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Hablando de Nueva Economía en Territorio Comanche

Hay quienes comparan los congresos y las conferencias con las obras de teatro: puedes tener un guión fabuloso y unos actores y actrices de primera línea, pero hasta que no estás en medio de la función, o mejor dicho hasta que ésta no termina, no sabes si la obra va a ser un éxito (dicho sea de paso, también podría afirmarse algo así respecto a las compañías puntocom: ni siquiera el mejor business plan y el equipo humano más valioso garantiza la supervivencia de la empresa).

Ningún evento de los muchos a los que hemos de asistir quienes estamos involucrados en este maravilloso y a la vez pintoresco mundo de la economía y la sociedad digitales escapa a tal metáfora. Y el reciente High Tech Forum, organizado hace pocos días en Barcelona por EDventure Holdings, o lo que es lo mismo, Esther Dyson, no fue una excepción.

Durante tres días de apretada agenda, más de 300 figuras de relumbrón, empezando por la propia Esther Dyson -y posiblemente terminando con quien esto escribe- estuvieron reflexionando conjuntamente sobre una serie de cuestiones e interrogantes que pretendían cubrir, si no todos, al menos gran parte de los temas en torno a los que gira un sector clave en la sociedad y en la economía actuales. Pero a decir verdad, a pesar de disponer de un más que decente guión y de toda una constelación de estrellas nuevoeconómicas (con alguna notable ausencia de última hora, pero volveré sobre esto más adelante), no fueron pocos los que acabaron comentando que se echaba a faltar una cierta profundidad en el tratamiento de los temas.

Por no abandonar la analogía, podríamos decir que hubo quienes esperaban asistir a una obra de teatro experimental con profundos postulados y grandes dosis de reflexión, pero acabaron siendo espectadores de una función algo superficial, incluso ligeramente vodevilesca. Bien es verdad que incluso esas mismas personas reconocían que la parte más importante de un evento de este tipo no está tanto en las ponencias en sí, sino en esa palabra tan fea pero tan ilustrativa a la vez, el networking, y que en este aspecto quedaron francamente satisfechos.

Pero vayamos por partes.

La triste constatación de que “esto ya no es lo que era”

Desgraciadamente (o no, quizá es que por fin las cosas se están desarrollando en sus justos términos) desde el zambombazo del pasado mes de abril es cada vez más frecuente que, en los numerosos encuentros del sector, la sensación predominante acabe siendo la de que las cosas ya no serán jamás igual que antes de que entre todos recuperáramos por lo menos una parte de la cordura que parecíamos haber perdido.

Llámenme exagerado si quieren, pero antes –cuando las empresas puntocom eran ‘la alegría de la huerta’- uno tenía la sensación de que estaba ante un eufórico grupo de personas que intentaban encontrar la mejor manera de aprovecharse de la fiebre del sector y convertirse en multimillonarios de la noche a la mañana. Y desde hace un tiempo uno no puede evitar tener la sensación de estar ante un conjunto de personas conscientes de estar embarcadas en proyectos enormemente arriesgados que buscan, a veces desesperadamente, las recetas que les permitan evitar el desastre al que últimamente parece abocado todo proyecto empresarial en Internet.

Y, como en tantas otras cosas, ni debería haber sido tanto antes del crash, ni debería ser tan poco desde que éste se produjo. El clima del encuentro de este año en Barcelona, aún con una asistencia notablemente superior al del año pasado en Praga, era radicalmente distinto, como señaló Esther Dyson en la inauguración: la euforia había sido sustituida por una sensación de pesimismo, incluso de pánico. Pero si esto en sí era una mala noticia, continuó diciendo, lo cierto es que al mismo tiempo se trataba de good news, ya que “los malos negocios han dejado de tenerlo fácil, el mercado está mucho más centrado y obliga a las empresas a centrarse en aquello en lo que son más competitivas y a asociarse con otras empresas para todo aquello en lo que no lo son”.

Del mismo modo, en el año escaso entre ambos encuentros los modelos de negocio en Internet han experimentado un giro casi copernicano: si en Praga lo más in parecía el negocio B2C dirigido al consumidor, no se tardó mucho en pasar a abrazar colectivamente al negocio B2B entre empresas, para llegar al momento actual en el que toda la magia parece concentrarse en los proyectos peer to peer, a pesar del gran desafío que suponen en cuanto a su capacidad de generación de ingresos.

Si fuese aún más malicioso de lo que ya soy, pensaría que es precisamente por eso por lo que el P2P está en la cresta de la ola: porque es el único modelo de negocio en el que uno todavía puede quemar impunemente cada céntimo recibido de los inversores sin que estos se atrevan a enfadarse demasiado porque, al fin y al cabo, estamos ante una nueva frontera de los negocios digitales.

P2P, “that’s the word”

Como les comentaba más arriba, uno de los temas estrella fue el de los modelos peer to peer (entre iguales) y su viabilidad técnica y económica. Por supuesto, lo que rondaba por la cabeza de todos los asistentes era el asunto Napster, y más cuando se supo que el día inmediatamente anterior al inicio del Forum la empresa representada (que no dirigida) por Shawn Fanning había alcanzado un acuerdo difuso, pero acuerdo al fin y al cabo, nada menos que con Bertelsmann, uno de los gigantes de la industria musical.

