BAQUIA

Hollywood y la guerra de los cibermundos

Mientras Hollywood y los fabricantes de equipos electrónicos tratan de alcanzar un punto de acuerdo desde el que hacer negocios sin que nadie salga dañado (excepto los piratas), la batalla sigue teniendo lugar en los juzgados. Los estudios de cine tiemblan al pensar que el virus nacido con Napster, que ya horada las cuentas de la industria de la música, puede extenderse hacia la distribución de películas.

De hecho, los herederos de Napster son sistemas P2P mejorados, muchos de los cuales permiten el intercambio de cualquier tipo de archivos, vídeos incluidos. Pero la industria cinematográfica brega en varios frentes. No sólo persigue que sus películas vuelen sin control por la Red, también intenta frenar la distribución de dispositivos que con sus capacidades atenten contra los derechos de autor y pongan en peligro su negocio. Desde que se reventase la protección de los DVD, Hollywood ha visto la proliferación de cacharros que llegan a los hogares para aumentar el dominio de los usuarios sobre los contenidos a la vez que merman el suyo. Las retransmisiones en formato digital se pueden almacenar, reproducir sin publicidad, multicopiar sin perder un ápice de calidad y compartir con los amigos.

El tamaño del problema

Cuando aparecieron los vídeos Beta y VHS, la industria del cine se levantó en armas para tratar de evitar que se pudiesen grabar las películas y los más agoreros fijaron el fin de las salas de cine. Grabar filmes de la TV, decían, era una amenaza que costaría miles de millones de dólares a los estudios de cine y les conduciría a la ruina. Sin embargo, los vídeos caseros crearon nuevos productos y consiguieron nuevas fuentes de ingresos para la industria. El problema ahora es el mismo, multiplicado por la calidad de las copias digitales y las posibilidades que ofrece Internet para distribuirlas.

Entre 400.000 y 600.000 copias ilegales de películas se descargan diariamente de Internet, cifra que supone un incremento del 20% respecto al año anterior, según Viant. Aunque todavía existen limitaciones por el tamaño de los archivos de vídeo y las velocidades de conexión —de los 10 millones de piratas que trataron de conseguir copias de las recién estrenadas Spiderman o El ataque de los clones, sólo dos o tres millones consiguieron hacerse con la película completa—, el problema empieza a alcanzar dimensiones preocupantes.

Por eso la Motion Pictures Association of America (MPAA), que agrupa a los grandes estudios de cine, ha vuelto a la carga para proteger sus intereses. Impulsando acuerdos con los fabricantes de equipos, presionando a los legisladores para que contribuyan a atajar la piratería y lanzando hordas de abogados para acabar tanto con dispositivos que constituyan una amenaza, como con sitios web desde donde los internautas acceden a sus títulos a un precio más que accesible.

Campo de batalla: la TV digital

La televisión digital es uno de los ingenios que Hollywood quiere amarrar antes de que se escape definitivamente de las manos. Los agujeros por donde se les escapan los ingresos a operadores de cable y empresas de entretenimiento son numerosos. Primero, se puede piratear la señal de televisión para tener acceso a contenido de pago por la cara. Un creciente número de hackers (o no tan hackers) utilizan sus conexiones a Internet de banda ancha para conseguir, de forma sencilla, acceso a la programación premium de los canales de TV. Y una vez que se consigue el contenido sin pagar —aunque a partir de aquí el problema para la industria es el mismo que si el usuario hubiese pagado una suscripción— se puede seguir ejerciendo de pirata copiando y compartiendo el material protegido.

En el Broadcast Protection Discussion Group (BPDG)—formado el pasado noviembre con el fin de idear fórmulas para que los usuarios no se intercambien programación de TV—, fabricantes de equipos electrónicos y miembros de la industria del entretenimiento firmaron un documento que es más un listado de los problemas que llegan con la Era Digital que un acuerdo para evitar la piratería en las retransmisiones digitales, que era de lo que se trataba. La propuesta entra de lleno en el debate entre el uso legítimo del contenido (retransmisión digital) por parte del consumidor y hasta dónde ese contenido se debe proteger. Según el acuerdo al que llegaron, las dispositivos deberían incluir software para reconocer una \”marca de retransmisión\” que permita a los consumidores hacer copias personales, pero no su distribución por Internet. Pero no salió de ahí una nueva tecnología panacea para combatir el copyright, quizá escaldados por los vanos intentos anteriores.

