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En Internet hay negocio y España pasa

Cuando Yahoo alcanzó una valoración que significaba un PER de 2000, a finales de 1999, se desencadenó lo que se ha dado en llamar \”la explosión de la burbuja de Internet\”. La burbuja pinchó y millones de inversores en todo el mundo perdieron cantidades ingentes de dinero. A pesar de ello, muchos miles de empresarios tradicionales de todo el mundo, sobre todo de países que, como España, nunca habían creído realmente en el cambio sustancial de las economías mundiales, se alegraron también al grito de \”ya decía yo\”.

Está claro que se cometieron muchos errores. Existía una excitación malsana por el dinero rápido. Muchos escuchamos afirmaciones del tipo \”Mi compañero de clase en Harvard acaba de vender su paquete de acciones de la puntocom que ayudó a crear por 300 millones de dólares\”, o alguna experiencia similar. Era una historia real que se difundía como un reguero de pólvora; todos querían emular al compañero de Harvard. Empresas que, como Terra, en unos meses recibían valoraciones superiores a las de Repsol. Empresas que no tenían más que pérdidas y cuyo destino estaba escrito en las estrellas.

Pero no se equivoquen. Terra, por ejemplo, ha sido un desastre porque nadie ha creído nunca en ella. Podía haber sido el gran portal competidor de Yahoo. En vez de ello, portales como Wanadoo -mejor gestionados- se han convertido en los protagonistas de Internet en Europa, dejando a Terra maltratada y sin ilusión en sus cuadros, reducida a una división insulsa de Telefónica.

El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación

Se ha demostrado que la buena gestión y la persecución del beneficio siguen siendo parte importante del éxito de una empresa, cualquier empresa, incluso en Internet. Yahoo, cuando la retomó Terry Semen, era una empresa tocada que todos esperábamos fuera vendida a un grupo de un sector más tradicional. Ahí está, creciendo a un ritmo que parece justificar un PER de 89 y con un equipo ganador dispuesto de nuevo a liderar Internet.

Lo que, al parecer, de lo que nadie ha querido darse cuenta en España es que los modelos de negocio de Internet, víricos y tremendamente escalables, han demostrado que el futuro está en la Red. Precisamente porque las barreras de entrada son más bajas y los cambios de tecnología más bruscos, las empresas de Internet que triunfan tienen capacidades poco comunes. Como en 1993, sigo creyendo que son la vanguardia de un cambio socioeconómico que hace que Sociedad de la Información sea tan importante para un país. Por ello, el retroceso que España ha sufrido en los últimos dos años -porque estamos hablando de un importante retroceso a pesar del aumento del número de usuarios y de los débiles progresos en materia de comercio electrónico-, disfrazado por el éxito económico de la economía tradicional, es un grave peligro.

Kelkoo es el líder europeo de los motores comparadores de precio. Otro gran éxito de la Internet europea. Cuenta con más de 30 millones de usuarios consultando sus páginas en un mes cualquiera. Las cifras españolas son de risa. Nuestros competidores y socios europeos, que en la economía tradicional son dos o tres veces España, en materia de comercio electrónico suponen 10 y 20 veces nuestro volumen. Quizás el comercio electrónico no pueda ser un único medidor de la situación competitiva de un país, y España, con su temperatura e ideosincracia, sea un mal reflejo de esta nueva realidad comercial. Sin embargo, como expliqué en mi artículo Los muertos vivientes de Internet, España se ha cargado una generación de emprendedores que, a pesar de excepciones como Eudald Doménech de Techfoundries, o Luis García de la Fuente, de Dicelared, han dejado el país a merced de la economía tradicional, que crece (cuando lo hace) en porcentajes minúsculos, mientras que en nuevas tecnologías, con crecimientos intermensuales del 10%, apenas tenemos representantes de ningún tipo.

Es una pena porque, aunque ya muchos lo han olvidado, el Servicom de Eudald Doménech fue la primera empresa (ISP) europea en disponer de 50.000 clientes de pago. Como tantas otras veces, después de una salida de premio, perdemos fuelle y nos quedamos los últimos de la fila.

La Sociedad de la Información está aquí y España no se ha enterado. Ni este gobierno ni los anteriores han sabido apostar fuerte por el futuro. Estaban demasiado ocupados con el mantenimiento de los puestos de trabajo de la economía tradicional y, desgraciadamente, nos han faltado estadistas. Según nos recordaba recientemente El Mundo la famosa cita de Otto von Bismarck, el político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación.

Sigue habiendo innovadores, pero son pocos y dispersos, y los planteamientos para coordinarles y darles soporte son infrecuentes y no están adecuados a sus necesidades. Tenemos ya publicaciones online con más lectores que los más prestigiosos medios de comunicación tradicional especializada (economía, tecnología), y sin embargo, sus voces no tienen reflejo alguno en un Gobierno que ni siquiera sabe mantener una página web de comunicación ciudadana más allá de las elecciones.

En este país sigue primando el ladrillo, y el estallido de la burbuja de Internet ha servido para que todos volvieran a más de lo mismo y alejaran cualquier veleidad de innovación de sus vidas.

Si, ya sé, la innovación es para los americanos.


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