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Freewheelz, de inocentada a modelo de negocio de éxito

El artículo difundido en el número de abril de la revista Esquire describía con lujo de detalles el sitio Freewheelz. La flamante puntocom tenía todos los ingredientes de un auténtico negocio de Internet: un reciente graduado de un MBA de Stanford como socio fundador, un reconocido ejecutivo de la industria del automóvil que quería convertirse a la Nueva Economía y un plan de negocio que incluía 10 millones de dólares de pérdida en el primer año. Aparentemente no había nada inusual en el artículo.

La idea era un poco descabellada, pero no por eso imposible en el mundo de la nueva economía donde los ISP ya ofrecen conexión gratuita y algunos nodos hasta pagan a los usuarios por ver publicidad.

Periodistas a prueba

Los habitantes de Barrington du Lac, en el estado norteamericano de Illinois, se convirtieron en los conejillos de indias del ambicioso proyecto de Skip Lehman (el joven MBA), Raj Ramanujan (el inevitable socio indio) y Felix Atchison (el \”aggiornado\” ejecutivo). Los interesados, contactados a partir de un discreto anuncio en el diario local, debían ingresar al sitio y responder a un exhaustivo interrogatorio de más de 600 preguntas que incluía preferencias sexuales, hábitos alimenticios y afiliaciones políticas. Todos datos esenciales para seleccionar los anunciantes adecuados para cada postulante.

Los más afortunados obtendrían un auto totalmente gratuito, siempre y cuando se comprometieran a manejar una cantidad mínima de kilómetros y a contratar el seguro provisto por Freewheelz.

El artículo no tardó en tener repercusiones: recibió 150.000 visitas en dos semanas y los teléfonos de la revista Esquire no dejaron de sonar. Fue en vano explicar que sólo se trató de una broma por el día de los inocentes (1 de abril en Estados Unidos). \”Lo inventé todo, era una parodia\”, comenta el autor, Ted C. Fishman. \”Me dediqué a leer las típicas revistas de la Nueva Economía, como Red Herring, Fast Company y The Industry Standard, y pensé en el modelo de negocio más disparatado que se me pudiera ocurrir; claro que con todos los ingredientes necesarios. No iba a obtener ganancias, pero hoy en día nadie gana en Internet. Tenía la sensación de que los periodistas especializados aceptan cualquier información que venga de un comunicado de prensa\”, explicó Fishman a Baquía.com desde su oficina de Chicago, donde también escribe para Harper\”s.

Paranoia colectiva

Las líneas telefónicas de Esquire no sólo se saturaron por conductores ávidos de vehículos gratuitos: otros emprendedores que ya estaban elaborando proyectos parecidos se hacían pasar por anunciantes interesados e indagaban constantemente sobre la startup y sus fundadores. Hasta mandaban mensajes desde casillas anónimas, tipo Hotmail o Yahoo!, para ocultar la verdadera identidad de su empresa. \”Finalmente uno me dijo la verdad: \”Esta es mi idea, estoy trabajando en ello\”; y se puso a llorar porque ya no iba a ser el \”first mover\”. Yo le continuaba diciendo que no era verdad, que sólo se había tratado de una parodia por el primero de abril pero no me creía\”, relató entusiasmado Fishman. Un periodista de San Diego buscaba infructuosamente en el mapa el pueblo ficticio de Barrington du Lac. Un productor de ABC \”World News Tonight\” seguía intentando rastrear a los protagonistas de la historia. Los resultados de estas infructuosas búsquedas tardaban en llegar. Los editores de la revista aseguraron que se vieron sorprendidos por tanta credulidad, sobre todo por parte de los periodistas, cuando la nota estaba llena de pistas que indicaban que se trataba de una parodia. Algunos de estos indicios incluían el título \”There are no Free Wheels\” (\”No hay ruedas gratis\”), un sugestivo subtítulo \”Dreamland\” (\”El país de los sueños\”) y un acrónimo formado a partir de un destacado que formaba la frase \”An April fools e-fib \” (Una mentira electrónica por el mes de los inocentes).