Se trata de un pequeño paso, ya que \”el BPDG no alcanzó un consenso completo… debido a las diferencias fundamentales entre los participantes\”, según se lee en el documento publicado por el Grupo. En realidad, en lo único que todos estaban de acuerdo es en la necesidad de proteger la televisión digital de la distribución no autorizada, pero no en la forma de hacerlo.

Los estudios de cine y la MPAA confiaban en que su alianza con los fabricantes fuera el punto de partida para impulsar una necesaria legislación anti-piratería, pero de momento sólo han obtenido un cúmulo de opiniones dispares. Los ejecutivos de las empresas tecnológicas piensan que todavía es pronto para adoptar voluntariamente un estándar, y mucho menos para que éste sea impuesto por la ley.

Las partes interesadas están preocupadas por una solución que pueda mermar sus ventas. Sony, por ejemplo, ha sido siempre atacada por los adalides de los derechos de autor como ejemplo de las contradicciones de la industria, porque por un lado enseña la zanahoria (fabricando grabadoras de CD y reproductores de mp3) y por otro arrea con el palo, colocándose la placa de policía del copyright. Los fabricantes de equipos electrónicos, en general, piensan que Hollywood se ha pasado dos pueblos en sus propuestas para combatir a los corsarios. Las medidas de encriptación que propone, aseguran, no permitirían que las grabaciones realizadas con un vídeo digital (DVR) se reprodujesen en los DVD estándar. Persigue que las copias ilegales de DVDs no se puedan reproducir en un lector de DVD común, algo que los fabricantes consideran un paso demasiado grande, hacia atrás, en la evolución de las grabaciones digitales.

En definitiva, se trata de un rompecabezas complejo: ¿cómo frenar la capacidad de la tecnología sin… frenar el avance tecnológico?

Hasta dónde debe llegar la ley

La frustración nacida de la reunión del BPDG, no ha impedido que las partes sigan pensando que hay que hacer algo. Miembros de varias empresas tecnológicas explicaron al subcomité de propiedad intelectual e Internet del Congreso los beneficios de la tecnología anti-piratería, pero a la vez advirtieron del peligro de una legislación amplia.

\”Una acción legislativa, de existir, será más efectiva donde no lesione los incentivos del sector privado en la innovación, dañe la competencia o haga más complicado y costoso para la industria responder a las amenazas de los hackers\”, afirmó el vicepresidente de Microsoft, Will Poole, ante el subcomité. \”Una ley demasiado amplia impulsada por los problemas de la industria podría ser fatalmente lesiva para el crecimiento y diversidad del contenido digital\”, añadió.

Sin embargo, los legisladores está cansados de esperar a que la industria encuentre sus propias medicinas. Ya hace tres meses que el senador Ernest \”Fritz\” Hollings propuso un ley (Ley de Promoción de la Televisión Digital y la Banda Ancha para el Consumidor; CBDTPA), que obligaría a los fabricantes de ordenadores y equipos electrónicos a incluir protecciones anti-piratería en sus dispositivos, entre otras medidas. Pero es difícil encontrar alguna compañía que tema más a los piratas que a la ley. Gateway, por ejemplo, cree que si esa ley sale adelante acabará con las grabadoras de CD.

Esos trastos demoníacos

Mientras siguen las negociaciones y se redactan las leyes, el mundo sigue girando; y la tecnología avanzando. A la velocidad del rayo. Por eso Hollywood sigue combatiendo por su cuenta en los juzgados, al tiempo que las empresas tecnológicas se suben al carro de los nuevos sistemas de distribución nacidos de la Red para no quedar rezagadas.

