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ICANN: la cuadratura del círculo

La Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (ICANN), el organismo privado y sin ánimo de lucro que tiene por función la administración de los recursos técnicos de la Red, es otra vez blanco de los críticos que la acusan de falta de legitimidad y de arbitrariedad en sus decisiones.

La culpa la tiene el estudio hecho público por el ALSC (At-Large Study Committee), un comité al que la ICANN otorgó un mandato para examinar el concepto, estructura y proceso de selección del cuerpo electoral At-Large, cuyas conclusiones contradicen las promesas hechas por la ICANN al gobierno estadounidense en varias ocasiones.

Si inicialmente habían de ser nueve los consejeros elegidos de entre los miembros de ese cuerpo electoral (representantes a su vez de la totalidad de los navegantes), el ALSC sugiere que sean únicamente seis, escogidos sólo por los titulares de dominio. Estas sugerencias han sido rechazadas por diez organizaciones no gubernamentales e instituciones académicas en un estudio paralelo, también presentado durante la semana pasada.

En el fondo del debate se discute lo que la ICANN interpreta por coordinación por \”consenso de la comunidad\” (la ICANN necesita de la cooperación voluntaria de todas las partes integradas) y los límites de sus atribuciones, inicialmente técnicas y que hoy se adentran en el terreno político.

¿Cómo ha de articularse ese consenso? ¿Quiénes son la comunidad? ¿Cómo resolver la discrepancia entre las atribuciones y los fines de la ICANN?

Estas preguntas restallan, todavía sin respuesta y desde hace tres años, en los oídos de todos los que se ven afectados por sus decisiones.

No es lo mismo la mitad que un tercio

Los dos informes reconocen que las funciones originales de la ICANN, limitadas a aspectos de coordinación técnica, han sido ampliamente superadas. Este organismo ha asumido así otras funciones de carácter político (establecimiento de medidas para favorecer la competencia entre registradores, aprobación de políticas de resolución de conflictos de dominio, elección de los nuevos dominios, etc.) que exigen, para que exista un verdadero consenso, de una representatividad más equilibrada de todas las partes.

Ello hace que sea necesario aumentar la voz en el Consejo de Dirección de la ICANN de quien hoy apenas tiene participación en él, es decir, de la población internauta, para reforzar así la legitimidad de la institución. La discrepancia, por tanto, no se haya en este punto, sino en el grado de representación y en la estructuración del proceso de elección.

En cuanto al primer aspecto, hace falta remontarse a los orígenes de la ICANN. Su primer consejo, elegido a dedo, nació con la promesa de ser renovado al cabo de un año. Después de ese periodo de transición (acababa de morir John Postel, cerebro que diseñó la creación de un organismo independiente que gestionara la arquitectura técnica de la Red) se elegirían diecinueve miembros. Nueve de ellos serían elegidos por las organizaciones de apoyo (las relacionadas con los dominios, DNSO; protocolos, PSO; y direcciones IP, ASO), nueve escogidos de un cuerpo electoral que debía representar a la totalidad de los navegantes, y el presidente (actualmente, Vinton G. Cerf, uno de los padres de la Internet).

Esto, que quedaba muy bonito sobre el papel, era sin embargo complicado de llevar a la práctica, especialmente en la definición del concepto y la estructura del cuerpo electoral At-Large, del que debía salir la mitad del consejo. Después de muchos tiras y aflojas y de diseñar un procedimiento electoral (al principio de elección indirecta y, tras las protestas, luego de elección directa) criticado por muchos y que adoleció de graves deficiencias técnicas (caídas de los servidores, dificultades de registro, etc), finalmente se celebraron las elecciones en octubre de 2000. En ellas, y por un motivo nunca bien explicado, los navegantes propusieron y eligieron tan sólo cinco de los nueve puestos del consejo a los que en teoría tenían derecho.

Para tomar parte en las elecciones se registraron inicialmente 176.849 navegantes, aunque sólo se dieron como válidas 143.806 altas. De ellos sólo 76.183 completaron el proceso de validación, votando finalmente 34.035 (pertenecientes en un 52% a la región asia-pacífico), una cantidad que le sirve a la ALSC para concluir que el interés de los navegantes por participar en la gestión de la ICANN es ínfimo.

Una vez concluidas las elecciones, la ICANN encargó a la ALSC, del que forman parte personajes de la talla de Carl Bildt, antiguo primer ministro sueco y representante del Secretario General de Naciones Unidas en los Balcanes, o Esther Dyson, antigua presidenta de la ICANN, un estudio sobre el concepto, estructura y proceso de elección del cuerpo electoral At-Large. Algunos analistas interpretaron anticipadamente (y acertadamente) esta medida como un intento de la ICANN por retractarse de sus objetivos fundacionales, impidiendo al cuerpo At-Large la elección de los cuatro directores restantes.

Las polémicas conclusiones de la ALSC, hechas públicas la semana pasada, aconsejan elegir únicamente un tercio del consejo (seis miembros, uno más de los que ya poseen) entre los miembros del cuerpo At-Large. Según la ALSC, la mejor forma de asegurar la estabilidad de la Red y de servir al interés público es \”organizar la ICANN según líneas funcionales de desarrolladores, proveedores y usuarios\”. En esta nueva estructura, y según palabras de la ALSC, no existe suficiente consenso para otorgar a los usuarios la mitad de los puestos del consejo. Si así se hiciera, se rompería el equilibrio entre esos tres grupos.


