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El largo y tortuoso camino de Tux

Después de 10 años de continua gestación, todavía no se puede decir que Linux haya alcanzado la plena madurez. Pero desde que en 1991 Linus Torvalds iniciase un mundo alternativo a Windows, el sistema operativo del pingüino no ha parado de crecer, aglutinando a su alrededor a una gran comunidad de entusiastas y revolucionando de paso el panorama empresarial.

Así, desde el germen de aquella ristra de código, Linux pasó de bicho raro a afición de buen número de techies, de programa marginal a alma de los servidores, de ideal libertario a modelo de negocio de atrevidas startups… Pero el sistema operativo open source tuvo la buena y mala suerte de nacer y crecer con Internet. Gracias a la Red, se hizo realidad el trabajo en equipo sobre el mismo proyecto; por culpa de ésta y del disparatado sueño de una horda de puntocom, Linux y sus baluartes empresariales cabalgaron un efímero periodo sobre las nubes, que no sostuvieron sus hiperinfladas expectativas. El sueño de Wall Street produce monstruos.

10 años después Linux es una fenomenal realidad y un montón de promesas. Coincidiendo con el cumpleaños del pingüino y la LinuxWorld Conference and Expo, el sistema operativo de Torvalds ha recibido un repaso exhaustivo por parte de los medios, que coinciden en que Linux es ya una alternativa a Microsoft pero no ha terminado de andar todo el camino. Ahí siguen los gigantes, capitaneados por IBM, renovando su confianza y sus billetes en la capacidad de sus servidores (Hewlett Packard también ha anunciado el lanzamiento de su propia versión segura de Linux); y ahí están los datos sobre el reparto del mercado de servidores, donde Linux agranda su trozo de tarta cada día, y donde los Apache son los reyes de Internet.

También siguen los problemas que impiden su asentamiento definitivo. El open source todavía no acaba de acomodarse a la mentalidad de muchas compañías —entre otras cosas, como apunta el CEO de Compaq, por el gran número de empresas e individuos detrás de Linux—, las empresas linuxeras sufren como quien más los efectos de la crisis del mercado y su gran asignatura pendiente, llegar al escritorio de los usuarios \’comunes\’, todavía no la ha aprobado.

\”Sólo un hobby, no será grande ni profesional\”

El 28 de diciembre de 1969 nacía en Finlandia Linus Eric Torvalds, y 22 años después, el 25 de agosto de 1991, hizo público a través de un servidor FTP de la universidad su trabajo sobre el desarrollo de un kernel basado en el sistema operativo UNIX para computadoras con procesadores 386 de Intel.

Pronto se unió al proyecto GNU (GNU is Not Unix) de la Free Software Foundation y adoptó la licencia GPL, que puso Linux en manos de numerosos programadores que le hicieron crecer hasta llegar a convertirse en el corazón de los sistemas operativos open source. El reto era conseguir la herramienta que hiciese funcionar una computadora y sobre la que su dueño pudiese tener un control total.

Desde 1996 Linus combina su empleo en Transmeta con el desarrollo de nuevas versiones de su kernel (este año ha llegado la versión 2.4 de Linux).

Linux contra a Microsoft…

Pasada la fase de desprecio de ese sistema operativo diseñado por cuatro locos, Microsoft se pertrechó para la batalla y trató de socavar los cimientos del open source, que no sólo aumentaba cada día su popularidad, sino que creaba programas con una solidez que para sí quisieran los de Redmond.

Ahora, cuando ya no puede negar que tiene un enemigo de su talla, lanza guiños al open source y reinvierte el tiempo y dinero empleado en atacarle en aprender y beneficiarse de su éxito, hasta el punto de que ha decidido revisar su línea de productos para servidores por culpa del pingüino, y reconoce que necesita una mejor interacción con los programadores que utilizan software de Microsoft. \”Cualquier competencia en tecnología es buena para la industria; nos obliga a evaluar nuestras propias ofertas. Linux ha sido el catalizador para que lo hagamos en nuestra empresa\”, afirma Doug Miller, director de estrategia de Windows. Los nuevos sistemas operativos para servidores de Microsoft incluirán versiones básicas de bajo coste para servidores web, mercado que domina el programa open source Apache, que controla el 60% frente al 27% de Microsoft.

