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Jaime Martín-Oar y Alvaro Polo: ciudades, cocos y noticias

A veces se habla del poco espíritu empresarial de los españoles. Sin embargo, hay gente empeñada en desmentir el tópico. Entre ellos, Jaime Martín-Oar y Alvaro Polo, una versión latina de Jim Clark, no tanto por la fortuna sino por el número de proyectos de Internet en el que se han embarcado. Primero fue CiudadFutura, después Cocotero.com y por último Enlaprensa.com. A la primera lograron convertirla en la comunidad virtual española más visitada de la Red. La vida de las otras dos es más corta, pero no menos intensa.

Su receta para el éxito, puesta en boca de Jaime Martín-Oar, parece fácil: escuchar lo que dicen los usuarios y obrar en consecuencia. Utilizando, para ello, las bondades de la Red.

La génesis de una ciudad virtual

Jaime, un abogado que nunca llegó a ejercer la profesión y que fue rápidamente absorbido por el mundo de la informática, entra en contacto con el mundo de la Red allá por el año 93 o 94. El Paleolítico Superior, para la mayoría de los navegantes actuales. Lo hace a través de la empresa para la que trabajaba y que entre otras cosas vendía productos de conectividad TCP/IP para máquinas de diversos fabricantes.

Poco a poco, Jaime va adentrándose en los vericuetos de ese nuevo mundo, por entonces mayoritariamente científico y con pocas utilidades. Son los tiempos en los que comienza a tomar forma la Internet que hoy conocemos y en los que surgen los primeros proveedores de acceso (Compuserve, Goya, etc.) en España. Hasta entonces, los servicios se utilizaban de forma rudimentaria y predominaban los BBS (Bulletin Board Service), cada uno con su estructura particular. La simplificación y unificación de estándares abre un nuevo mundo lleno de posibilidades.

Sin las ideas muy claras sobre qué hacer, Jaime deja su trabajo y junto con Alvaro, físico y amigo suyo de antaño, comienzan a ofrecer desarrollos a medida para el entorno Internet. Son los años 95/96, y hay muy pocas empresas con la capacidad de entender lo que trataban de venderles. Como dice Jaime, \”el negocio marchaba muy mortecinamente\”.

Sin embargo, poco a poco van juntando toda una seria de productos que desarrollan como afición o como vehículo promocional (\”nos sobraba tiempo\”, confiesa Jaime) y que tienen mucha aceptación entre los pocos que accedían a Internet.

En el año 96 caen en la cuenta de que, sin comerlo ni beberlo, han creado algo que tiene valor en si mismo: un conjunto de cosas aparentemente deslavazadas y con poca relación que sin embargo juntas terminan potenciándose las unas a las otras. Los componentes nacen de los intereses particulares de cada uno. Una escuela de música (Raquel, la entonces novia y hoy mujer de Alvaro, es pianista), un sitio de humor llamado la Bolera (a Alvaro le gusta ejercer de cómico en sus ratos libres), una página de astrología, etc. La idea de agruparlo todo es de Raquel. Accidentalmente, da vida al precursor de los modernos portales generalistas.

Desde el principio, y este fue uno de sus grandes aciertos, son conscientes de la necesidad de proporcionar interactividad. El chistométro, incorporado en su canal de humor, permite a los navegantes escribir y publicar sus propios chistes al tiempo que son valorados por el resto. Como afirma Jaime, por aquel entonces, y pese a la escasa complejidad técnica de los programas, esos servicios eran revolucionarios en el mercado español.

Finalmente, deciden articularlo todo alrededor de la idea de ciudad, lugar en donde puede encontrarse de todo.

Tocar el cielo con los dedos

Nace así CiudadFutura en septiembre de 1996, una comunidad virtual con charlas, anuncios y foros de discusión. Con tan sólo unas pocos edificios en sus comienzos, pronto se convierte en una gran urbe. Todo con tres personas, al principio únicamente Raquel y Álvaro, trabajando en un pequeño cuarto de la casa de este último (como dice risueño Jaime, \”los garajes en Madrid son muy caros\””) y sin apenas recursos. A pesar de la precariedad de medios, el planteamiento no es el de unos cuantos chavales que crean algo por accidente, sino que se trata de un proyecto sólido y estructurado que se quiere hacer rentable, aunque haya que esperar años.

A sus manos enseguida se unen muchas otras. La idea de que los usuarios creen su propio contenido tiene una aceptación inesperada. Incluso los propios navegantes, como dice Jaime, terminan siendo contenido, como sucede en los chats.

