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La dimisión de Fiorina no ayuda a las mujeres (ni la brecha digital)

Parece claro que la salida de Carly Fiorina de HP (que, por otra parte, recibirá una suculenta indemnización) tuvo que ver con motivos puramente empresariales -en primer lugar, por la polémica adquisición de Compaq-.

Sin embargo, no pocos analistas se preguntan qué hubiera ocurrido de haberse tratado de un hombre. En cualquier caso, el adiós de la ex-presidenta del gigante informático es un palo importante para las crecientes aspiraciones femeninas de conquistar más poder en el sector.

Aunque el género femenino todavía cuenta con importantes estandartes, como Meg Whitman, presidenta de eBay, que el año pasado desplazó a la propia Fiorina de la primera posición de la lista de mujeres de negocios más poderosas que elabora Fortune. Claro que a veces, el aislamiento es voluntario: Brenda Barnes mandó en Pepsi hasta 1988; entonces decidió abandonar el trabajo para no perderse más cumpleaños de sus hijos. Ahora ha vuelto, al frente de la firma Sarah Lee.

Porque además a las mujeres se las escruta desde todos los ángulos, y no precisamente desde los más profesionales. Desde Condolezza Rice hasta Hillary Clinton o Karen Hughes, ex-asesora de Bush, las féminas ejecutivas de empresas o grandes de la política están sometidas a un minucioso análisis no sólo de su trabajo, sino también de sus maneras o formas de vestir.

Siguiendo con las mujeres, pero ahora con las de a pie, hay una buena noticia: la brecha digital con respecto a los hombres se reduce, según un estudio de la Comisión Europea. Los datos son un poco antiguos (se refieren a 2003, últimos de los que dispone Eurostat), pero permiten constatar cómo la igualdad crece también en materia de acceso a Internet. En dicho año, el uso femenino de la Red ha pasado del 28,5 al 39,2% en la UE. Lo malo es que España, como suele ser habitual en los ránkings negativos, es aún de los países con más distancia entre ambos géneros.

Ahora, los factores que más ahondan la brecha digital son un escaso nivel de renta y educación. Por contra, entre las mujeres y los mayores se observan índices tecnológicos cada vez más satisfactorios. Pero todavía queda mucho camino por recorrer.


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