BAQUIA

El CD frente al CD-R: ¿Libre flotación o proteccionismo?

¿Liberalismo o proteccionismo? ¿Podemos comparar los CD’s con las monedas débiles? Ya vimos lo que le ocurrió al peso por hacer caso al FMI y mantener su paridad frente al dólar. En todo caso, una discusión financiera siempre se mueve en términos capitalistas, y no siempre con lógica. ¿Por qué el FMI quiso durante diez años que Argentina no sometiera su moneda al liberalismo de nuevo cuño y la protegiera? Brasil optó por pasar de las recomendaciones del Fondo Monetario y aplicó medidas ultraliberales que la sacaron de la crisis. ¿Curioso, no?

Esto viene a cuenta de mi anterior artículo, Quien a Cd mata a mantazos muere, en el cual defendía que mientras no se sustrajera a la industria musical del mercado neoliberal y se la protegiera, la crisis se agudizaría cada vez más, hasta el fin de la industria como tal. En un tono irónico, pero en absoluto banal, defendía, y defiendo, que la piratería de los top manta no es más que un síntoma del mercado neoliberal y la hiperinflación del producto musical, sometido a una libre flotación (sin proteccionismo alguno) frente al CD-R.

Un hecho que hace reflexionar sobre las contradicciones del sistema son los recientes datos ofrecidos, con toda fiabilidad, por la SGAE. La Sociedad General de Autores y Editores publica un estudio, a través de la Fundación Autor, en el que se pone de manifiesto el crecimiento exponencial de la compra de compactos grabables CD-R (de 17 millones a 67 en dos años), así como su uso mayoritario (77% de los casos) para copiar música. También revela una seria caída de la cinta de casete virgen. En ningún momento se menciona la piratería, que se supone entra dentro de las estadísticas citadas.

Justa reclamación; triste unión

La SGAE reclama el mismo trato que tiene ahora respecto a las cintas de casete vírgenes (un canon de 30 pesetas por hora de grabación), con respecto a los CD-R. Un impuesto al que los fabricantes de CD’s se resisten. Pienso que la razón, en función de los datos, obra en favor de la SGAE. Si los CD-R se usan mayoritariamente para copiar archivos fonográficos, justo es que, al no ser legal la persecución de esta práctica, si al menos se respete el derecho del autor a cobrar un mínimo por la escucha de su obra.

Lo interesante de esta terrible guerra entre derecho y tecnología, es que la SGAE parece dar por perdida la partida ante la piratería. Un factor-síntoma que se ha mostrado totalmente incontrolable policialmente hasta la fecha y que prolifera con éxito en nuestras calles. Es más, la SGAE da por perdida la guerra contra el control de la tecnología de reproducción fonográfica y se ciñe a exigir un canon de beneficencia justo, justísimo, pero insuficiente para frenar la crisis vigente. Además deja colgado al resto del sector. Dice: \”yo a lo mío, que es cobrar derechos, y que cada palo aguante su vela\”. La SGAE está en su derecho, faltaría más. Pero desalienta comprobar que seguimos todos separados, recelando unos de otros. Y mientras, si no son los top manta, son las copiadores caseras. Y si no, Internet.

El caso es que cada vez se vende menos música. Y donde debería haber unidad, hay un sálvese quien pueda. ¿Por culpa de la SGAE? No tengo elementos para decirlo y tampoco creo que sea así. Los autores hacen bien yendo a lo suyo ante el caos y desentendimiento atávico que ha reinado entre los diferentes estamentos de la industria. Si no se han entendido antes, en tiempos de bonanza, ¿cómo lo van a hacer ahora?

Libre flotación e hiperinflación

Mientras la SGAE aboga por un proteccionismo respecto al autor, las discográficas no se pronuncian, o no son capaces de organizarse para defender su producto de manera efectiva. Ni a sus artistas. El disco permanece en libre flotación frente al CD-R, y eso provoca una hiperinflación del producto en el punto de venta final. \”Con el problema de las grabadoras el esfuerzo publicitario para mantener las ventas sale el doble de caro\”. La frase es de un ejecutivo de la primera discográfica española, Universal. ¿Qué quiere decir? Pues que si antes invirtiendo el 25% del valor del disco en publicidad y marketing te bastaba para vender un millón de copias de, por ejemplo, el reverendo Manson, ahora inviertes ese mismo 25% y sólo vendes 200.000 copias. Conclusión, que las estrellas salen demasiado caras.

Claro, porque cuanta más publicidad, más pirateo y copia casera. O sea que el producto no puede reducir sus costes. Ya bastante tiene con llegar al mercado. Pero, como un pez que se muerde la cola, esos mismos costes que se graban en el precio final, le restan competitividad frente al CD-R. Tan barato él. Aunque la SGAE le cargue un euro por hora de grabación. Es un sistema que resulta realmente perverso este de la libre flotación. Ya le ha costado la cabeza a Mariah Carey, Beck, Alanis Morrisete y otros astros.

