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El Nasdaq no tiene vida propia

¿Qué marea mucho, pero no debería de ser tan difícil de comprender? la montaña rusa en la que montan los precios de las acciones tecnológicas. A corto plazo la volatilidad puede volver loco a más de uno. Pero lo que importa es que a largo plazo, incluso el Nasdaq no es más que un fiel reflejo de la economía real. Dejémonos de tonterías y quejas, señores y señoras de la Nueva Economía del mundo hispano. Si hay algo que hacer es trabajar duro para mejorar la posición de las empresas en la economía real. Tranquilos, tarde o temprano, la economía financiera (las OPVs, OPAs, bolsas, mercado de deuda) sabrá reconocerlo.

¿Irracionalidad? Tal vez no tanta. La verdad es que ni tanto ni tan calvo. Lo que en el periodo de fuertes alzas bursátiles el presidente de la Reserva Federal de EEUU Alan Greenspan llegó a denominar exuberancia irracional, en este periodo de bajas se puede llamar catastrofismo irracional. Pero en realidad bien se podría decir que un "irracional" menos un "irracional" dan cero "irracionales". O en otras palabras, una acción que tiene una subida irracional tarde o temprano vuelve al planeta tierra con una bajada ¿tal vez no tan irracional?

Lo dicho. Desmitifiquemos al Nasdaq. El Nasdaq no es un índice que sube y baja porque así le da la gana. Tal vez esto pase a corto plazo en el que impera la psicología inversora y no los fundamentos económicos. Pero tarde o temprano este índice tecnológico estadounidense, en cuyas valoraciones se basan un sinfín de empresas privadas en el mundo hispano para obtener financiación, es un fiel reflejo de la economía real. Es decir, un espejo de los cambios de las perspectivas ventas y costes de las empresas.

¿Qué pasa en la economía real? A grandes rasgos, ha bajado la demanda de bienes de equipo relacionados con las telecomunicaciones y la tecnología en general. Esta tendencia es muy acusada en EEUU, menor en Europa, y casi inexistente en Latinoamérica, que será una de las pocas regiones en las que este año crecerá el gasto de las empresas de telecomunicaciones en bienes de equipo.

Pero EEUU supone una proporción enorme del gasto en tecnología global. La mayoría de las empresas tecnológicas estadounidenses, entre ellas muchas punteras como Dell, Intel, Cisco y Microsoft, esperan que sus beneficios se estanquen o disminuyan este año respecto al pasado. El cambio de panorama es tremendo, ya no se trata de una desaceleración en el crecimiento de los beneficios cómo se preveía a mediados del verano pasado. Ahora simplemente, los beneficios del 2001 serán más bajos que los del 2000.

La manía del PER…

¡Que manía! La prensa está auténticamente obcecada con el PER (relación precio-beneficios). El PER es una métrica estática que no refleja los cambios en la rentabilidad de las empresas. Veamos, en la década de los noventa, las diez compañías del Nasdaq que mayor crecimiento de los beneficios obtuvieron crecieron a un ritmo anual promedio del 61%. Es decir, que sí una empresa hipotética ganaba 100 en 1990, su rentabilidad subía a 161 en 1991, y a 259.2 en 1992.

Pues bien, el PER sólo tiene en cuenta los beneficios del año presente o los del pasado. En otras palabras, una empresa X con un PER del 30 cuyos beneficios crecen a un 10% puede ser mucho más cara que una compañía Y con un PER de 60 pero cuyos beneficios crecen al 60%. Una métrica que refleja en mayor medida la dinámica empresarial es el PEG (relación precio/beneficios/crecimiento de los beneficios). Este instrumento nos da un valor de 3 para la compañía X y un valor de 1 para Y.

Por tanto, una vez incorporadas las expectativas sobre el crecimiento futuro de los beneficios resulta que, en realidad, Y es más barata. Microsoft, Cisco y otras compañías tecnológicas estadounidenses tienen en la actualidad valores de PER muy bajos respecto a sus promedios históricos, pero aún así pueden estar muy caras debido al fuerte bajón que han sufrido sus expectativas de crecimiento de beneficios.

… y la Nueva Economía pensó que se creaban nuevas valoraciones

La novedad y el entusiasmo sobre la Nueva Economía (Internet, banda ancha, telefonía móvil y demás) contribuyó (ya no debe de haber ni un sólo inversor que lo dude) a inflar los valores. Pocos observadores dudan que haya aspectos muy válidos en torno a la Nueva Economía como lo es la interactividad de la Red y sus ventajas para los consumidores y el marketing ante estos consumidores. Ahora, la bonanza de estas novedades se exageró. ¿Ejemplos? Ahí está el boletín electrónico. Sin duda, una muy buena herramienta para aumentar la eficiencia de actividades de marketing directo ante grupos muy específicos. ¿Pero saben ustedes a cuánto se llegaron a valorar algunas empresas que publican estos boletines? A 500 dólares por abonado. Una exageración.

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