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Global Crossing se queda sin pretendientes

Hutchison Whampoa y Singapore Technologies Telemedia (STT), compañías que llevan más de cuatro meses negociando la posible compra de Global Crossing, han dado por concluidas las conversaciones aduciendo que la empresa en bancarrota ha puesto el valor de sus bienes a un precio excesivamente elevado.

La retirada de ambas firmas es algo que ha dejado indiferente a Global Crossing, que se declaró insolvente en enero de este año en la que supuso la bancarrota más elevada por cuantía de una empresa tecnológica y la cuarta de toda la historia empresarial de Estados Unidos. Representantes de Global Crossing han confirmado que seguirán negociando con otras empresas la venta de su red de alta velocidad, que conecta a más de 200 ciudades en 27 países.

Hutchinson Whampoa está pilotada por Li Ka-shing, conocido fundamentalmente por ser el hombre más rico de Hong Kong, mientras que STT es una empresa pública de Singapur. Ambas inicialmente pusieron encima de la mesa una oferta de 750 millones de dólares por el 79% de Global Crossing. Esta cantidad fue rechaza tras entender los acreedores de la firma que la compañía valía al menos 22,4 millones de dólares.

Mientras las negociaciones continúan, Global Crossing deberá esperar el resultado de las investigaciones que la Securities and Exchange Commision (SEC) ha puesto en práctica por posible maquillaje contable. Desde que se acogiera al Capítulo 11, aquel que defiende en Estados Unidos a las empresas que se declaran en bancarrota, Global Crossing ha cerrado más de 200 oficinas, despedido a cientos de empleados y recortado su capital con el único objetivo de reducir gastos.

La retirada de las dos compañías no es un adiós definitivo. Ahora comprobarán si aparece alguna otra empresa dispuesta a incrementar el precio de la puja y esperarán a conocer el valor real en el mercado de los bienes de la compañía.

Global Crossing nació en marzo de 1997 con la intención de unir ambas orillas del Atlántico mediante cables de fibra óptica submarinos. Pronto, su fundador, Gary Winnick, en una apuesta de alto riesgo —hasta entonces las principales compañías de telecomunicaciones formaban alianzas para compartir gastos y Gary optó por tirar por su cuenta— decidió construir una red IP de fibra óptica que diera la vuelta al mundo. Aunque el desarrollo de Internet ha hecho que las necesidades de infraestructura de banda ancha crezcan exponencialmente, el mercado siempre ha dado la espalda a una compañía que necesitaba que le concediesen un futuro a largo plazo.


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