\”Esto suena muy real, hasta yo querría invertir en el proyecto; da al artículo algunos toques más locos\”, había pedido un editor al periodista. Fue así como, poco antes de que la revista saliera a la calle, se incluyeron requisitos tan insólitos como una muestra de orina para poder acceder al auto gratuito, la opción de obtener aire acondicionado si se paseaba durante las hora punta por sitios congestionados y hasta el descabellado pedido del ex presidente Jimmy Carter de diseñar autos especiales para distintos hábitats. Muchos de estos añadidos remarcaban la idea de la intrusión constante de este tipo de publicidad en la vida privada y la polución visual que genera.

La realidad supera a la ficción

\”Unas semanas antes de publicar el artículo me reuní con algunos inversores del sector y les pregunté si un proyecto así sonaba real, todo sin revelar que era una parodia. Dos de ellos me dijeron que justamente habían recibido propuestas de negocios exactamente iguales a los que yo había imaginado\”, cuenta Fishman.

La carrera no tardó en iniciarse. Hoy son tres los sitios, todos californianos, que explotan ideas similares al ficticio Frewheelz y pelean por convertir los autos en anuncios rodantes, una estrategia que ya se utiliza hace tiempo en otros vehículos como colectivos y taxis. Uno de ellos, Freecar.com, hasta compró a Fishman y a la revista Esquire el dominio falso por 25.000 dólares que se repartirán a partes iguales. \”Tal vez tendría que haber hecho mi propio plan de negocio plan en vez de escribir un artículo. Igual ya tendría beneficios, cosa que no es fácil en Internet\”, ironizó el autor del artículo que no cesa de tener repercusión.

El modelo de estos nodos no es, sin embargo, exactamente igual al ideado por Fishman. En dos de los casos, Myfreecar.com y Autowraps.com, los conductores reciben una suma fija por convertirse en carteles rodantes, gracias a una novedosa técnica desarrollada por 3M que no daña la pintura del auto. En el caso de Freecar.com obtienen un auto gratis por dos años, que la empresa alquila y paga con la contribución de sus anunciantes. \”Pagamos cerca de 350 dólares por mes, pero ya planeamos para julio dar los autos gratis\”, explicó Keith Powers, fundador de Myfreecar.com, empresa que hoy tiene 25 autos en la calle y planea sumar más de 200 en agosto con una nueva cartera de 10 anunciantes. Autowraps, que paga entre 100 y 400 dólares al mes a sus conductores, ya posee 200 vehículos de este tipo en cinco ciudades de Estados Unidos y por el momento es una de las empresas con más expansión.

Powers también aprovechó la confusión por el artículo de Esquire y adquirió un dominio similar (Freewheels.com en lugar de Freewheelz.com). Si alguien teclea mal la dirección, hoy propiedad de su competidor Freecar.com, la página lo deriva automáticamente al sitio de Powers.

\”Leí el artículo pero pensé que era una parodia de otra compañía. Nunca tuvo sentido para mí que una compañía se lanzara, como decía la nota, el 1 de abril, que es el día de los inocentes. Aun así me comuniqué con el autor para investigar de qué se trataba\”, reveló Powers, quien también anticipó que ya reservaron los dominios miautogratis.com y micarrogratis.com para explotar el mercado latinoamericano en breve.

Carteles sobre ruedas
Los conductores que publicitan en sus autos sitios web, helados y productos de todo tipo tienen que cumplir algunos requisitos para poder acceder a estos vehículos, como recorrer un mínimo de kilómetros diarios, vivir en áreas urbanas, tener autos más o menos presentables y lavarlos a menudo. También deben permitir la colocación de un sistema que permite rastrear los movimientos del auto y en muchos casos deben avisar si se van de vacaciones.

\”Estoy en el programa desde noviembre y es bárbaro. Al principio me preguntaba cómo sería manejar un auto con un anuncio de zumos, pero la gente me sonreía y saludaba; además no tenía otra manera de tener un auto\”, aseguró Stephanie, una conductora de San Francisco que maneja un Wolkswagen Beetle con anuncios de Jamba Juice.

Los anunciantes por su parte, en muchos casos puntocoms que buscan maneras alternativas de publicidad, pagan entre 1.000 y 2.000 dólares dependiendo del vehículo. Myfreecar prefiere a los Beetles ya que tienen un perfil que capta más rápido la atención. Estos autos, los originales VW Beetles fabricados en los \”70, ya habían sido utilizados como publicidades rodantes. Time Magazine y Clairol eran algunos de los anunciantes, sólo que en aquella época los conductores sólo recibían 25 dólares.


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