tecnología con la que a buen seguro convivirán y cada vez más, eso es todo. Si no, habrán de desenvolverse en un entorno repleto de basura electrónica sin control.

Menos mal que no todo parece estar perdido. Campañas de reciclaje de móviles empiezan a sonar por ahí, a fin de paliar el número de residuos que los mismos generan: algo es algo. Asimismo, una encuesta realizada por Accenture demostraba que se puede ser feliz sin Internet móvil por increíble que parezca: ¡menos mal!. Y si hasta el párroco de Santa María de Roses o el arzobispado de Santiago piden a los feligreses que apaguen sus teléfonos, pues \”para hablar con Dios no hace falta móvil\”, es que aún hay salida.

Bromas aparte, es mucho más importante hallar nuevas fórmulas que propicien una correspondencia entre la oferta y demanda de información, que poner al planeta entero a comunicar todo con todo, todos con todos, a través de todo y en todo momento. Mejor el logro de una armonía a la hora de administrar o digerir información; mejor una concienciación planetaria de que cada gesto digital tiene huellas, coste y consecuencias. Coincidiendo con Eduardo Galeano, \”mejor crear el futuro que padecerlo\”.

Y para terminar, tal y como decía el académico Antonio Muñoz Molina en un artículo titulado \’No saber nada\’, \”…el deseo de saber y el de no saber, siempre han sido dos de las grandes pasiones de la vida, por eso, el empeño del conocimiento puede a veces no ser tan agotador como el de la obstinación por la ignorancia. Así, hay quién vive empujado por la codicia de saber más, y también hay quien desde una edad muy temprana, decide que cuanto más se sabe, más se sufre, y constata que el desconocimiento es un requisito de la felicidad…\” Decidan ustedes.


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