BAQUIA

IBM y Microsoft tienden sus redes sobre Silicon Valley

Los gigantes tecnológicos han salido de caza por Silicon Valley. Sus presas: compañías pequeñas y nuevas. Dos de los depredadores más importantes son Microsoft e IBM, cada una con la esperanza de unirse —y a veces también adquirir— a empresas prometedoras que hacen programas y otros productos para firmas más grandes, informa The Wall Street Journal.

En una reunión a puerta cerrada con inversores de capital riesgo, celebrada en mayo en Silicon Valley, Steve Ballmer, presidente ejecutivo de Microsoft, se jactó de haber comprado veintidós compañías en el último año. Por su parte, IBM realizó dieciséis de estas adquisiciones en 2005.

Esto les sonó a música celestial a los inversores, porque ellos recaudan sus ganancias sólo cuando las compañías que han comprado salen a bolsa o son adquiridas por otras más grandes.

Y como en estos días el mercado de oferta pública de acciones languidece, las nuevas empresas —y sus financiadores— están más que deseosas de unirse a socios importantes.

Wes Raffel, socio de la firma de capital riesgo Advanced Technology Ventures, dice que tanto Microsoft como IBM tienen sus arcas llenas para esta guerra de compras. “Y son las empresas nuevas que ya trabajan con ambas las víctimas más probables a largo plazo”, añade.

Yahoo y Google también están siguiendo esta tendencia de compras en la zona, aunque con intenciones diferentes a las de los fabricantes de software. Estas compañías se están concentrando en las firmas pequeñas con el fin de expandir la gama de servicios que ofrecen en la Red: envío de fotos, mapas interactivos e interfaces para blogs.

Pero el objetivo de Microsoft e IBM es encontrar pequeñas firmas recién lanzadas que usen su tecnología y lograr que se unan a ellas para crear nuevos servicios para empresas, pese a que Microsoft también se dedica actualmente al sector del consumidor.

Sin embargo, convencer a estos pequeños negocios para que utilicen las tecnologías —a menudo más caras— de Microsoft o IBM puede ser más difícil debido a la existencia de alternativas tan baratas que son comparadas con los programas de código abierto, que se pueden descargar gratuitamente de Internet.

Peter Yared, ex-ejecutivo de Sun Microsystems, cuenta cómo se sorprendió hace dos años cuando tres ejecutivos de IBM se presentaron en su oficina con la intención de averiguar más acerca de su incipiente empresa de software, llamada ActiveGrid. “Pensé, ¿qué diablos está haciendo IBM aquí, reuniéndose con una compañía que sólo tiene un empleado?”, recuerda.

Desde entonces, un representante de IBM visita la compañía cada tres meses para ofrecer su soporte técnico al programa de ActiveGrid, que ayuda a las grandes corporaciones a crear desde funciones de ventas a directorios telefónicos online para los empleados.

Ahora, ActiveGrid se vale del prestigio y la seguridad de su unión con IBM para vender su programa a compañías tan grandes que incluso integran la lista de las quinientas más importantes de la revista Fortune. IBM, a su vez, se beneficia en que este acuerdo ha hecho que su producto de base de datos sea más atractivo, asegura Deborah Magid, una directiva del gigante tecnológico.

Dan Lewin, el máximo representante de Microsoft en Silicon Valley, también ha cosechado algunas victorias. En 2003 convenció a una firma llamada AtHoc para que construyera su software con la tecnología dot-net de Microsoft, en vez de utilizar la base de datos de Oracle.

El cambio sería costoso, pero los beneficios a largo plazo compensarían la inversión. El aliciente que convenció a AtHoc fue que Microsoft le ofreció servicios de consultoría gratuitos, cuenta Guy Miasnik, presidente ejecutivo de la pyme. Un año más tarde, esta unión le ha servido para conseguir importantes contratos, como el que ha firmado con la fuerza aérea de EEUU por valor de dos millones de dólares.

El éxito de IBM y Microsoft en su campaña de compras se debe a su gran tamaño y a sus recursos financieros. “Cuando llegamos a este escenario, las empresas ni siquiera nos devolvían las llamadas”, cuenta Claudia Fan Munce, que dirige el grupo de capital riesgo del Gigante Azul. “Hoy es un ambiente totalmente diferente”, dice.


Compartir en :


Noticias relacionadas

Recomendamos




Comentarios