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¿Importan realmente las TIC?

El artículo IT Doesn’t Matter, publicado en mayo de 2003 por Nicholas Carr en Harvard Business Online puso en escena el debate sobre si las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC) se han convertido en una commodity. En su artículo, Carr argumenta que al igual que sucedió con el ferrocarril o la energía eléctrica en su primera etapa de desarrollo, el acceso a estas tecnologías llamadas de infraestructura otorgaba importantes ventajas competitivas. Pero en la medida en que aumenta la disponibilidad de estas tecnologías y disminuye su coste, pasan a ser factores corrientes de producción, o, en términos económicos, commodities, cuyo servicio se comercializa bajo el modelo de utilities.

La información: el valor más importante

En su controvertido artículo, Carr sostiene que las TIC son incapaces de generar ventajas competitivas a largo plazo, y niega que las empresas puedan diferenciarse gracias a ellas. Considera las TIC como tecnología de infraestructura, es decir, aquella que se utiliza para procesar, almacenar y transportar información de manera digital. Estos recursos tangibles son fáciles de copiar y de adquirir, de tal manera que se podrían considerar de escaso valor estratégico.

Sin embargo, también es sabido que las TIC aportan otros recursos intangibles que son difíciles de copiar y escasamente disponibles en el mercado, como la generación de conocimiento, la creación de sinergias, la gestión del “saber hacer” o la transformación de los procesos de negocio. Las empresas que invierten en TIC adquieren recursos tangibles, pero cuando los utilizan tienen la posibilidad de generar recursos intangibles que pueden ser origen de importantes ventajas competitivas.

Por lo tanto, el que las TIC puedan generar ventajas competitivas dependerá del uso que se haga de la información que es propiedad exclusiva de cada empresa. Dependerá de la capacidad de desarrollar usos novedosos de la información. Dependerá de la capacidad de potenciar los flujos de información con los proveedores, clientes, socios y empleados.

El peso específico de los sistemas y programas informáticos donde se centraban tradicionalmente las TIC se ha desplazado hacia una visión más moderna, donde han ido cobrando mayor importancia las personas que hay detrás de cada ordenador y la información generada a través de las relaciones con otros empleados y/o terceras personas.

Tecnología propietaria vs infraestructura

Hoy en día no cabe duda del potencial de las TIC para transformar la economía y la sociedad en general. Sin embargo, este carácter revolucionario de la tecnología no ha sido exclusivo de las TIC. Por ejemplo, en el pasado la electricidad llegó a ser revolucionaria para la sociedad cuando dejó de ser una tecnología propietaria, utilizada sólo por unos pocos, y en su lugar pasó a estar disponible en todos los sitios (ubicua) y compartida por todos. En definitiva, se convirtió en una infraestructura. Es decir, para las empresas supone un coste más a ser gestionado antes que una ventaja sobre los competidores.

La cuestión es si las tecnologías emergentes se convertirán en propietarias o en infraestructuras abiertas

Sólo en las primeras etapas de una nueva tecnología, y sólo para las pocas compañías que encuentran un uso propietario de la misma, se puede considerar que el elemento innovador representa una ventaja competitiva, que dura más o menos tiempo.

No le falta razón a Nicholas Carr en su artículo a tenor de la importante disminución del coste del hardware y de los cuatro grados de libertad que nos aporta el mundo del Software Libre (libertad de correr el programa para cualquier propósito; libertad de estudiar cómo funciona el programa y adaptarlo a las necesidades de cada empresa; libertad de redistribuir copias; libertad de mejorar el programa y liberar públicamente las aportaciones para el beneficio de toda la comunidad).

Incluso la impresionante avalancha que inunda todos los días la prensa técnica sobre las nuevas tecnologías que van a golpear el mercado (desde los dispositivos inalámbricos, las mallas de ordenadores, los web services, las etiquetas de identidad de radiofrecuencia, etc.) son dignos de tener en cuenta. Pero la cuestión es si todos estos avances se convertirán en tecnologías propietarias o infraestructuras abiertas.

La reutilización del código (aprovechar lo que otros ya han hecho) y la facilidad de copia por los competidores han revolucionado por completo las TIC. Esto está provocando que las empresas tecnológicas se replanteen su modelo de negocio, basado en la venta de licencias, para evolucionar hacia el ofrecimiento de servicios con personal altamente cualificado y un equipo multidisciplinar.

La comercialización de las TIC

A pesar de que el hardware tienda a convertirse en una commodity al cabo del tiempo, el software sin embargo, como la música o la poesía, guarda un enorme potencial de creatividad, de innovación y adaptabilidad. Pero lo que importa en este entorno tan dinámico no es si un programador desde cualquier parte del mundo lanza un nuevo código revolucionario, sino cuánto tarda éste en estar disponible y ser adoptado por el resto de la comunidad para aprovechar su ventaja.

Para el resto de commodities, como sucede con la electricidad, el proceso de producción se sustenta en la fuerte inversión en infraestructuras tecnológicas que sólo los gobiernos y las grandes compañías pueden realizar. Por el contrario las TIC, como los servicios, son provistas por un gran número de proveedores, con poco personal altamente cualificado y multidisciplinar, muy enfocados el cliente y al tipo de tecnología, y donde el poder tecnológico reside en el conocimiento y experiencia adquiridos, más que en los sistemas de producción y en el componente de hardware de las infraestructuras.


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