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Europa concede a dos operadoras compartir sus infraestructuras 3G

Aunque sea de Pascuas a Ramos, las operadoras europeas reciben buenas noticias. La última les ha llegado desde Bruselas, donde la Unión Europea ha dado vía libre para que la división de telefonía móvil de Deutsche Telekom, T-Mobile International, y la de la británica BT, mm02 PLC, puedan compartir las nuevas redes de telefonía móvil de Tercera Generación, o UMTS.

La luz verde concedida por Europa permitirá a ambas compañías costear a medias la infraestructura del UMTS en Alemania. En Gran Bretaña han optado por repartirse el territorio para instalar las redes y, más tarde, vender sus productos por separado.

La Comisión Europea ha sentado un precedente con esta decisión que, a buen seguro, provocará peticiones de similares características por parte del resto de operadoras que pagaron millones de euros por obtener alguna de las multimillonarias licencias de telefonía móvil UMTS.

Otra de las reclamaciones de la compañía telefónicas consiste en que se les conceda libertad para comercializar el espectro radioeléctrico al que daban derecho las licencias.

La Comisión ha matizado que la aprobación definitiva depende de los argumentos que presenten otras compañías. Mario Monti, comisario de la Competencia, señaló al respecto que “esto es una aprobación provisional, ya que la decisión definitiva solo se adoptará cuando conozcamos las observaciones de otros operadores”.

Aun así, el comisario se felicitó por la decisión de Bruselas, ya que “la cooperación puede generar beneficios a los consumidores en cuestiones como la rápida implantación de los nuevos servicios, mayor competitividad y un menor impacto medioambiental”.

La llegada del UMTS iba a producirse a mediados del año pasado, pero ha ido dilatándose sin remisión. Los últimos cálculos aseguran que los europeos podremos disfrutar de un teléfono 3G a finales del año que viene o principios de 2004. De hecho, varias operadoras han comenzado a realizar las primeras pruebas para comprobar la calidad del servicio.

La posibilidad de compartir infraestructuras y costes más que un capricho es una necesidad para las operadoras, que tienen que lidiar con unas deudas descomunales por el retraso en la implantación del UMTS.


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