BAQUIA

Esta sí que es buena: ¡ojo con SCO!

Está claro que la mayor parte de las empresas que venden Linux o lo utilizan como parte de su oferta, están poco o nada afectadas por el pleito que SCO ha planteado a IBM, por el que le reclama ya 3.000 millones de dólares en daños y perjuicios.

Como recordarán por nuestra anterior noticia en Baquia, SCO, además, había notificado a más de 1.500 empresas, usuarias de Linux que podían estar expuestas a un pleito si se demostraba que el código fuente que utilizaban tenía partes originales del que SCO considera suyo.

Ahora leemos con sorpresa en un artículo de Forbes Magazine que SCO no parece ser una empresa muy rentable en la venta de su software. El año pasado perdió 24,9 millones de dólares con ventas de 64,2 millones en su negocio base. Está claro que su trayectoria jurídica -sacándole provecho a los pleitos- es otro animal.

Al parecer, esta empresa de Utah es terriblemente belicosa en cuanto a la defensa de sus derechos y acumula varios episodios de éxito que deberían poner a toda la comunidad Linux con las antenas desplegadas. Según Forbes, la compañía antecesora de SCO, Caldera, compró los derechos de una decrépita versión de DOS y la utilizó para ponerle un pleito al mismo Microsoft, lo que obligó al gigante de Redmond a llegar a un acuerdo con ellos y pagarles. En 1997, el actual CEO de SCO, Darl McBride, pleiteó con la que era entonces su empresa, IKON Office Solutions, ganando un pago de varios millones de dólares.

El resumen de la historia, que recomendamos se lea en su totalidad a quienes preocupe el tema, es que SCO y las personas implicadas en ella acumulan una trayectoria de especialistas en conseguir, con poco, unos réditos judiciales que son incapaces de lograr con el desarrollo natural de su negocio.

La opinión de Forbes es que aquellos que menosprecian el pleito actual con IBM, podrían verse abocados a una situación comprometida y, a pesar de la posición clara y contundente de IBM de que no ha incumplido ningún acuerdo firmado con SCO, el problema puede tener repercusiones importantes para todo el sector de software abierto.

Es una pena que, con un histórico como el que relata Forbes, los jueces hayan admitido a trámite la querella.


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