BAQUIA

El tocomocho moderno

Todos hemos oído hablar del timo del tocomocho. Sin embargo, ahora resulta que, en su versión moderna, suele provenir de Nigeria y utiliza como cebo un desgarrador correo electrónico en el qie nos cuentan las vicisitudes de algún familiar de un ministro o presidente de algún banco.

El correo nos explica que dicho familiar ha muerto en circunstancias muy tristes sin dejar herederos, dejando una \”modesta\” cuenta bancaria de 25 millones de dólares. Ahora, explica la persona que firma el correo -casi siempre se atribuye el título de Doctor o similar para darle más enjundia a su personaje- resulta que, a menos que consiga abrir una cuenta fuera de su país y hacer una pequeña transferencia a la cuenta que el remitente le indica, esta fortuna se perdería.

La oferta no está mal. Nos propone un 35% de los 25 millones, si seguimos sus indicaciones. Como quiera que hemos leído cientos de estos mensajes con tan suculentas proposiciones, nos llama la atención que el articulista de The New York Times, Sam Roberts, no sólo hable del caso sino que, con gran paciencia, se ha dejado \”convencer\” de la seriedad de la transacción con un tal Dr. Pius Patrick, abogado personal de un ingeniero de la Shell Development Company que, según le narra, era su \”cliente\”.

Les recomendamos la lectura del intercambio de correspondencia por e-mail entre el periodista, Sam Roberts y el tal Dr. Pius. No tiene desperdicio.

Sam nos cuenta que según un tal Edward J. Nasiatka, un supervisor retirado del servicio secreto de los EEUU que fue director de la West Africa Task Force, la mayoría de los mensajes se originan en un servidor indeterminado, típicamente en Nigeria, que dirige este tipo de correspondencia a docenas de miles de personas en todo el mundo. \”Envían los correos electrónicos con la esperanza de pescar algún incauto, al que, en algún momento de los intercambios, pedirán un adelanto o, como el caso que describimos al principio, una transferencia a una cuenta suya en Nigeria, que será el último paso antes de hacernos ricos\”.

La avaricia sigue teniendo adeptos y, de los miles -cientos de miles en algunos casos- de correos que envían, más de uno cae en manos de algún infeliz dispuesto a arriesgarse a conseguir los millones de dólares prometidos y que termina enviando los 100 o 500 dólares que le piden.

También en Baquía:


Compartir en :


Noticias relacionadas

Recomendamos




Comentarios