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El Gran Hermano te vigila

Hace algún tiempo que Pedro ha dejado la oficina. Como quiera que tiene que trabajar en una oferta para el día siguiente, en el coche lleva consigo el portátil con el que ha estado trabajando su parte de la oferta. El resto lo tiene Juana, que ha prometido tenerlo listo esa noche y dejárselo en la parte privativa de la Intranet para que Pedro pueda acceder desde su casa.

Tanto Pedro como Juana tienen una pequeña conexión Wi-Fi en su casa, lo mismo que en la oficina. Desgraciadamente, en ambos casos, la conexión no está configurada de forma automática y ambos tienen que llevar a cabo un cambio de configuración antes de poder conectarse, vía Internet, a la Intranet corporativa.

Es un mundo complejo. No todo el mundo se siente a gusto con estos inconvenientes, y la tecnología debería ser capaz de mejorar pronto las cosas. En un reciente artículo de la revista The Economist se habla de los nuevos sistemas informáticos sensoriales. Provistos de sensores especiales, este tipo de equipos reconocen dónde nos encontramos y, con el tiempo, llegarán a aprender qué necesitamos. En el caso descrito arriba, los portátiles de Pedro y Juana detectarán que están en casa, que tienen acceso a una conexión Wi-Fi diferente a la que tenían en la oficina y se reconfigurarán de forma automática.

En una casa del futuro inmediato, con televisores planos en las paredes de cada habitación, el usuario se desplazará, de espacio en espacio, sin perder su programa favorito que le seguirá a donde quiera que vaya en la casa. El concepto de sensores que conocen donde estamos, en cada momento del día y de la noche, y accionan los electrodomésticos y equipos de nuestro entorno según nuestras necesidades, puede parecer ciencia ficción, pero está ya (aunque todavía sea a nivel de laboratorio) funcionando.

En los últimos tiempos se ha acelerado el número de personas mayores que, viviendo solas, mueren sin que nadie lo sepa. Pocas personas quieren vivir con una cámara vigilando lo que hacen, pero sensores que perciban si estamos vivos, no deberían ser demasiado difíciles de vender a los familiares de estas personas solitarias. Luego, un sistema central de vigilancia podría alertar a la policía y a otros cuerpos de ayuda sobre un probable percance en cualquier momento.

Todo esto genera también una serie de preguntas sobre la privacidad y la forma de no comprometer nuestra individualidad y libertad de movimientos, pero todo lo que es posible termina siendo utilizado y deberíamos ya, como se menciona en el artículo, ir hablando de ello.


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