El actual Consejo de Dirección (Board of Directors) está formado por cinco miembros At-Large, tres DNSO, tres PSO, tres ASO, el chairman, Vinton Cerf, y otros cuatro miembros del consejo inicial, que están a la espera de ser reemplazados

Este cuerpo electoral tendría cabida en el seno de la ICANN no sólo a través de la elección de seis directores, sino también mediante la constitución de una nueva organización de apoyo (At-Large Supporting Organization o ALSO), estructurada en torno a seis consejos regionales (uno por demarcación territorial) y uno global (formado por dos miembros de cada consejo regional).

La propuesta de reducir el número de directores elegidos por los navegantes es rebatida tanto por parte de algunos de los miembros del actual consejo (especialmente por Karl Auerbach, el director escogido a finales del año 2000 por los navegantes de la zona norteamericana) como por numerosas organizaciones no gubernamentales e instituciones académicas.

Diez de ellas han elaborado un informe paralelo (NGO and Academic ICANN Study) que aboga por una representación paritaria entre particulares y empresas y exige la constitución de una estructura funcional que articule la voz de los particulares (algo parecido a lo que propone la ICANN con la ALSO). Los responsables de este informe, que alaban la labor de la ICANN en las pasadas elecciones, sostienen que actualmente el equilibrio de poder se inclina excesivamente hacia las otras tres organizaciones de apoyo. Éstas representan principalmente intereses comerciales y permiten una participación muy residual de los particulares. La idea fundacional de establecer una coordinación por consenso de abajo arriba (bottom-up) se ha invertido y es el Consejo y sus comités quienes terminan imponiendo sus políticas al resto.

Teóricamente, la ICANN sólo puede imponer sus normas mediante acuerdos con registros y registradores, que están obligados a poner en práctica aquellas normas establecidas por consenso. Éste ha de ser documentado mediante un escrito que detalle su alcance, el procedimiento utilizado para recabar la mayor diversidad de opiniones posible y la naturaleza e intensidad del acuerdo y la oposición sobre las políticas propuestas. Las propuestas, además, han de ser ratificadas por al menos dos tercios del consejo de la organización de apoyo encargada de examinarlas. Sólo entonces puede el Consejo de Dirección aprobar las políticas. De ahí la importancia que tiene para los usuarios disponer de una estructura a través de la cual articular sus propuestas (y manifestar su descontento) y de una representación proporcional en el Consejo.

Para no socavar la legitimidad de la institución, y dado que se requieren dos tercios del Consejo para modificar los estatutos de la ICANN, el informe independiente exige que los puestos del Consejo se repartan por igual y que una de las partes necesite de la aquiescencia de la otra en la toma de decisiones importantes.

¿Quiénes podrán votar?

En las elecciones de octubre de 2000 podía registrarse como votante todo aquel poseedor de una dirección de correo electrónico. Para la ALSC este sistema se ha demostrado costoso (se enviaba a todos ellos una carta con un número de identificación) y abierto al fraude y la manipulación. Además, continuar con este sistema haría imposible obtener una \”participación informada de todos los poseedores mundiales de direcciones de correo electrónico en el desarrollo de políticas y la toma de decisiones\”.

El informe se plantea y descarta otras alternativas, incluyendo la participación del público vía organismo intergubernamental (cuyos representantes están elegidos por los gobiernos y éstos por el pueblo), y termina escogiendo la titularidad del un dominio como fórmula de identificación. Es decir, los potenciales electores serán todos aquellos poseedores de un dominio que se registren y paguen una cuota para ejercer como tales.

Esto reduciría el cuerpo electoral de 500 millones de personas a tan sólo 41 (30 millones de dominios genéricos y 11 nacionales) y permitiría involucrar a los registradores, a través de los contratos de registro de dominio, en la creación de un cuerpo At-Large. La ALSC considera que los poseedores de dominio tienen un legítimo interés en la gestión de la ICANN, algo que para esa comisión está por demostrar para quienes carecen de él. Para la ALSC, \”la participación debe ir de la mano de la representación\”.

Las organizaciones no gubernamentales y académicas se oponen a este planteamiento y piden que se dejen las cosas como estaban. Según datos de VeriSign, el 80% de los dominios están registrados por empresas. Dar un voto a cada titular de dominio desequilibraría nuevamente las cosas a favor de las corporaciones y no de los particulares. Las empresas con ánimo de lucro o sin él, como bien señalan algunos, ya tienen representación en los otros grupos de apoyo.

Además, la titularidad o no de dominio no garantiza el interés del ciudadano. Dar voto a los primeros sería equiparable a que los gobiernos dejaran votar únicamente a quienes fuesen miembros de un partido político.

La labor de los críticos, en los últimos tiempos, ha servido para que la ICANN haya aumentado la trasparencia de sus procesos, al abrir sus reuniones al público y ofrecer una ventana a la participación ciudadana.

A la vista de las discrepancias entre las conclusiones de ambos estudios, puede argumentarse que no existe todavía un consenso generalizado sobre la composición del cuerpo At-Large y el proceso de elección de sus directores. La reunión de la ICANN esta semana en Montevideo y sobre todo la que tendrá lugar en Marina del Rey, California, a mediados del mes de noviembre, deberán servir para comprobar si las políticas de la ICANN son transparentes y buscan ese consenso del que tanto se jacta en sus escritos.

O bien si el Consejo de Dirección de la ICANN (así como algunos de los grupos de interés de los que están compuestos las actuales organizaciones de apoyo) vuelve a arrogarse privilegios que nunca le fueron concedidos, aprobando lo que le da la gana y constituyéndose así en una suerte de gobierno democrático y no en un organismo receptor del consenso de la comunidad.


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