No ser capaz de prever esta reacción de los particulares fue uno de los grandes errores de los medios de comunicación tradicionales, que teniéndolo todo a favor para ganarse el favor y la fidelidad de sus lectores se limitaron a volcar su contenido en formato digital. Echándose luego a dormir.

Con servicios sencillos como el Club de la Amistad, una base de datos en donde los usuarios se registran y que pronto gestionan y actualizan, CiudadFutura se convierte en el nodo español más visitado del mundo. En 1997, ya tienen entre 6 y 7 millones de páginas vistas al mes. Su única competencia en lengua española se reduce a Starmedia en Latinoamérica y Olé en España.

A pesar del apoyo externo, no tardan en verse desbordados por el volumen de contenidos. Deciden buscar a otra gente que les ayude, pero no puede pagarles. Estos, hasta 300, construyen sus casas y desarrollan nuevos barrios dentro de CiudadFutura. Siempre conservando un nivel alto de calidad.

Los ingresos publicitarios en 1997 son modestos y han de repartirse entre todos. A finales de ese año comienzan a buscar financiación en España. Pero han de esperar más de seis meses, con la OPV de Starmedia, para despertar el apetito de los inversores. Y estos, más que interesados en ayudar, quieren comprarles el negocio. A comienzos de 1999 Yupi, un portal hispano con menor tamaño y mucho más capital, les ofrece una oferta que no puede rechazar, al ponerles infraestructura y recursos encima de la mesa. No venden por tanto por el dinero (los datos de la venta nunca fueron hechos públicos), como por la posibilidad de desarrollar el proyecto de una forma más rápida.

Pero las diferencias con los nuevos dueños no tardan en surgir y después de un tiempo trabajando juntos, en la segunda mitad de 1999, se separan de Yupi y retoman su andadura en solitario.

El precio del contenido

Para Jaime, el modelo de CiudadFutura, que ahora no se parece en nada a lo que tenían en mente, sigue siendo válido. Eso en un momento en el que se cuestionan los negocios financiados únicamente a través de publicidad. De hecho, en el momento de separarse de Yupi, CiudadFutura ya es rentable. Gracias, entre otras cosas, a una estructura de costes mínimos y a un modelo basado en contenido proporcionado por los propios lectores (como sucede con otras conocidas publicaciones como Slashdot o Barrapunto).

A este respecto, Jaime predice, en función de lo que ya está sucediendo, una industria de Internet sostenida gracias a una publicidad mucho más agresiva. Todo es cuestión, según él, de alcanzar un equilibrio entre contenido y publicidad, de la misma forma que antes lo hicieron las publicaciones escritas y cadenas de televisión. El hecho de que estas últimas sean rentables, aun habiendo sometido al usuario a una progresiva saturación publicitaria, es una prueba de que el modelo es válido.

Jaime augura una Internet bicéfala en la que convivirán los contenidos de pago y los gratuitos. A pesar del enorme número de nodos en la Red, muy superior al de cadenas de televisión, el usuario estará dispuesto a pagar por los contenidos de calidad. Y el pago podrá ser monetario o en forma de mensajes publicitarios.


Jaime Martín-Oar, cofundador de CiudadFutura, Cocotero.com y Enlaprensa.com

Sin atreverse a delinear con exactitud el contorno de ese futuro, Jaime pone el dedo en lo evidente: las actuales fórmulas publicitarias no sirven para sostener la industria de contenidos y servicios. Mientras se llega a un equilibrio entre las necesidades de los nodos y la renuencia del navegante a desembolsar ni un solo dólar por el contenido, y en ausencia de financiación externa, muchas empresas perecerán. Entre ellas, muchas que merecerían vivir, asegura el empresario.

Para él, y este es un debate que admite opiniones muy contrapuestas, la resistencia del navegante no es infinita. Ofreciendo calidad, los medios podrán generar una necesidad que el usuario estará dispuesto a satisfacer aun pagando por ello. Los nodos irán estudiando el comportamiento del lector y adaptando su contenido para hacerlo de pago.

Los nuevos proyectos

Aunque, todo hay que decirlo, el negocio del contenido ya no es la batalla de estos empresarios españoles.

Una vez abandonado CiudadFutura (primero Álvaro y después Jaime), la fiebre de Internet sigue latiendo en ellos, por lo que crean dos nuevas compañías: Cocotero.com, en marzo de 2000, y Enlaprensa.com, unos meses después.

Cocotero.com, un proveedor de servicios y contenidos de entretenimiento para los usuarios de dispositivos móviles, responde a su percepción de que una gran parte del desarrollo de Internet habrá de pasar por este tipo de plataformas. Para Jaime, tanto PDAs (el nombre de Cocotero.com deriva del de Palm) como teléfonos móviles evolucionarán hacia un solo terminal capaz de realizar docenas de funciones.

