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Freedomland, Rifkin, necedades y nombres de web curiosos

En esta su primera columna, el Rey Desnudo aprovecha para presentarse y comentar los despropósitos de una compañías, las opiniones no siempre nuevas de uno de los principales gurús de la Sociedad de la Información y las malas artes de algunos a la hora de elegir un nombre de dominio.

Peores tiempos para Freedomland

Nueva etapa en la descomposición de un proyecto cuanto menos curioso. La policía fiscal italiana prosigue sus investigaciones en relación con las supuestas prácticas incorrectas de Freedomland, empresa que, al parecer, buscaba una mayor aprobación por parte de los inversores mediante el viejo truco de inflar el número real de clientes, dato del que además alardeaba como prueba de la viabilidad de su proyecto.

Tan sólo tres días después de que en esta misma publicación apareciera un artículo sobre este tema, el presidente de la empresa, Virgilio Degiovanni, presentó su dimisión (aunque dudo que la hipotética lectura del artículo tuviera algo que ver), \”en interés del consorcio\”, afirmó en una declaración escrita. Hace unos días, durante el High Tech Forum, tuve ocasión de charlar con un periodista italiano que, desde una prestigiosa publicación, ha estado siguiendo de cerca el asunto. \”Es una pena que mi país siempre salte a la palestra por asuntos turbios como éste\”, me dijo textualmente, con aire compungido.

Lo curioso es que en el resto de filiales europeas la actividad sigue como si tal cosa, y de hecho hace pocos días se anunció el acuerdo entre Freedomland España y una importante cadena de distribución, por el que ésta empezaría a vender el set-top box en sus establecimientos abandonando, por lo menos parcialmente, el modelo de distribución piramidal –al más puro estilo Amway- que estaba siguiendo hasta el momento.

Pero el verdadero problema de Freedomland no está en sus tribulaciones con la justicia, o en haberse quedado sin su cabeza visible; el verdadero escollo de este ejercicio de oportunismo nuevoeconómico (como se afirma en el citado artículo) se encuentra en cómo van a conseguir ellos solitos algo en lo que monstruos como Microsoft, con su WebTV, o America On Line, con su AOL-TV (por cierto, desde que ésta se presentó hace unos meses, ¿hay alguien que haya oído hablar de ella?) se han estado rompiendo los cuernos sin ningún éxito: convencer al usuario de que navegar por Internet y ver la TV al mismo tiempo es una buena idea. Y, en caso de que lo sea (algo sobre lo que tengo muy serias dudas, a pesar de una acogida algo menos desastrosa por parte de los usuarios europeos), la competencia de Freedomland no estará tan sólo en la oferta de los dos gigantes mencionados, sino en la de la práctica de la totalidad de los operadores de TV digital (por satélite, cable, o terrenal), que están preparando sus cajitas negras. Y éstos siempre tendrán la ventaja de \”jugar en casa\”: desplegarán sus descodificadores como parte de su oferta, lo que deja en una difícil posición a una alternativa independiente como la de la empresa italiana.

Rifkin, o lo nuevo que no es tan nuevo

Algún motivo, seguramente insondable, está haciendo que en las últimas semanas algunos de los principales gurús de la economía y la sociedad digitales recalen en nuestro país. Jeremy Rifkin, sin duda uno de ellos, estuvo recientemente en España en su periplo de presentación de su último libro, \”La era del acceso\”, y dedicó buena parte de su tiempo entre nosotros a exponer sus interesantes teorías en diversos medios de comunicación.

En una -por otra parte excelente- entrevista de Margarita Rivière publicada en El País (cuya versión online desgraciadamente ya no está disponible), Rifkin postula su teoría sobre el fin del capitalismo tal como lo conocemos hoy, y el inicio de la llamada economía de la experiencia, del acceso a los productos que sustituye a la tradicional propiedad sobre los mismos.

Uno de los ejemplos que cita para apoyar su teoría es el de Nike, el fabricante de productos deportivos, una empresa que, afirma, apenas tiene capital físico: \”Nike es un estudio de diseño combinado con tiendas que venden productos que fabrican otros en Oriente, ellos han entendido que en este nuevo mundo, en el cual lo que se vende es cultura, cuando se pagan mil dólares por un zapato cuya fabricación ha costado un dólar, lo que se está comprando por 999 dólares es una historia, una experiencia\”.

Dejando aparte el asunto del quasi-escandaloso margen comercial (que para mí quisiera), o de si en realidad esos 999 dólares lo que compran, más que una experiencia, son los jets privados y otros lujos de sus ejecutivos, amén de sus nada despreciables sueldos, hay algo que me hace preguntarme si esta circunstancia es tan novedosa, tan nuevoeconómica como afirma Rifkin.

Y es que hay sectores enteros que, como el textil y los complementos de moda, llevan muchos años, desde los años 80, manteniendo en sus oficinas europeas poco más que el diseño y el márketing de sus productos, y llevando su fabricación al norte de África, o a Taiwan, o a la propia China continental. Incluso en épocas en las que ni siquiera usaban ordenadores (una rareza por entonces para la mayoría de ellas, que aún facturaban, como quien dice, a mano), muchas pequeñas y medianas empresas europeas de estos sectores, y de tantos otros, diseñaban en sus oficinas centrales los productos cuya fabricación, siguiendo sus propias especificaciones, encargaban a fabricantes de aquéllas remotas áreas. Una vez traídas de vuelta, las manufacturas, ya como producto propio y con su marca registrada, eran vendidas y distribuidas por los canales habituales; y aquí paz y después gloria. En resumen, lo mismo que hace ahora Nike y que Rifkin pone como ejemplo del nuevo orden económico.

