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El P2P es un fraude, y por lo tanto ilegal

Es una conclusión que parece lógica pero, desde luego, no es ni popular ni bien comprendida entre los jóvenes. Por supuesto, no nos referimos a la tecnología P2P (Peer-to-Peer), sino a la utilización que se hace de ésta para compartir el disco duro, cargado con música y juegos, con millones de internautas.

Los argumentos a favor de este tipo de intercambios son claros: las grandes multinacionales de la música no han sabido reaccionar a las novedades introducidas por la tecnología, los usuarios han reinventado la forma de acceder a la música -transformada por las tecnologías emergentes- y, en cualquier caso, los artistas sólo reciben una pequeña parte del precio de los CDs.

Acabamos de leer una postura en contra muy bien justificada que les exponemos. La encontramos en un artículo de Michael Rogers en la MSNBC. Sí, ya sabemos que algo que provenga de MSN tiene, por fuerza, que defender los derechos de autor. Sin embargo, nos ha llamado la atención la referencia histórica que utiliza Michael para justificar su argumento.

Se trata de los inicios gloriosos de la radio. Según Rogers, al inicio de la aventura radiofónica, las emisoras no eran otra cosa que pequeños empresarios, individuales en su mayoría, que sin ningún tipo de decoro utilizaban música grabada, lecturas de obras de teatro o cualquier otro contenido para su programación. Todo absolutamente gratis. La industria musical de entonces, representada por la ASCAP, intentó llegar a un acuerdo con las distintas emisoras y, cuando no lo consiguió, interpuso una querella contra todas las que utilizaban productos de sus representados sin pagar derechos de autor.

También entonces, según nos cuenta Rogers, el argumento era que la gran ASCAP pretendía dejar sin pan a cientos de emisoras que, de forma individual o en pequeñas sociedades, cubrían todo el territorio de EEUU. Finalmente, los jueces dieron la razón a la ASCAP y esa decisión originó la aparición de la publicidad en la radio para poder hacer frente a los derechos de autor. Hoy, nadie se puede imaginar una radio gratuita, que no pague derechos de autor. Es gratuita para el oyente, pero gracias a que tiene la financiación resuelta (mejor o peor) con la publicidad que emite.

Rogers cree que la situación hoy es muy similar, con una gran diferencia. Todos hemos contribuido a aceptar el intercambio gratuito de música como algo \”guay\” que, al fin y a la postre, sólo afecta a unas cuantas multinacionales ruines. Rogers opina que o somos capaces de volver a respetar los derechos de autor y hacer que los jóvenes comprendan que lo que hacen es ilegal, o nos veremos abocados a una sociedad que perderá gran parte de los incentivos con los que los intelectuales y los artistas cuentan para seguir deleitándonos con su producción.

¿Qué opinan ustedes?

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