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El correo electrónico, lejos del beso

Hoy en día es un hecho que los humanos, por lo menos los que disponen de teléfono móvil y acceso a Internet, se comunican como locos por correo electrónico y mensajes de SMS. Sin embargo, como demuestra un estudio de la universidad de Temple, estos medios todavía están lejos de sustituir a la comunicación verbal y visual entre dos personas. Algo que no suena descabellado, pero que conviene recordar a aquéllos cuya cara comienza a tomar la forma de un teléfono móvil o que mandan correos electrónicos monosilábicos al compañero de la mesa de al lado.

Y es que a los humanos, como señala Ned Kock, director del departamento que ha confeccionado el estudio, nos ha llevado miles de años desarrollar sociedades organizadas estructuradas en torno a la comunicación cara a cara. Ni siquiera la telefonía, que permite adivinar estados de ánimo a través de la entonación, consigue acercarse al calor de la presencia física.

El estudio se realizó sobre 10 grupos de personas que debían intentar mejorar los procesos de negocio de una compañía. En unos casos, la comunicación entre los miembros del grupo se realizaba por correo electrónico; en los otros, las participantes interactuaban como lo habían hecho durante casi toda su vida. La conclusión es que el esfuerzo cognitivo necesario para transmitir una idea por correo electrónico es diez veces superior –toma diez veces más tiempo– al realizado cuando existe presencia física. Algo que nadie discute pero, ¿qué pasa cuando los compenentes de ese grupo están en países distintos?

Sin embargo, el informe también apunta conclusiones curiosas. A pesar del esfuerzo suplementario, el correo electrónico fue alabado por casi todos. No sólo permite contestar cuando a uno le dé la gana, sino que también permite estructurar las contribuciones individuales de forma más precisa. Es decir, que el correo electrónico, sin llegar a ser sustitutivo de la presencia humana, sí ayuda a mejorar la calidad de vida de todo el mundo, especialmente cuando esa presencia no es posible, algo frecuente en una \”aldea global\”. Lo que no quita para que las empresas deban investigar su aplicación a actividades importantes, como puede serlo el servicio al cliente, porque una cosa, todavía, no es la otra.

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