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El precio del “todo gratis”

Internet, quizás como ningún otro medio hasta ahora, refleja el verdadero costo del “todo gratis”.La fórmula es sencilla: alguien tiene una idea, crea un servicio en Internet basado en esa idea y lo ofrece de manera gratuita.Bastante simple. Aquí viene ya el primer coste: tener la idea, desarrollarla y ponerla en práctica. Y no hablo de dinero, sino del tiempo empleado en crear algo, de la nada, aunque sea por satisfacción personal.

Supongamos que el creador de la idea decide además utilizar un servidor de pago; por aquello de evitar la publicidad. Vale, es poco dinero, pero ya hay otro coste.

El usuario de Internet que navega, encuentra el servicio, lo prueba y piensa: “Genial, justo lo que andaba buscando, y encima sin pagar”.Como él está muy contento, se lo cuenta a sus amigos, que lo ven y también lo utilizan, “se lo apropian”, por las grandes ventajas que tiene.

El que ha tenido la idea original está la mar de contento: su propuesta gusta y cada vez lo usa más gente. Para no defraudar a nadie, corrige errores, responde dudas, añade opciones mientras se lo pasa fenomenal. Mientras tanto, sigue atendiendo a sus obligaciones profesionales, que le dan de comer y va dejando a un lado otras, que no son “prioritarias”. Bien ya tenemos otro coste más: las horas dedicadas al proyecto altruista, que le quitan de hacer otras cosas.

Pero bueno, la cosa funciona: más y más usuarios, el servicio aún atendido por el creador original.Lo curioso es que ahora dedica casi todo su tiempo libre a ese proyecto, se pierde alguna actividad social con sus amigos y la familia empieza a estar un poquito cansado del proyecto. Siguiente coste: el emocional.

Además, como la comunidad es muy sabia e influyente, empieza a demandar más y más, pero eso sí, siempre gratis. Y alguno se cabrea. Y hay que ser muy fuerte emocionalmente para que las críticas no afecten a uno. Más coste emocional (aunque este se puede eliminar con el tiempo).

El escenario es el siguiente: mismo trabajo, misma familia, mucho éxito y reconocimiento, menos horas de sueño y de tiempo libre.Eso si, el servicio sigue siendo gratis.

El que ha tenido la idea recapitula y piensa: “He montado un servicio gratis, ¿para quién? ¿A cambio de qué?” Y suma costes: coste inicial del desarrollo, coste del servidor, coste de horas de semana, coste de horas de fin de semana, coste emocional, coste de horas de sueño…

Quizás esto del “gratis para todos” sea cierto para todos… menos para él.

¿Qué soluciones tiene? ¿Cómo reaccionaran los usuarios a cada posibilidad?


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