El teléfono móvil se convertirá en una herramienta personal insustituible y complementaria del PC que exigirá un alto grado de personalización. Esto último es importante: las necesidades de los usuarios son diferentes y las interfaces también. Las similitudes la Internet móvil y la fija se limitarán a su funcionamiento sobre una misma estructura básica. Los servicios, como saben bien los usuarios japoneses de iMode, serán distintos. Y al igual que sucedió con la Internet fija, donde los usuarios se inclinaron por nuevos servicios dinámicos e interactivos como el chat, el éxito le llegará a quienes sepan encontrar aplicaciones específicas para el nuevo canal.

Para Jaime, Internet tiene una gran ventaja que debe ser aprovechada: es un medio interactivo en el que el feedback del usuario es inmediato. Los productos y servicios pueden ser constantemente readaptados y mejorados, acortándose así el ciclo de creación de producto.

Esta es, según Martín-Oar, la principal conclusión sacada de la travesía por CiudadFutura. Los usuarios están dispuestos a contarte lo que les gusta y lo que no. Más que una estructura corporativa rígida, el empresario de Internet lo que necesita es unas orejas \”así de grandes\”, dice Jaime mientras separa sus manos exageradamente. Ese es el papel de Cocotero.com en el entorno de la telefonía móvil. Alguien con una estructura pequeña y flexible (15 personas) que pueda adaptarse rápidamente para ofrecer al cliente lo que este pide, principalmente en el ámbito del entretenimiento.

Al contrario que CiudadFutura, Cocotero.com (como sucede también con Enlaprensa.com) nació con el apoyo de capital externo. Su modelo de negocio se estructura en función de dos fuentes principales de ingresos: los contenidos de pago (que requieren un desarrollo técnico mayor al que todavía no ha llegado el mercado y para lo que habrá también que educar al usuario) y la publicidad, que Jaime cree podrá tener un fuerte contenido local aprovechando la movilidad.

Hoy en día, cuentan con dos productos básicos: una guía de navegación móvil y un emulador para educar a los que no tienen móvil sobre lo que les viene encima. A ellos hay que añadir los juegos y otros productos que integran voz y datos, como un chat de voz que esperan lanzar próximamente.

A pesar de la elevada penetración del móvil Jaime señala tres factores que ralentizan su desarrollo. Primero, el coste de las tarifas, que resulta del todo insostenible. Preguntado por el canon con el que el gobierno quiere gravar a las operadoras, Martín-Oar cree que terminará siendo imputado a los usuarios.

Segundo, la limitación de contenidos y servicios. Al usuario se le ha prometido el oro y también el moro (y la navegación en Internet), sin pensar que demanda servicios específicos. Mientras que en Japón hay 20.000 empresas dedicadas a diseñar productos, aquí estamos en mantillas. Por último, el aspecto técnico. La tecnología GSM tiene una capacidad de transmisión de datos limitada frente a otros canales.

Además, Jaime incide sobre el peligro de que las operadoras, que ya controlan las redes, también terminen controlando los contenidos y los servicios y la información. No en vano todas ellas ya cuentan con sus propias plataformas. Las operadoras, como defiende el empresario, no deberían simultanear contenido y transporte. Esto opacidad del mercado limita fuertemente su desarrollo. El gobierno debería asegurar la competencia en este segmento, si bien su papel debería ser lo menos relevante posible.

Todos distintos, todos iguales

El último proyecto de Alvaro y Jaime, enlaprensa.com, es más sencillo. Estructurado en dos partes, una gratuita y una de pago, permite hacer un seguimiento de las noticias publicadas por los medios de comunicación. Los usuarios pueden buscar por temas, personajes, sectores, etc. y recibir las noticias por correo electrónico. La búsqueda se realiza mediante un robot con tecnología similar a la de un buscador. Este servicio, completamente personalizado, tiene ya más de 10.000 usuarios.

Aparentemente, es un negocio muy diferente a Cocotero.com y CiudadFutura. Para Martín-Oar, sin embargo, todos tienen algo en común: responden a necesidades reales. Este es un guante que deja caer para que lo recoja cualquier emprendedor con ánimo de meterse en este apasionante mercado. Existen todavía muchas necesidades no cubiertas. Detrás de cada una de ellas, hay un posible negocio. Esto último es la única predicción sobre la que el empresario español está seguro: todavía hay hueco. Sólo hay que buscarlo.


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