Dos modelos a estudio

Muy acertadamente se me contestó al artículo Quien a Cd mata a mantazos muere, desde puntos de vista neoliberales, que ni era acertado el proteccionismo estatal a la música, ni era moral ni legalmente defendible el negocio de la piratería. Veo lógico que un neoliberal defienda la no ingerencia del estado en asuntos económicos, ni siquiera de índole cultural. Puedo entender que sea un legalista, defensor de los legítimos derechos de los autores y las casas discográficas. Yo también lo soy. Pero quisiera señalar que quien defiende estos postulados a la vez incurre en una pequeña, y muy humana, incongruencia de su propia filosofía. Porque la persecución desde un marco legal de la piratería es una forma de proteccionismo. Me alegro que hasta los neoliberales sean algo proteccionistas.

Pero lo mejor es ponernos en las dos situaciones: por un lado la libre flotación y por otro el proteccionismo.

Con la libre flotación, ya hemos visto que la industria está inmersa en una crisis sin precedentes desde la aparición del compacto. Un neoliberal ortodoxo diría que una industria que no puede subsistir por si misma, debe desaparecer. De acuerdo. Incluso pongamos en duda que la industria desaparezca; supongamos que supera la crisis. Ya sabemos que las crisis son positivas porque depuran y refuerzan las empresas que sobreviven. Y más en empresas de ocio, sometidas al efecto acordeón. Este fenómeno determina que las industrias que no fabrican artículos de primera necesidad, dependen no solo de sí mismas si no de la psicología de consumo de las masas, y por lo tanto están sujetas a modas o el poder crematístico del comprador.

Así, la industria del disco ha pasado por diferentes periodos de contracción y expansión a lo largo de su historia. En ese caso, las empresas más fuertes en ingenio y adaptación a los nuevos tiempos, podrían sobrevivir a la crisis inventando nuevos formatos o reduciendo costes de manera imaginativa. El caso es que relanzarían sus ventas renovando el mercado. Este es el caso óptimo de la libre flotación.

Clientelismo y tercermundización

El caso más negativo del proteccionismo es que, con leyes y subvenciones para nuestra música, acabásemos creando un mercado pobre, pacato, clientelista y autocensurado por su dependencia oficial. Un mercado que sin duda acabaría ahogando nuestra cultura musical porque a algún funcionario le molestara tal o cual opinión de un artista. Con amenazarle con negarle una subvención, se le callaría. Un ejemplo triste de esta situación es lo que ha ocurrido en los últimos quince años con el rock catalán.

Pero pongámonos en los casos contrarios. Es decir, que la crisis generada de la libre flotación del disco acaba mellando tan seriamente a la industria que ésta se convierte en un negocio raquítico y local, dedicado exclusivamente a la producción discos de artistas masivos a precios prohibitivos como forma de compensación de la copia en CD-R. Tal vez llegaríamos a una situación donde unos cuantos espabilados comprarían a precio de oro el disco oficial, el máster, y luego se dedicarían a producir, a precio asequible, copias para el resto de la población. Sólo así se podrían compensar los astronómicos precios de un CD legal; carísimo éste por la precariedad del mercado. Ahora sí convertido en un producto de lujo. Esta situación de tercermundización del mercado ya se ha producido en Rusia, \”donde la mayoría de la población prefiere el trueque al uso oficial del rublo\” (Mark Weisbrot; El espejismo del progreso), o en África. En el continente vecino, las ventas de cintas vírgenes de casete se mantienen altas, puesto que es el único método asequible de reproducción y copia de la música que llega a su mercado a unos precios prohibitivos para la mayoría de la población.

El ejemplo francés

Por último, en el caso más favorable del proteccionismo -que incluiría tanto los cánones a los fabricantes de CD-R como la persecución legal de la piratería lucrativa, así como muchas otras normas, cuotas y apoyos-, tenemos el ejemplo de Francia con el cine. Donde no sólo no se ha producido una situación clientelar y censora respecto a obras y autores, sino que se les ha situado en cotas de popularidad, exportabilidad y productividad desconocidas hasta entonces. Nadie niega hoy en Europa que los franceses hacen comparativamente el mejor cine y encima lo venden bien. Además, desde autores tan polémicos como Tavernier a otros tan mainstream como Francis Wever, gozan de los mismos derechos y libertad de creación. Es así, gracias a la ley francesa, como una industria que estaba en crisis se ha convertido en un ejemplo de autenticidad, identidad, libertad y riqueza.

Cualquiera de los cuatro casos citados podría darse. Yo, personalmente, creo que el caso francés es el que el sentido común nos obliga a seguir.



Jordi Sabaté ha sido periodista musical de radio. ya.com desde sus inicios en 1999 hasta noviembre de 2001


Compartir en :


Noticias relacionadas

Recomendamos




Comentarios