BAQUIA

La bancarrota llega a Napster

El capítulo 11 ha llegado a Napster. Estrangulada por la absoluta carencia de ingresos, la compañía se ha visto obligada a solicitar la protección que el Estado concede a las empresas que se declaran en bancarrota.

Ahora queda el camino expedito para Bertelsmann, que desembolsará ocho millones de dólares por hacerse con los restos de la compañía que puso en jaque a las mayores discográficas del país, a grupos refunfuñones como Metallica y a la RIAA, la asociación que vela por los artistas y compositores de Estados Unidos.

La noticia de la quiebra estaba más que cantada después de que Napster flirteara con la bancarrota hace apenas dos semanas tras rechazar una propuesta de compra de Bertelsmann por valor de 15 millones de dólares. La negativa al acuerdo provocó la salida de parte de la cúpula directiva de Napster, empezando por su CEO Konrad Hilbers y terminando por su fundador Shawn Fanning. Tres días después ambos regresaron a sus puestos de trabajo después de que Bertelsmann, hubiera “logrado alcanzar un acuerdo con el consejo de dirección de Napster” para comprar sus activos.

Los múltiples problemas judiciales a los que ha tenido que enfrentarse el programa de intercambio de ficheros musicales han provocado, por un lado, la carencia de ingresos de la compañía –lleva más de un año sin poder operar por decisión judicial– y el incremento en los gastos, fundamentalmente para pagar la minuta de los abogados.


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