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ICANN tiene otra oportunidad

El Departamento de Comercio (DoC) de Estados Unidos no está muy contento con el trabajo de la ICANN, organismo encargado de la gestión de los dominios de Internet, pero le ha mostrado sólo tarjeta amarilla y prorroga por un año la concesión para que maneje los hilos de la Red, a pesar de las acusaciones que pesan sobre él, que lo tachan de poco representativo e ineficaz.

En el comunicado en el que se anuncia la decisión de extender el contrato a la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers, el DoC anuncia a la vez su decepción por los progresos de la ICANN. Sin embargo, como quiera que la ICANN ha estado recientemente embarcada en un complicado complejo de reestructuración —de redefinición, más bien—, EEUU le concede un poco más de tiempo para que demuestre que es capaz de llevar con tino las riendas de la Red.

Hasta septiembre de 2003, la directiva de ICANN mantiene el empleo, pero a cambio debe cumplir con la agenda que marca el Departamento, que incluye la apertura de sus procesos de decisión para que representen mejor los intereses de los internautas, a la vez que se le exige que se convierta en un asesor eficiente para los Gobiernos. Además, ICANN tendrá que dar parte trimestralmente de sus avances al DoC, que deberán convencerle de la trasparencia de sus cuentas y del cumplimiento de su responsabilidad para con accionistas de Internet, Gobiernos y respecto la seguridad de Internet.

El gobierno Clinton encargó a ICAAN, en 1998, controlar el sistema de servidores raíz, asignar los parámetros de los protocolos de Internet y sobre todo gestionar el sistema de nombres de dominio (DNS) y de asignaciones de direcciones IP. A medida que Internet aumentaba su presencia en el planeta, las críticas sobre este organismo sin ánimo de lucro se redoblaban. Los Gobiernos recelaban de su excesivo poder (sobretodo EEUU que era el que se lo había concedido), los internautas creían que era poco representativo y tampoco se aprobaba su trabajo meramente técnico, para el que nació en un principio. De hecho, desde que muriera Jon Postel, brillante cerebro detrás de la Internet Assigned Names Authority (IANA), precursora de la ICANN, la legitimidad del organismo se arrastró por los suelos.

Desde entonces todo fueron problemas, la mayoría de ellos políticos: aunque se insistía en que ICANN era un organismo de gestión tecnológica, se le exigía hacer política democrática como Gobierno de Internet. Los terremotos internos de la organización conducen a impulsar una imprescindible reorganización que, desgraciadamente, conducen, bajo la presión de EEUU, a devolver el poder a los Gobiernos, cuyos representantes se irán sentando en las sillas directivas en detrimento de los elegidos directamente por los internautas.

ICANN ha defendido su papel de organismo independiente y de la necesidad de tomar decisiones políticas para que funcione la Red. Pero ya nadie se muestra dispuesto a que tome las decisiones a puerta cerrada y no justifique cada uno de sus gastos. Aunque el DoC considera que la reforma en que está inmerso justifica otra oportunidad, la falta de cumplimiento de sus tareas básicas, tales como asegurar el buen funcionamiento de los 13 servidores raíz que sostienen el sistema de dominios, le obligará a vigilar con lupa su actuación.


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