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Estados Unidos contra los filibusteros

Fue la RIAA (Recording Industry Association of America ) la que trató de equiparar sin éxito el intercambio de música protegida con el terrorismo. Su intención era recoger el nuevo lenguaje que llegaba con la Ley Patriot, nacida para combatir el terrorismo tras el 11-S, que extiende infinitamente la potestad de las autoridades para la vigilancia tecnológica de los ciudadanos y podría abrir la puerta para un ataque frontal contra los trueques de música online.

Aunque la industria de la música se pasó tres pueblos con esta idea, es verdad que existe una gran confusión en torno al cibercrimen, palabra que se trata ahora de definir exactamente, y en la que se mezcla la defensa del copyright y la propiedad intelectual, la libertad de expresión y todo tipo de actividades delictivas en las que la palabra Internet aparezca de refilón.

Desde la llegada de la Red, gobiernos e Industria tratan desesperadamente de mantener a toda costa sus respectivos status, el poder (control de la información) del primero y el dinero del segundo. La industria del entretenimiento, que siente expoliados los derechos de autor que protege, impulsa leyes como la DMCA o la recientemente amparada por la OMPI. Los gobiernos promueven esa legislación y no se cortan a la hora de pertrecharse de armas tecnológicas (Carnivore o Echelon) para controlar todo lo que se mueva escondido entre los bits.

Antes de que cayeran las Torres Gemelas, la guerra se fraguaba incierta entre viejos dinosaurios que trataban de adaptarse y jóvenes empresas e internautas que desafiaban establishment revolucionando con la tecnología principios otrora intocables. La amenaza terrorista que se cierne sobre occidente ha modificado el campo de batalla; la caza a Bin Laden se ha extendido por Internet, y se llevará por medio a todo aquél que utilice la Red para algo que se parezca a delinquir. \’Grafiteros\’ de la Red, programadores de virus, \’tostadores\’ de CDs, piratas de software, hackers, reventadores de códigos, \’descargadores\’ pertinaces de música… están en el punto de mira.

Golpe al \’cártel\’ del software

Últimamente los alijos de software caen como los de la droga. El mes pasado se interceptaron programas piratas valorados en 130 millones de dólares, y más recientemente se intervinieron en Tailandia miles de copias ilegales de Windows XP.

Ahora, las autoridades de Estados Unidos han desmantelado una red multimillonaria de piratería informática que operaba en decenas de ciudades de EEUU y al menos en 4 países distintos. Los agentes federales han ejecutado más de 100 órdenes de registro en 27 estados de EEUU para inspeccionar universidades, proveedores de acceso, fabricantes de software y hogares particulares sospechosos de estar conectados con una red que trafica ilegalmente con copias de programas, juegos, películas y música a través de Internet.

En la \”mayor y más importante investigación jamás llevada a cabo en el ciberespacio\”, las operaciones \’Buccaneer\’, \’Bandwidth\’ y \’Digital Piratez\’ tratan de acabar con una actividad que \”mina la estabilidad de la creciente industria del e-commerce y amenaza directamente a compañías que ayudan a fortalecer la economía de estados Unidos\”, según el Secretario del Tesoro Kenneth Dam.

Las autoridades federales afirman que ya han confiscado unas 65 computadoras que contenían más de 12.000 programas ilegales y películas recientemente estrenadas que todavía no habían llegado a las tiendas. Los títulos de software incautados van desde los relativamente baratos, como el Windows XP, hasta sofisticados programas que cuestan entre 10.000 y 20.000 dólares. La reina de las salas de cine Harry Potter y la piedra filosofal se encuentra entre las películas más pirateadas, junto a las recientes Behind Enemy Lines, Monsters Inc. o Spy Game. Los juegos más populares de las consolas de Sony (PlayStation) y Nintendo (GameCube) también tienen cientos de clones con la protección violada.

Fin de la ciberimpunidad

\”Muchos de estos grupos piensan que el mundo digital e Internet les permite operar sin temor a ser perseguidos e incriminados\”, afirma el fiscal general de EEUU John Ashcroft. \”Hoy, el esfuerzo legal en Estados Unidos y en todo el mundo ha demostrado que están equivocados\”, sentencia.