El último objetivo de la MPAA para combatir el mal es el DVR que comercializa Sonicblue. Los Didital Video Recorders son descodificadores que incluyen un disco duro de gran capacidad para grabar la programación de TV. DVRs, como el TiVO, UltimateTV o el propio ReplayTV de Sonicblue, funcionan con un software específico que permite a los usuarios acceder a las aplicaciones convencionales de un vídeo-grabador y otras muchas: almacenar más de 300 horas de programación, grabar y reproducir saltándose los anuncios y compartir las grabaciones con los colegas a través de Internet.

Los estudios de cine consiguieron que un tribunal obligase a Sonicblue a vigilar las actividades de sus clientes, para certificar que utilizaban el cacharro con un parche en el ojo: que infringían la leyes del copyright grabando, copiando, viendo (sin publicidad) y compartiendo la programación de manera ilícita. Pero ante las quejas del fabricante del ReplayTV, otro tribunal coincidió con él en que el desarrollo de un software para monitorizar a los usuarios era un asunto que se salía completamente de su negocio, le costaría muchísimo dinero y se demoraría demasiado en el tiempo.

Y ahí no queda la cosa. Desairados por la obcecación en llamarles piratas, un pequeño grupo de usuarios del Replay TV, asistidos por la Electronic Frontier Foundation (EFF), ha demandado a 27 empresas de la industria audiovisual (entre los que están grandes como Turner, Disney, Paramount, NBC, ABC, CBS…) para defender su derecho a utilizar todas las capacidades de un dispositivo que se puede encontrar en cualquier escaparate: defienden su derecho a grabar la programación y verla sin publicidad. Solicitan al juez que declare legítimo el uso del ReplayTV, así como que no se le ocurra tratar de capar las capacidades de los dispositivos ya comercializados.

Como quedó claro en la reunión del BPDG, quizá Hollywood se conformase con conseguir, de momento, que se permitiese a los usuarios de DVRs realizar cualquier \’tropelía\’ con las retransmisiones digitales, excepto una: compartir las grabaciones por la Red. \”Aceptamos todo menos Internet\”, parece que defiende Hollywood.

Victorias pírricas

La batalla contra los cacharros se mantiene paralela a la acción contra los sistemas de distribución. Al igual que su prima hermana RIAA (Recording Industry Association of America), la MPAA se ha saltado las fronteras de EEUU para ir a cazar sistemas P2P de intercambio de archivos nacidos a la estela de Napster y sitios web desde donde se ofrecen sus películas sin permiso.

Las pequeñas victorias —hace dos meses consiguió cerrar el website taiwanés Movie88.com y recientemente el iraní Film88.com, desde los que se podían obtener títulos de Hollywood a un dólar— constituyen un esfuerzo dispar entre los medios empleados y los objetivos cumplidos. Si bien la MPPA quiere asustar sentando precedentes sobre \”lo que no se debe hacer\”, el dispendio económico no se compensa colocando piedrecitas en un agujero negro.

Los estudios de cine están en su legítimo derecho de proteger sus inversiones (a ver qué estudio se embarca en una superproducción sin las mínimas garantías de obtener algo a cambio), pero su acción policial para defender un sistema anquilosado no provoca sino el nacimiento de un ejército de enemigos.

La industria batalla contra un posible futuro —\”hemos visto el futuro, y es terrorífico\”, dice un ejecutivo de la MPAA— en el que no va a poder vivir tan bien, a no ser que el devenir de las cosas cambie. Pero, de momento, el roto que provocan en sus finanzas los dos millones de internautas que se han bajado Spiderman (y que muy probablemente han ido al cine a verla) no da ni para repasar el techo de sus mansiones californianas.

Temas relacionados:
  • Hollywood vs. the Internet Reason Online
  • Piracy, or Innovation? It New York Times (previa suscripción gratuita)

  • Compartir en :


    Noticias relacionadas

    Recomendamos




    Comentarios