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La amenaza de los hackers

El pasado miércoles nos desayunamos con la noticia de que un grupo de hackers rumanos estaba extorsionando a las empresas de más éxito en la Red con la amenaza de atacar sus webs si éstas no pagaban en compensación un impuesto revolucionario que, en algunos casos, ascendía hasta 50.000 dólares al mes.

Por su parte, la revista Wired nos hablaba de otros intrusos que habían sido capaces de romper el código de seguridad de Nokia para su N-Gage, el entorno de juegos interactivos exclusivo para los móviles de última generación del fabricante nórdico. La noticia se había diseminado por la Red como un reguero de pólvora. Docenas de webs del sector de juegos decían estar en disposición de ofrecer los juegos de Nokia en móviles multimedia de otros fabricantes. Si esto es verdad, al margen de las acciones legales que Nokia tome, existirá rápidamente un mercado negro de juegos piratas que se podrán utilizar gratis en cualquier móvil multimedia.

Ambos casos no son más que una expresión triste de la realidad de un mercado digital. La piratería física siempre ha existido y, a pesar de los esfuerzos de la policía en todo el mundo, miles de personas viven del negocio pirata de la música, el video y el software.

No es fácil de erradicar. En nuestra opinión es imposible hacerlo al 100%, pero nuevos estándares y mejoras en la forma en la que la Ley castigue a los verdaderos culpables de este tipo de delitos, en muchos casos considerados de guante blanco, podrán contribuir a mejorar las garantías de los productos y servicios realmente originales.

El caso de Nokia, que todavía hoy estaba dudando si creer o no la noticia de su pérdida de seguridad, es una demostración de la rapidez de expansión de este tipo de información por la Red, y, por otra parte, muestra lo mal preparadas que las empresas grandes están para el seguimiento -en tiempo real- de noticias que les afecten. Bien preparada, Nokia debería haber conocido antes que nadie la noticia y tomado una postura clara al respecto. Su gabinete de comunicación está cerrado a los susurros de la Red.

Nada es completamente seguro, pero cambios legislativos y muestras claras de coordinación entre los gobiernos y las empresas pueden contribuir a que, por lo menos, estos actos sean punibles en cualquier país.

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