Con acuerdo o sin, lo cierto es que la intervención del presidente de Bertelsmann eCommerce Group, Andreas Schmidt, prevista para la primera sesión del Forum, había levantado importante expectación. Pero, lamentablemente, Schmidt canceló a última hora su presencia, lo cual no era demasiado sorprendente si se tenía en cuenta que sólo unas horas antes estaba en Nueva York, junto a Thomas Midelhoff (presidente de Bertelsmann) abrazándose compulsivamente con el joven Napster, perdón, Fanning.

Viéndoles por TV nadie diría que llevaban meses (y de hecho siguen hasta que no se llegue a determinadas condiciones) enzarzados en una batalla judicial que pretendía que al permanentemente engorrado chaval le salieran los higadillos allí por donde más le duele: la computadora.

En cualquier caso, si bien la noticia era previsible desde hace tiempo, lo cierto es que cogió a los asistentes algo a contrapié: si muchos venían con la idea de que los sistemas P2P como Napster tenían el gran inconveniente de que eran incapaces de generar ingresos, de golpe y porrazo resultaba que sí, que existía tal posibilidad. Y, además, la noticia era demasiado reciente como para ponerse a analizar los evidentes problemas de ese pseudoacuerdo entre Napster y Bertelsmann; pero volveré sobre esto en una próxima ocasión.

En cualquier caso, el Gran Asunto Napster fue rozado de forma bastante superficial, y en por lo que al P2P se refiere, el interés (muy merecido en este caso) recayó especialmente en Ray Ozzie y su Groove. Ozzie fue en su momento el alma detrás de Lotus Notes, y desde hace unos años, tras abandonar la empresa, venía trabajando en un proyecto mantenido en la mayor de las reservas pero sobre el que estaban puestas muchas esperanzas atendiendo al bagaje de su creador. Finalmente, y recién presentado mundialmente en Nueva York, Ozzie se vino para el High Tech Forum de Barcelona a mostrarnos Groove, un proyecto en el más puro espíritu P2P que consiste en una herramienta flexible de colaboración peer to peer pensado para pequeños grupos dispersos (tanto individuos como profesionales o empresas) y que se encuentra en el llamado “filo de Internet”: utiliza el protocolo IP de comunicación, pero no forma parte de la World Wide Web.

¿Nueva economía? ¿vieja economía? ¿una, otra, o ambas?

Cabría esperar que en un evento como éste volviera a surgir, por aquí y por allá, en una y otra ponencia o en tantas conversaciones de pasillo, comidas y cenas, la habitual cuestión de si existe o no la llamada nueva economía. A medida que se consolida el nuevo clima en el sector tras la ducha fría del pasado mes de abril, la expresión va quedando vacía de significado, aunque se sigue utilizando como etiqueta para identificar de forma breve y concisa todo aquellos aspectos de la actividad económica en contacto con las nuevas tecnologías. Y dado lo superado del debate, no les habría vuelto a marear con el tema si no fuera porque hubo una brillante intervención en la que se plantó la cuestión de un modo que posiblemente zanje la discusión de una vez por todas, que ya es hora.

Carl Bildt, primer ministro sueco durante los primeros años de la década de los 90, lleva mucho tiempo implicado en el desarrollo de la sociedad digital en su país y en buena parte del continente europeo. En una ponencia elocuentemente titulada “Aprendiendo de los errores”, se mostró crítico y, a la vez, autocrítico (lo que le honra) a la hora de valorar las enormes e infladas expectativas puestas en las nuevas tecnologías e Internet, en cómo iban todas ellas a dar la vuelta de arriba abajo a la sociedad y a la economía de todo el mundo.

Bien, unos cuantos años más tarde, afirmó, está claro que las cosas no están siendo tan radicales como en su momento se pensaba, y debe volverse a una cierta actitud de prudencia y de atención a los aspectos fundamentales de las empresas; a esos pequeños detalles como los márgenes y la capacidad de generar beneficios, aunque ello implique poner un cierto freno a la expansión de las empresas, que deben plantearse objetivos más realistas. En este sentido, Bildt comentó que a estas alturas de la película estaba claro que, si bien no puede negarse que estamos ante una nueva economía en términos macroeconómicos, por lo que se refiere a los aspectos microeconómicos estamos ante la vieja economía, la de toda la vida.

No me digan que no es brillante.

Móviles, para qué os quiero

La Internet móvil, y la cuestión de si significa que en el futuro el ordenador personal está llamado a desaparecer (“la muerte del PC”, dicen algunos) fue otro de los temas importantes del High Tech Forum. Franco Bernabé, que fue presidente de Telecom Italia hasta la compra de ésta por Olivetti y que ahora encabeza una consultoría propia, destacó que todo ese interés por fomentar la implantación de UMTS en Europa (implantación que, por cierto, vaticinó más lejana de lo previsto) venía forzada por los Gobiernos. Estos ven la tercera generación como una fuente de ingresos para las arcas públicas y al mismo tiempo como el modo de reducir, e incluso eliminar, la ventaja tecnológica de los Estados Unidos respecto a Europa, algo que de otro modo sería tarea casi imposible.

