BAQUIA

EEUU quiere reciclar toda la e-basura

La rápida evolución del software obliga a ir adaptando frecuentemente los equipos informáticos para que sean capaces de ejecutar las nuevas aplicaciones. La esperanza media de vida de una computadora no pasa de tres años, lo que genera una enorme cantidad de desperdicio de materiales en muchos casos dañinos para el medio ambiente y la salud.

Los monitores y CPUs se desechan, pero, ¿dónde terminan todos los desperdicios? Recientemente varios países y empresas privadas han desarrollado programas de reciclaje de equipos informáticos, puesto que muchos de sus componentes se les pueden dar nuevos usos. Bajo la nueva iniciativa propuesta por la Environmental Protection Agency (EPA), muy pocas de las ‘reliquias’ serán desechadas (y enterradas). Los consumidores y empresas estadounidenses relegarán unos 250 millones de computadoras en los próximos cinco años, según la EPA.

El tubo de rayos catódicos de un monitor contiene unos 3,5 kilos de plomo, que se usa para evitar que los rayos X de la pantalla perjudiquen al usuario. El plomo se le atribuye efectos perjudiciales para la salud, física y mental, especialmente entre los niños. La EPA hará pública una propuesta para cambiar la calificación de los tubos de rayos catódicos, así como de los cristales de los monitores de ordenadores y televisores, de desperdicio a material reutilizable. Sus nuevas definiciones van encaminadas a fomentar el reciclaje en las compañías que recuperan materiales industriales o en los vendedores de hardware, que a menudo se quedan con el ordenador viejo de los compradores de nuevos equipos.

En febrero, dos grupos dedicados a la protección del medio ambiente publicaron un informe que estimaba que los 500 millones de computadoras actualmente en uso contienen 716 millones de Kg de plomo y 286.700 kg de mercurio (relacionado con enfermedades neurológicas y defectos congénitos). Alrededor del 70% de los metales pesados que se pueden encontrar en los vertederos de EEUU provienen de la llamada ‘e-basura’, como circuitos electrónicos, cables y cubiertas de acero, según Basel Action Network y Silicon Valley Toxics Coalition.


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