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Kevin Ham: el Señor de los Dominios

Hasta hace pocos días, Kevin Ham, uno de los personajes más poderosos de Internet, era un perfecto desconocido para el gran público, tanto que ni siquiera tiene entrada en la Wikipedia. Tal vez porque a Ham no le interesa la fama, ya que la discreción es uno de los pilares de sus negocios. Pero un reciente artículo publicado en Businesss 2.0 ha servido para dar a conocer el poderoso imperio que ha acumulado durante la última década, valorado en más de 300 millones de dólares. ¿Cómo lo ha hecho? Simplemente, comprando dominios de Internet.

En los últimos tres años, el número de dominios .com ha crecido un 130% hasta los 66 millones. Algunos han sabido hacer negocio de este mercado, y Ham es sin duda el maestro; también el más ambicioso y audaz, por lo que sus prácticas le han generado más de un enemigo. Desde el año 2000 ha acumulado una cartera de más de 300.000 dominios, pagando cantidades como 10.000 dólares por el dominio Weddingcatering.com, 26.250 por Fruitgiftbaskets.com, 31.000 por Christianrock.com, 171.250 por Hoteldeals.com o 350.000 por Greeting.com. Una bagatela, teniendo en cuenta que obtiene unos ingresos de 70 millones de dólares anuales

De la medicina a la propiedad virtual

Ham es un canadiense de 37 años, hijo de emigrantes coreanos. Estudió medicina en la universidad de British Columbia, y llegó a ejercerla en un hospital de Ontario en la década de los 90’s. A finales de esa década creó Hostglobal.com, su primer directorio de proveedores de hosting, y un listado de dominios disponibles que facilitaba gratuitamente o vendía al precio de 50 dólares. Poco después, él mismo empezó a comprar y vender dominios, y en poco tiempo ganaba más dinero que con sus pacientes, por lo que abandonó la bata blanca para dedicarse plenamente el emergente negocio de la propiedad virtual.

Por entonces, Network Solutions era la única registradora que vendía dominios .com, y por tanto, poseía los más atractivos. Ham creó un programa que le permitía detectar los dominios que expiraban a diario, para a continuación lanzar agresivas ofertas por los nombres más preciados. Esta técnica no le aportaba del todo los resultados deseados, fundamentalmente porque alguien lo hacía mejor que él: Yun Ye, un informático californiano de origen chino pionero en programar software para la compra masiva de dominios de forma automática. Ye vendió en el año 2004 a la empresa Marchex un paquete de 100.000 dominios por 164 millones de dólares, lo que le convirtió (aún más) en una leyenda entre los domainers.

Ham cambió entonces a una estrategia más agresiva y directa: llegó a una serie de acuerdos con diferentes registradores conectados con los servidores de Network Solutions, a los que llegó a pagar 100 dólares por dominios valorados en 8. Eliminando intermediarios y consiguiendo este trato de favor, en el segundo semestre de 2000 llegó a registrar hasta 10.000 dominios. A cambio, se ganó la enemistad de numerosos colegas de profesión.

El siguiente paso era rentabilizar su cartera de dominios. Empezó entonces a trabajar con GoTo.com (después adquirida por Yahoo), que llenaba sus webs de anuncios patrocinados. Sólo el primer día funcionando con este sistema, Ham ingresó 1.500 dólares: supo entonces que se encontraba ante un gran negocio por explotar. Un ejemplo, sólo la web Weddingshoes.com le reporta más de 9.000 dólares anuales. No parece mucho, pero si tenemos en cuenta que invirtió 8 dólares en comprar el dominio y unos pocos más en su mantenimiento, y que esta misma operación la repite con cientos de páginas, podemos hacernos una idea de la máquina de generar dinero que Ham ha construido.

Buscadores no, errores sí

El modelo de Ham se basa en dos estrategias. La primera es la navegación directa: el usuario introduce una URL en el cajetín del navegador, sin pasar previamente por un buscador. Ham tiene especial intuición por encontrar expresiones o palabras que los usuarios tienden a teclear directamente en sus navegadores, sin el filtrado que proporciona un motor de búsqueda. Entonces, se les redirige a una de las muchas páginas que posee, llenas de anuncios patrocinados servidos por Yahoo, que le reportan beneficios por cada clic que hacen los 30 millones de visitantes únicos que recibe al mes.

El otro pilar en que basa su éxito es lo que en inglés se conoce como typosquatting, que podríamos definir como la técnica de aprovechar los errores al teclear una URL para atraer usuarios al redil propio. Cuando un usuario introduce una URL y por error escribe .cm en lugar de .com, se le redirige a Agoga.com, propiedad de Ham, que es en realidad un listado de anuncios de otras webs.

Lo curioso es la forma en que Ham ha conseguido que todo ese tráfico se desvíe hacia su página: el dominio .cm está asignado a Camerún, un país de 18 millones de habitantes con apenas 160.000 ordenadores conectados a Internet. Ham ha negociado directamente con el gobierno del país africano para que cada vez que un usuario teclea –erróneamente- una dirección finalizada en cm, los servidores de Camtel, la empresa estatal que controla el registro de dominios en Camerún, redirijan el tráfico hacia los servidores de Agoga en Vancouver.

La mayoría de dominios .cm no están registrados, y tampoco Ham ha registrado los dominios de otras marcas con errores, por lo que, con la ley en la mano, no está cometiendo ningún tipo de delito relacionado con el typosquatting. Otra cosa es que esta estrategia sea más o menos ética, algo por lo que muchos han criticado a Ham. Los términos del acuerdo entre éste y el gobierno camerunés no se conocen, pero ambas partes de benefician de la publicidad que Yahoo sirve en los sitios propiedad de Ham.

Esta técnica podría ampliarse a otros dominios de Internet propensos a los errores cometidos por dedos torpes o demasiado rápidos. En el punto de mira de Ham está el dominio .co, asignado a Colombia, país con el que ya ha iniciado conversaciones para intentar llegar a un acuerdo similar al camerunés. También son objetivos claros los dominios .om, asignados a Omán, .ne, pertenecientes a Níger, y .et, a Etiopía. Dado que ni el volumen de tráfico ni de páginas web es significativo en ninguno de estos tres países, no sería extraño que Ham consiguiera de ellos acuerdos similares al logrado con Camerún, una especie de arrendamiento de su identidad virtual.


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