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Hollywood, a la caza de piratas universitarios

La industria de la música y el cine continua sin tregua su particular batalla contra todo aquél que piense que la Era Digital significa la abolición de la propiedad intelectual y los derechos de autor. En una carta enviada a los presidentes de más de 2.000 universidades estadounidenses, las asociaciones de discográficas y estudios de cine —la Recording Industry Association of America (RIAA) y la Motion Picture Association of America (MPAA)— junto a otras entidades propietarias de derechos, denuncian que los estudiantes utilizan los recursos de las instituciones educativas para violar la ley federal; esto es: conectarse a Internet y bajar música y películas como a todo trapo.

Este asunto no es nada nuevo. Ya en la temprana edad Napster (finales de 1999-principios de 2000), cuando la RIAA demandó al programa creado por Shawn Fanning, las redes universitarias estaban colapsadas por el enorme flujo de mp3. La industria amenazó a las universidades con una visita a los juzgados y, entre eso y que por sus redes no cabía un alfiler, comenzaron a prohibir el uso de Napster, lo que provocó el movimiento \’Save our Napster\’. Por su parte, músicos como el rapero Dr. Dre o el grupo Metallica demandaron a las universidades en el año 2000 para atajar el intercambio de sus canciones.

Muerto Napster continua la revolución; y los problemas crecen para al industria. Aunque ninguna red P2P aglutine los 80 millones de fans con los que contaba Napster, los frentes se han multiplicado: Gnutella, Freenet, Napigator, Opennap, iMesh, CuteMX, Audiogalaxy (RIP), Gnutella, Morpheus, iMesh, Neonapster, Filetopia, Soulseek, eDonkey, Blubster, Kazaa, WinMX…

\”Estamos preocupados porque un creciente y significativo número de estudiantes están utilizando las redes universitarias para piratear obras protegidas por copyright\”, se lamentan los afectados ante las autoridades universitarias. \”Pensamos que se necesita un gran esfuerzo, disciplinado y continuo, para controlar la piratería\”, añaden.

La RIAA y la MPAA han comenzado la nueva campaña contra el pirateo estudiantil con buenas maneras. Sin el ánimo inicial de llevarlas ante el juez, tratan que las universidades apliquen políticas que prohiban explícitamente la violación del copyright, vigilen su cumplimiento y castiguen a los infractores cuando sea necesario.

La industria insiste en sus argumentos: \”Los estudiantes deben saber que están infringiendo la ley; no hay ninguna diferencia entre [bajarse música de la Red y] entrar en la biblioteca del campus y robar un libro\”.

Sin embargo, las universidades ofrecen acceso a alta velocidad a sus alumnos en numerosas instalaciones, incluidos los propios dormitorios. Y muy poco pueden hacer para que los estudiantes hagan con su conexión lo que les venga en gana.

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