Hace más de 15 meses se puso en marcha la \’Operación Bucanero\’, que apuntaba al grupo warez (piratas de software) \’Drink or Die\’, fundado en 1993 por un grupo de crackers rusos que ya contaba con medio centenar de miembros que reventaban sistemáticamente las protecciones de programas. \’Bebe o muere\’ distribuía los artículos pirateados a través de sofisticadas \’intranets\’ y de las redes del IRC (chat). Esta banda organizada incluía redes de suministradores, crackers, testers, empaquetadores y distribuidores. Las federales creen que \’Drink or Die\’ forma parte indirectamente de una red internacional de piratería de software que cuesta a la industria unos 12.000 millones de dólares al año.

La impunidad en la que creían moverse los grupos como este les llevaba a actuar con total descaro, manteniendo sitios web de acceso público como www.drinkordie.com (cerrado hoy). Parece que su motivación estaba más cerca de la emoción por las actividades más o menos delictivas (el reto de reventar protecciones y el atractivo de torear las leyes de protección del copyright) que del lucro personal.

Las investigaciones se extienden más allá de las fronteras de EEUU, y las autoridades han registrado hogares de sospechosos en Australia, Finlandia, Noruega y Reino Unido, aunque el Departamento de Justicia dice que la investigación se extenderá a 20 países.

De las tres operaciones antipiratas que ahora toman forma, la \’Operación Banda Ancha\’ es la que llevaba más tiempo en marcha, y está dirigida a desenmascarar a la gente involucrada en hacer llegar el material copiado ilícitamente desde servidores de almacenamiento a sitios de intercambio de ficheros para usuarios individuales.

En la otra operación, \’Digital Piratez\’ (la Z final es la marca de los piratas de software), los abogados del estado en New Hampshire se conchabaron con agentes de FBI de Boston para perseguir a hackers dedicados a reventar programas encriptados.

El MIT bajo sospecha

Las autoridades de EEUU todavía no han arrestado a ningún sospechoso relacionado con las tres investigaciones, porque, dicen, las operaciones estaban principalmente destinadas a obtener evidencias incriminatorias. Sin embargo, 62 miembros de grupos warez han sido identificados como posibles implicados en tramas criminales. Y los investigadores dicen que ya han confiscado \”montañas de evidencias digitales\”, por lo que es probable que los arrestos no tarden en llegar. Además, advierten, las acciones llevadas a cabo hasta ahora podrían destapar la punta de un gran iceberg.

Los agentes federales han confiscado material informático y \’asaltado\’ redes universitarias para echar el cierre a lo que han descrito como una de las redes de piratería de software más importante de Internet.

Muchos de los perseguidos son estudiantes de algunas de las más importantes universidades y centros de estudios estadounidenses, incluyendo el famoso Massachusetts Institute of Technology (MIT), Stanford, Purdue, y Duke. Varios sospechosos, que pueden enfrentarse a cargos de conspiración o robo de propiedad intelectual, están ya cooperando con las autoridades para destripar las redes ilegales, según fuentes oficiales.

Duke y Purdue han confirmado que los federales han registrado habitaciones de los estudiantes y han interrogado a un par de ellos. En el MIT, la ofensiva iba dirigida hacia las computadoras del departamento de económicas, mientras que en la Universidad de Oregon han confiscado equipos de \”lugares fuera del campus sin identificar\”. Entre los cabecillas de la trama hay estudiantes universitarios, empleados y ejecutivos de la industria del software, muchas de cuyas empresas están siendo investigadas.

Robin Hoods digitales

Algunos de los empleados de empresas de software que hurtan material desde sus puestos de trabajo y lo ceden para su pirateo se ven como Robin Hood, que roban a sus ricos jefes y ponen el software disponible gratuitamente para los pobres del planeta, afirman los investigadores.

Aunque no se debiera poner a los ciberpiratas en un pedestal ni convertirles en mártires de una justa causa, bien es cierto que las autoridades deberán andarse con pies de plomo a la hora de juzgar la gravedad de los delitos.

Con la llegada de Internet y las copias digitales, las leyes que defienden los derechos de autor han quedado obsoletas, y la nueva legislación nacida para adaptar la letra a la Era Red no ha conseguido hasta ahora aclarar el panorama. Entre \’hacer una pintada\’ en una Web de algún organismo oficial, o descargarse música protegida de la Red a través de los numerosos programas de intercambio, y realizar copias CDs de forma industrial o traficar con armas todavía va un mundo. Esté o no Internet por medio.


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