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El delicado equilibrio entre el porno online y la familia

En el negocio de la pornografía en Internet, más o menos todo el mundo ha oído hablar de Steve Lightspeed. Este hombre controla una red de más de treinta sitios para adultos (y subiendo). Pero pocos en esta industria saben demasiado acerca de Steve Jones, que así se llama realmente, un hombre de 39 años, casado y padre de dos hijos que se esconde tras el mencionado seudónimo.

Fuera del sector, el señor Jones y su esposa –que lleva los libros de contabilidad de la empresa- tienen un perfil bajo. Lo hacen para proteger a sus hijos y librarse de cualquier crítica que les pudiera caer.

Y es que hablamos de un tema aún relativamente reciente: pocos estadounidenses se interesaron por el porno online hasta finales de los años 90, cuando el número de sitios de este tipo vivió un verdadero boom.

Dice Jones que él no se avergüenza de su vocación. “El problema es la percepción pública”, explica. “Hay demasiadas ideas falsas sobre lo que hacemos. Piensan que estamos implicados totalmente en negocios sucios, y no es así”.

Su empresa, Lightspeed Media Corp., ha tenido un gran crecimiento (ahora cuenta con quince empleados) y se mueve ya en nuevos mercados, como el de la venta de DVD. El año pasado, la firma facturó aproximadamente 5 millones de dólares, con unos beneficios de un millón de dólares.

Los esfuerzos de Jones por parecer legal se ven seriamente erosionados por el tipo de porno que ofrece. Se trata de fotos y vídeos de modelos jóvenes y, aunque las advertencias del tipo Mayores de 18 años han sido una constante en sus políticas de marketing, las suspicacias de muchos ante la juventud de muchas de las chicas no decrecen. Los usuarios pagan entre 30 y 40 dólares al mes, según la cantidad de sitios a la que quieran tener acceso.

Hacia fines de la década de los 90, el personaje era un ávido consumidor de porno online. Por entonces puso un anuncio destinado a modelos aficionadas en un periódico semanal alternativo de Seattle (EEUU).

Logró hacerse con los servicios de tres chicas y empezó a fotografiarlas desnudas en las afueras de la ciudad. “Realmente no sabía muy bien lo que estaba haciendo”, declara. “Nuestro objetivo era ganar algo de dinero suplementario para pagar el colegio de nuestros hijos”.

Lo cierto es que tuvo suerte, porque llegó rápidamente a la cima en una industria donde esto no pasa a menudo. Además, su personalidad es tan contagiosa que ya es emulada por los gestores de sitios porno rivales. Jones rehúsa revelar detalles sobre su sueldo, pero asegura que no conduce un coche de cien mil dólares y que no tiene yate, sino simplemente una casa agradable y un trabajo que le gusta.

Viaja constantemente para promover su negocio durante los siete días de la semana (a menudo trabaja doce horas diarias), tratando de establecer las líneas maestras de su marketing y de las relaciones con socios de negocios y modelos. Él aún retrata a algunas mujeres, aunque la mayor parte del trabajo la realizan tres fotógrafos.

Afirma que a él y a su esposa les gusta que sus amigos sean del sector, más que nada para ahorrarse el engorro de explicar a qué se dedican. Las relaciones con la familia también pueden ser difíciles: la madre de Jones trabaja para Lightspeed, pero algunos parientes desconocen este punto y, si se enteraran, lo desaprobarían.

Sin embargo, la principal preocupación de nuestro hombre es proteger a sus hijos. Lógicamente ha instalado software bloqueador de contenidos ilícitos en los ordenadores de los niños, porque trabajar en ese sector le ha hecho más sensible a la cuestión.

Cuando los chicos lleguen a una edad más adulta, afirma que sus padres les explicarán lo que hacen. “No me importaría que mis niños se implicaran en este negocio… Entre bastidores”, concluye.


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