Una vez más, una práctica que supuestamente prueba la globalización de la economía motivada por la generalización de la tecnología pero que, como vemos, ya era habitual mucho antes de que esa tecnología estuviera disponible.

La necedad de algunos, también en la nueva economía

En otra entrevista concedida en aquellos días (siento no recordar exactamente dónde), Rifkin relataba una anécdota que le había sucedido recientemente. Según parece, Rifkin se encontraba en un servicio de caballeros, y en el mismo estaba también un individuo haciendo lo propio de estos casos al mismo tiempo que hablaba por teléfono móvil. De repente, el individuo se gira y le pide a Rifkin que le sostenga el teléfono un momento porque… ¡debía atender una llamada por otro teléfono! que acto seguido extrae de uno de sus bolsillos. Todo ello, sin dejar de parlotear y de aliviar su organismo a un tiempo.

Para Rifkin, la anécdota es el \”no va más\”, la prueba que demuestra lo conectada que está la gente hoy en día y en qué grado esta nueva situación está permeando (¡nunca mejor dicho!) todas las facetas de nuestra sociedad.

Pues no sé qué pensarán ustedes, pero en mi opinión la escena lo que demuestra no es que en estos tiempos finiseculares la gente está hiperconectada, no señor. Lo único que demuestra la anécdota en cuestión es que, con teléfono o sin él, en una economía de la propiedad o en una economía del acceso, la gente puede ser tan soberanamente imbécil como cuando la humanidad se comunicaba con palomas mensajeras. O más.

Afortunadamente para Rifkin, lo que el tipo le pidió que le aguantara fue el teléfono móvil…

A veces, habría que pensarse dos veces antes de poner el nombre a las puntocom

Curioso lo que a algunos les pasa por la cabeza a la hora de poner el nombre a su puntocom; o mejor, lo que no les pasa. Cierto, la escasez de dominios libres y lo estricto de los registros mercantiles complican el asunto hasta límites insospechados. También hay casos en que lo que se persigue es precisamente distinguirse de la posible competencia mediante un nombre impactante que llame la atención.

Sea por el motivo que sea, la verdad es que estoy seguro que algunos no han calibrado al cien por cien las implicaciones del nombre que eligen y, o bien éste quiere decir algo que no sospechaban trasladado a un contexto diferente, o bien no han reparado en las connotaciones que de aquél se derivan. Por supuesto, hay otros que simple y directamente, son absolutamente espantosos. En cualquier caso, a algunos no les habría ido mal haber gastado un poco más de fósforo.

Veamos algunos ejemplos, aunque seguro que ustedes tienen también unos cuantos en mente:

  • Endondeesta.com: un buscador desarrollado por la empresa valenciana Nucleo World que no parecen haber consultado lo suficientemente a fondo sus propias secciones dedicadas a \”Materiales de Consulta\” y a \”Educación, formación y empleo\”, ya que no han conseguido evitar un sangrante atentado al idioma. Es verdad que dondeesta.com y dondeesta.org están ya cogidos, pero, ¿qué tenía de malo dondeestá.org? ¿Acaso contrataron a Jesulín de Ubrique como brand consultant?
  • Enredarte, portal destinado a \”ayudar a los actores, los músicos, consagrados y que empiezan, y las empresas a llevar a cabo sus proyectos\”, y promovido por destacados personajes del mundo del espectáculo, como Ana Belén y Víctor Manuel, Pastora Vega e Imanol Arias y Juan Echanove. Propósito encomiable si duda, si no fuera por el pequeño detalle de que la palabra \”enredarte\”, además del juego de palabras con \”en red\” y \”arte\” tiene, según EncicloNet, significados tan poco altruistas como \”Involucrar a alguien en una situación confusa, difícil o peligrosa\”, \”Convencer a alguien mediante engaños o artimañas para que haga algo\” o \”Sembrar la discordia o la enemistad entre personas\”. Vamos, como para \”fi-arte…\”
  • Alibaba.com, un marketplace para la importación y exportación de productos en el mercado chino y que fue fundado por Jack Ma, un paradigma del espíritu emprendedor que también se da a los pies de la Gran Muralla. Les apuesto un rollito de primavera a que por lo menos una vez al día, el bueno de Jack tiene que aguantar que algún graciosillo le pregunte dónde están los cuarenta ladrones…
  • Secretariaplus.com, que se dirige a un colectivo profesional a cuyas integrantes suele erizárseles el moño cuando se las denominada con esa palabra, por mucho \”plus\” que se le ponga. Asistente personal, executive assistant, jefa de gabinete… pero ¿secretaria? ¿Y en femenino sólo?

Quién es el Rey Desnudo

El fenómeno Internet ha sido, está siendo, y será, tan revolucionario que para ayudar a entenderlo ha habido que echar mano en ocasiones de imágenes y situaciones familiares, cotidianas. Que si land grab, que si Nueva Frontera… y, claro, también que si fiebre del oro, que si burbuja financiera…

Esta columna nace para reivindicar la figura del niño que, con la lucidez que proporciona la ingenuidad, no tiene pudor en afirmar que el rey del célebre cuento infantil está desfilando tal como vino al mundo y no ataviado con costosos ropajes que supuestamente sólo podían ver las personas inteligentes.

Del mismo modo, cada semana repasaré para usted, querido lector, una o varias situaciones, anécdotas, o simplemente reflexiones, siempre con el común denominador de abordar alguno de esos grandes y pequeños mitos creados alrededor de la economía digital e Internet. Es decir, todo aquello que hace más mal que bien a una realidad -la de las posibilidades y ventajas de las nuevas tecnologías- en la que sigo creyendo firme y sinceramente.

Gracias por leerme.


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