Afirmó que para las operadoras, el importantísimo riesgo económico debe verse en una perspectiva que vaya más allá que la mera prestación de servicios de voz y datos: en un futuro, los móviles 3G están destinados a convertirse en una verdadera plataforma de facturación de todo tipo de bienes y servicios (prestados a través de la Red o no), con lo que las operadoras pasarán a controlar gran parte de la relación con los clientes de terceras empresas cuyos servicios estarán encargadas de facturar. Así, lo que parece un riesgo desmesurado asumido por las telecos en las subastas europeas, sin dejar de una apuesta arriesgada se convierte en algo mucho más razonable.

Por lo que se refiere a la evolución de los modelos de negocio, Bernabé entiende que las empresas de contenidos y servicios se agruparán en tres categorías: los portales tradicionales (que irán asumiendo el papel propio de los medios de comunicación), las operadoras de telecomunicaciones (que tendrán el dominio casi absoluto del B2C), y el resto de empresas (que deberán convertirse en proveedores de soluciones B2B). ¿Dónde quedan todas las demás? Según Bernabé, se limitarán a ser poco más que creadores y fabricantes de productos y servicios que llegarán al usuario final pero cuyo cobro, gestión, profiling, data mining, quedarán en manos de las telecos.

Pavoroso… pero tranquilícense: la impecable argumentación de Franco Bernabé sería perfectamente válida si no fuera por un pequeño detalle: por mucho que se generalice la Internet móvil, no está nada, pero que nada claro que el PC deje de ser el dispositivo predominante de acceso a la Red. Sin olvidarnos de otro detalle: por lo que se refiere a los móviles de tercera generación, no puede hablarse más que de suposiciones -y me atrevería a decir intuiciones- ya que todavía no están en funcionamiento en ningún lugar.

Si tenemos en cuenta el “éxito” de la mayoría de las previsiones en torno a la Internet alámbrica cuando ésta sí estaba ya en funcionamiento, estamos apañados…

Temas que siguen abiertos

Abordarse, desde luego que se abordaron temas como el equilibrio entre seguridad y privacidad, la regulación de contenidos, los delitos en la Red, la incidencia de los sistemas de localización geográfica en los dispositivos móviles en el e-commerce y en la intimidad de las personas… Se trata de una serie de interrogantes que estaban inteligentemente planteados en el programa del Forum y que cuando éste llegó a su fin siguieron siendo eso, interrogantes tan abiertos como al principio. Pero eso fue así sencillamente porque se trata de cuestiones temas sobre los que difícilmente un panel compuesto por más de una persona está de acuerdo al 100%; sería utópico pensar que en eventos como éste se iba a poder hacer algo más que reflexionar conjuntamente, analizar los diferentes puntos de vista expuestos, y lanzar preguntas al aire.

Bienvenidos a Territorio Comanche

No se trata de hacer broma sobre un asunto tan lamentable pero, con el permiso de Pérez Reverte, eso es lo que pareció la ciudad de Barcelona durante los días que duró el High Tech Forum. En tan sólo tres días, estalló un coche bomba a unos poco centenares de metros del Hotel Juan Carlos I, donde tenía lugar el encuentro; al día siguiente, una conferencia del presidente del Gobierno español, José María Aznar, en el nuevo palacio de congresos anexo al hotel, congregó no sólo a los empresarios a quienes se suponía iba a dirigirse, sino a un buen número de manifestantes, con lanzamiento de piedras y las correspondientes cargas de la policía antidisturbios para disolverlos.

Afortunadamente, en todas partes cuecen habas, como dice el refrán, y ninguna ciudad occidental queda a salvo de posibles disturbios. Por otra parte, tampoco provocó una especial alarma –por lo menos aparente– entre los asistentes al Forum, más allá algún comentario suelto como “y yo creía que éramos nosotros los que teníamos problemas”, como me dijeron un par de irlandeses.

Lo alarmante es que se produzcan en dos días seguidos y por diferentes causas. Difícilmente vamos a poder convencer a los responsables de las empresas relevantes en la economía digital (300 de los cuales estaban en el Forum) que la ciudad de Barcelona, y España en general, es un lugar donde pueden invertir con toda tranquilidad, o establecer sus filiales o delegaciones territoriales.

El capital es cobarde, y busca principalmente lugares sin sobresaltos; los que vivimos aquí vimos los incidentes como algo excepcional y por fortuna no demasiado peligroso. Pero a más de uno de los visitantes, oír un coche bomba un día, y ver batallas campales entre policía y manifestantes -con furgonetas antidisturbios lanzadas a toda velocidad y disparando botes de humo por la ventanilla como en el Chicago de los años 30- al día siguiente, puede hacerles pensar que es mejor hacer negocios e invertir en lugares más seguros. Como Jerusalén o Chechenia.

Es que es lo que parecía, lo juro.


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