Pero la esencia de la filosofía open source, ceder el control a terceros de los sistemas operativos para que lo modifiquen a su conveniencia, está lejos de la agenda de Redmond: \”No queremos introducir una perpetua incertidumbre permitiendo cambios masivos en el sistema\”, dice Miller, cuya compañía, sin embargo, ofrece a algunas empresas asociadas la posibilidad de modificar el código fuente de su Windows CE.

… y frente al resto

En Linux no se acaba el mundo de los sistemas operativos que compiten con Microsoft. Sin embargo, la mezcla de tecnología y cultura que envuelve la comunidad open source, ha conseguido llevar a Linux donde no ha llegado el resto. Después de 10 años, Linux no ha escrito la necrológica de Microsoft, pero ha alcanzado un poderoso status donde otros han fallado —Amiga, OS/2 o BeOS—, mientras que el resto, como el Mac OS y varias versiones de Unix (atadas a un solo vendedor de hardware), se han recluido en pequeños mercados.

¿Qué tiene el pingüino que no tiene el resto de la fauna de los sistemas operativos? No hay una respuesta única, sino una serie de factores combinados que han empujado el open source hacia adelante. Para empezar, el principal aliado de Linux ha sido su enemigo Windows. La omnipresencia y prepotencia de Microsoft ha fomentado la necesidad de buscar nuevos caminos lejos de sus garras. Los programadores hartos de Windows que buscaban un cambio vieron en Linux la forma de marcar la diferencia, piensa el analista de Giga Information Group Rob Enderle. \”Llegó como una oferta contracultural; Apple se apeó de ese papel y alguien tenía que llenarlo. Lo que le convirtió en una verdadera alternativa fue su naturaleza open source, que le hacía ser todo lo diferente de Windows que uno pudiera soñar\”, dice Enderle.

A la cruzada contra Microsoft se sumó el creciente poder de Intel entre las computadoras, el apasionamiento de un grupo de programadores capaces de trabajar coordinados en Internet, la flexibilidad y robustez de un sistema operativo cuyo código podían escudriñar mil ojos y también, y no en último lugar, la pragmática y popular figura de su creador, Linus Torvalds.

Pero pronto pasó de esfuerzo de un grupo de voluntarios a razón de ser de unas cuantas compañías (Red Hat, Turbolinux, Caldera, SuSE, etc.) y apoyo de otras como Oracle que vendían software para servidores. Después fueron los fabricantes de servidores los que aportaron mejoras, apuesta que culminó IBM y sus 1.000 millones de dólares para gastar en sus propios programas Linux.

Aunque Linux técnicamente sólo se refiere al núcleo del sistema operativo (kernel), por extensión se aplica a todo el sistema operativo, incluyendo una serie de aplicaciones avanzadas para computadoras, como las interfaces Gnome o KDE, la librería de software de apoyo Glibc o el sistema de gráficos Xfree86.

Con muchas iniciativas entre las que escoger y ninguna prohibición para a la hora de emprender nuevos proyectos, los programadores no tienen tiempo para aburrirse y aseguran la longevidad del sistema. Éstos al principio luchaban en solitario escribiendo código sin ayuda de diseñadores de chips, de tarjetas gráficas o de cualquier otro fabricante hardware. Sin embargo, los fabricantes de periféricos ya incluyen sus propios drivers para funcionar con Linux.

Todos los indicios apuntan a que hará falta una hecatombe para que Linux termine de súbito su largo recorrido. Pero hay muchos sistemas operativos que cayeron cuando estaban cerca de la cumbre, y nadie tiene el éxito garantizado. Muchas compañías que respaldaban Linux no han levantado el vuelo o han sucumbido al desolador panorama actual sin conseguir convertir la popularidad de Linux en dinero con el que comer.

Mucho tendrá que decir en todo esto Microsoft —que ora se refiere al software libre como \”cáncer\” (Steve Ballmer dixit) y \”destructor de la propiedad intelectual\”, ora dice que comparte los aspectos beneficiosos del movimiento open source—, que tiene 30.000 millones de dólares para gastar y un montón de ingenieros para poner a trabajar en construir su (el) futuro.

La tendencia no es buena para Microsoft, según Enderle, quien asegura que más y más chicos salen de la escuela siendo fans de Linux. \”La gente que hace open source son a menudo los listos de la clase; el mismo tipo de gente que condujo a Windows al mercado hace una década\”, afirma.


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