BAQUIA

El mundo en tus manos

Una gran noche de juerga y borrachera abandona a su suerte a un joven en un callejón oscuro. Duerme largo tiempo semiinconsciente. El despertar no le devuelve del todo la lucidez, ni mucho menos la memoria: no sabe qué hizo en las últimas horas (¿serán días?); no sabe dónde está, siquiera en qué ciudad. Se levanta y se palpa los bolsillos a la búsqueda de algo que le devuelva a la realidad. No encuentra llaves, ni la cartera, ni dinero; pero en el bolsillo de atrás tiene un pequeño objeto que saca y reconoce enseguida: su teléfono móvil. Está encendido, sus baterías de microcélulas de metanol parecen no tener fin.

Lo primero que hace es averiguar dónde está, lo que consigue sin mayor problema con el GPS de su móvil. Como siente hambre le pide a su amigo inalámbrico que le encuentre restaurantes de la zona, preferentemente mexicanos. Le encanta el picante. Come rápidamente porque su teléfono le ha recordado que tiene una cita esa misma tarde, en otra ciudad. Paga con el móvil y se mete en el taxi que ha pedido al celular apretando un sólo botón. Camino al aeropuerto compra el billete.

Ya en el avión se descarga unas cuantas canciones para relajarse: su móvil es reproductor de mp4 además de contar con una minicámara digital, por lo que aprovecha para fotografiar una espectacular composición de nubes que ve por la ventanilla. Inmediatamente le dice al móvil que mande esa foto al ordenador de su casa y que la imprima. Lee el correo electrónico y responde a unos cuantos mensajes. Se baja de la Red una recopilación de la prensa del día que ha personalizado; lee la sección internacional de El País, algo de Nacional en El Mundo, espectáculos en The New York Times y la simpática columna de opinión de Dave Barry en el Miami Herald. La película en el avión es un bodrio; se queda dormido viendo en su móvil la novena entrega de La Guerra de las Galaxias.

Mientras espera el equipaje mira como están sus acciones de Yahoo!; decide vender unas cuantas y comprar otras tantas de Amazon, que seguro que subirán porque está punto absorber Harrods después de hacer lo propio con El Corte Inglés. Las maletas tardan, por lo que vuelve al móvil para alquilar un coche, reservar una habitación de hotel y consultar la cartelera para comprar un par de entradas para el cine.

Camino de su cita va a por el traje a medida que ha encargado por teléfono. Mientras recuerda borrosas escenas de la despedida de soltero de la noche anterior, su móvil suena: abre un videomail en el que aparece su madre pidiéndole explicaciones por no saber de él en dos días. Recuerda que con su móvil también puede llamar; selecciona el número de su madre y se prepara para inventar alguna historia…

Realidades y promesas

La tecnología para realizar lo descrito más arriba y otras tantas cosas todavía inimaginables está a la vuelta de la esquina. En un futuro lleno de dispositivos conectados a la Red, el coche llamará al mecánico cuando le toque una revisión, la lavadora avisará al técnico si siente que una de sus piezas flojea, la nevera comprobará los alimentos que faltan y los encargará al supermercado, vestiremos un traje con acceso a Internet… Pero por el momento son los dispositivos inalámbricos los que llevan la delantera como medio alternativo al PC para conectarse a la red de redes.

Los teléfonos móviles han pasado rápidamente de ser un utensilio de lujo a estar presentes en cada bolsillo. Tal es su popularidad, que fabricantes y operadoras se exprimen el cerebro para ofrecer servicios alternativos a los de voz con los que poder exprimir un poco más al usuario. La Internet móvil y el \’móvil multimedia\’ están en boca de todos.

Pero el avance de la comunicación inalámbrica choca con el desarrollo de una tecnología que necesita perentoriamente de estándares mundiales para ser realmente operativa. En estados Unidos todavía convive la tecnología analógica (AMPS) con las digitales (TDMA y CDMA). En Europa, aunque siguen existiendo marginalmente redes analógicas (como MoviLine de Telefónica), se ha impuesto la tecnología digital GSM, que hace funcionar más de la mitad de los teléfonos móviles del mundo.

El acceso a Internet mediante WAP se ha quedado en promesa, y la tremenda apuesta de las telefónicas por la tercera generación (UMTS) se retrasa desesperantemente. Mientras, GPRS asoma las orejas para tratar de impulsar los precarios servicios que ofrece WAP, y los usuarios se conforman con sacar cada vez mayor partido a los mensajes cortos (SMS).

Continúa en
WAP no termina de arrancar


ESPECIAL: El mundo en tus manos

Hablando en plata (el galimatías en dos patadas)
Sopa de Letras


Compartir en :


Noticias relacionadas

Recomendamos




Comentarios