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Hagan juego… online

Pocos sectores disfrutan de un crecimiento tan explosivo en Internet como el del juego online. La proliferación de webs satisface a los múltiples apostantes, con el póker a la cabeza de las preferencias. Acontecimientos deportivos como la SuperBowl o el Mundial de fútbol despiertan también un interés continuo.

Pero, al mismo tiempo, el debate sobre la legalidad y la moralidad del juego en la Red se inició desde la primera apuesta que se hizo en una mesa virtual. Hoy, es ilegal gestionar un sitio de juego online en EEUU, pero ello no es óbice para que allí haya 30 millones de usuarios de estas webs.

Mientras los esfuerzos del Congreso para reforzar las leyes existentes han sido obstaculizados durante años, la industria ha madurado rápidamente, con tal consolidación de jugadores que la prohibición podría devenir finalmente en imposible.

Es una combinación de tecnología de vanguardia, extensión de la banda ancha y un interés sin precedentes por apostar. Los ingresos en todo el mundo subieron desde los 8.500 millones de dólares de 2004 hasta los 10.900 millones del año pasado, según eMarketer. Las visitas a estos sitios también suben como la espuma cada año que pasa: los 30 millones de estadounidenses que jugaron en 2005 son más del doble que los 13,6 millones de 2001.

En la medida en que la banda ancha se extiende como el aceite y la gente es capaz de disfrutar de la gran interactividad de los sitios, que ofrecen una variada gama de sonidos, silbidos, luces, etc, el crecimiento de los sitios de juego seguirá siendo imparable. Para los usuarios, se trata ante todo de una experiencia simpática. Además, los novatos pueden fácilmente adquirir experiencia sin arriesgarse a caer en la insolvencia.

En muchos países, incluyendo Reino Unido y varias naciones caribeñas, el juego en línea es legal y regulado. En cambio, la normativa de EEUU tiende a la ambigüedad. Lo cierto es que actualmente muchos de sitios de juego son propiedad de corporaciones o empresarios individuales. PartyGaming PLC, la mayor empresa del mundo del sector, le ha proporcionado a su fundador una fortuna de 1.800 millones de dólares, según Forbes.

PartyGaming comenzó a cotizar en la Bolsa de Londres en 2005 y, según eMarketer, tuvo 171 millones de dólares en beneficios netos durante dicho ejercicio, un 25,3% más que en 2004. Otras empresas de juego en línea prolíficas son Bodog, Sportingbet, William Hill y Cassava Enterprises. Pero hay cientos de sitios más pequeños que lo pasan bastante mal económicamente. Eso sí, Wall Street invierte dinero en el sector.

Muchos observadores de la industria dicen que las perspectivas de crecimiento son excelentes. Según eMarketer, el sector está a punto de entrar en una nueva fase de consolidación que causará una ola de fusiones y adquisiciones durante los próximos años y un incremento de IPOs por parte de las empresas más fuertes.

Sin embargo, resulta preocupante que la vanguardia tecnológica mundial (EEUU) esté volviendo a la carga en su intención de proscribir totalmente el juego en Internet. De hecho, la mayoría de las grandes entidades financieras estadounidenses ya colaboran en el bloqueo al sector, y casi todas las compañías de tarjetas de crédito –incluyendo servicios como PayPal- prohíben a los clientes hacer transacciones con los sitios de juego. Pero el 51% de los ingresos de la industria en 2004 fue generado en EEUU.

Los partidarios de un acercamiento normativo más amistoso al juego online en EEUU creen que la legalización y regulación de la industria no sólo ayudarían a reducir la aureola de criminalidad asociada, sino que potenciarían la afluencia de ingresos fiscales hacia el Tesoro.


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