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El e-mail nos chupa la sangre

No pocos empleados y ejecutivos están sometidos a tal avalancha diaria de correos electrónicos (necesita registro) que prácticamente se ven obligados a realizar horas extra para atenderlos y, si las fuerzas todavía acompañan, llevar a cabo el resto de tareas cotidianas.

Que el uso laboral del e-mail ya no admite marcha atrás lo prueba el hecho de que, si en 2000 circulaban un total de 5.100 millones de mensajes diarios, ahora la cifra es de 135.600 millones, según Radicati Group.

El tema ha llegado a tal extremo que ya hay especialistas que advierten a quienes quieran prestarles oídos de la necesidad de utilizar esta herramienta de un modo racional, so pena de arruinar sus vidas (por lo menos las profesionales).

Pese a ser un instrumento de trabajo rápido, eficiente y casi imprescindible ya, también ha generado fuertes corrientes de tensiones, desde el pánico que sobreviene después de enviar un mensaje comprometido a la persona equivocada hasta la inquietud que se siente cuando un correo se dirige a remitentes desconocidos.

En los casos de dependencia -aunque sea obligada- más extremos, incluso las vacaciones se convierten en una fijación por tener siempre a mano el PC portátil, cibercafés, etc, con el objetivo de dar rienda suelta a la escritura electrónica. Por no hablar del spam, que acentúa aún más el problema dada su capacidad, todavía casi intacta, de ir un paso por delante de los sistemas de filtrado más agresivos.

Julie Morgenstern, autora del libro Nunca consulte el e-mail por la mañana, desentraña las claves psicológicas que comporta su uso. \”Todos somos en mayor o menor medida adictos al correo electrónico\”, explica. \”Creemos que si no lo miramos con regularidad, fallamos en algo decisivo; si un mensaje no se contesta enseguida parecemos incompetentes y empezamos a temer las reacciones de nuestros clientes y jefes. Esto es agotador\”.

Un estudio de America Online y Opinion Research Corporation ilustra todo este panorama con números concluyentes: el 41% de los encuestados dijo que consulta su e-mail por la mañana antes de ir a trabajar; más del 25% nunca ha pasado más que unos pocos días sin comprobarlo, y un 60% lo mira hasta en vacaciones. También hay un 4% que lo ve… en el cuarto de baño.


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