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¿Economía del Conocimiento o simplemente Economía?

La adopción de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos de la vida está provocando que aparezcan nuevas dimensiones de conceptos tan generales como son “sociedad” y “economía”. Así, ya estamos acostumbrados a que a estas palabras se les añadan conceptos tales como “de la información”, “de la innovación”, “del conocimiento” o “digital”. Pero, mientras esto sucede en los países desarrollados, ¿de qué deben o pueden hablar países que aún tienen que combatir problemas más apremiantes que la adopción de las nuevas tecnologías? ¿De Economía del Conocimiento o simplemente de Economía?

En el caso de los países iberoamericanos, el desarrollo de la mayoría de ellos depende de lograr superar lo que la CEPAL (Comisión Económica Para América Latina y Caribe) ha denominado “el triángulo latinoamericano: pobreza, desigualdad y ausencia de democracia”. A estos problemas se añade, por si fuera poco, la inadecuación a la nueva realidad definida por el acceso y uso de las nuevas tecnologías. Pero, ¿qué debe ser antes? ¿Mejorar la estructura socioeconómica y política de estos países, o promover el avance de la Sociedad de la Información para que sirva de palanca al desarrollo humano de estos países? En nuestra opinión son conceptos que deberían ser copulativos, nunca disyuntivos.

En este sentido, el concepto de “brecha digital” adquiere diversas dimensiones: socioeconómica, cultural, educativa y tecnológica. Diversos informes confirman que un aumento del PIB, una distribución más equitativa entre los diferentes grupos económicos y sociales, la dotación de infraestructuras de telecomunicaciones, el nivel de educación de la población y el coste de acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación, TIC, son factores relevantes que inciden directamente sobre la brecha digital. El uso de las nuevas tecnologías influye en la productividad y competitividad del país, de modo que para estos países constituyen una baza importante para su progreso. De este modo, el desarrollo humano y el avance de la SI son elementos que se interrelacionan.

Las desigualdades entre los distintos países que conforman Iberoamérica son evidentes. A los desequilibrios existentes se suman los provocados por una adopción no equitativa de las nuevas tecnologías por parte de la población. La posición de liderazgo de Chile en los principales indicadores de la SI, su estabilidad política y económica, así como las buenas condiciones de vida, colocan a este país en una situación de ventaja con respecto al resto. Sin embargo, según el monográfico que publicará próximamente la Fundación France Telecom España sobre el desarrollo de la SI en Iberoamérica, Chile es la excepción en la zona. Se encuentran casos como el de Argentina, cuyo alto grado de “desarrollo humano” no se corresponde con el grado de avance de la SI, o el caso opuesto, representado por Brasil, país con enormes desequilibrios socioeconómicos, pero en el que el sector TIC está adquiriendo un protagonismo notable.

Entre Argentina y Brasil se encuentra un amplio abanico de situaciones que determinan diferentes estrategias de actuación para conseguir su convergencia digital con los países más desarrollados. A pesar de estas disparidades, todos tienen algo en común: el importante papel que desempeñan los gobiernos en este proceso de convergencia. De este modo, acortar distancias no sólo depende de la situación de partida de cada país, sino también del nivel de compromiso y liderazgo político.

Desde el Plan de Acción elaborado tras la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, celebrada en Túnez en noviembre de 2005, se alienta a todos los gobiernos a conceder a las TIC el impulso que su importancia requiere en sus políticas de desarrollo. En este marco de actuación, erradicar la brecha digital, se ha convertido en un objetivo de protagonismo estratégico notable. La adopción de las nuevas tecnologías ha definido una nueva realidad a la que deben adaptarse todos los países, ricos y pobres, desarrollados o en vías de desarrollo. La diferencia se encuentra en que unos deben hacer un mayor esfuerzo que otros.


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