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La era del periodismo democrático

César González-Ruano es escritor dandy, feraz y como de un anarquismo señorial. César González-Ruano fue el cronista de moda en el Madrid de los 60.

Varios artículos dedica Ruano a contar la anécdota de un hombre de negocios que solía acudir al Café Gijón y conversaba con los literatos del establecimiento, de economías no precisamente boyantes. Aparentemente henchido de gloria por su buena posición social, el escritor cuenta cómo se dejan ver en realidad la envidia y la admiración en los ojos de un hombre rendido ante el espectáculo de la literatura. La pulsión de la escritura es consustancial al ser humano.

La invención de la escritura cambia para siempre el curso de la humanidad: es la línea Maginot que separa la etapa prehistórica de la historia propiamente dicha. Hoy, el desarrollo de la blogosfera ha modificado radicalmente el universo de la comunicación. Casi cincuenta años después de que Tom Wolfe se sacara de la manga el Nuevo Periodismo, una herramienta, los weblogs, da una nueva vuelta de tuerca a la manera de informar y le pone más gasolina al periodismo digital.

Hay una línea de pensamiento que tiende a culpar a los nuevos inventos de la muerte de los preestablecidos. Siguiendo esta creencia, el advenimiento de Internet y los profundos cambios acaecidos en otros medios de comunicación tradicionales, como la prensa y la televisión, serían los responsables de la crisis que vive hoy la prensa escrita de todo el mundo. Esto no es cierto; cuando nació el cine mucha gente auguró la muerte del teatro. Y, pese a los sucesivos inventos audiovisuales domésticos -televisión, vídeo, DVD-, la gente sigue acudiendo a ver espectáculos de masas. La Red no ha acabado con los lectores de diarios tradicionales… Por ahora.

El declive del papel

Por tanto, la línea de opinión expuesta tiene mucho de facilona y bastante de gratuita. ¿Cuáles son las verdaderas razones de la pérdida de influencia de los medios impresos? Encontramos motivos:

a) Puramente mercantilistas, como el control que ejercen los grupos financieros sobre los principales periódicos y revistas. Es la principal amenaza al pluralismo informativo: unos pocos consorcios empresariales compran cada vez más medios, con lo que las posibilidades de independencia y variedad disminuyen. EEUU o la Italia de Berlusconi es el principal paradigma de ello.

b) De competencia: los diarios gratuitos, que viven de una publicidad fundamentada en tiradas masivas. Y que amenazan cada vez más a los viejos dinosaurios.

c) La decreciente credibilidad de la prensa escrita por líneas editoriales escasamente comprometidas con el verdadero cliente: el lector (véase el punto a).

La combinación de estos factores hace que, por ejemplo, el
número de periódicos vendidos en la UE sea cada día inferior en un millón de ejemplares respecto a los facturados hace una década. Y, en todo el planeta, las ventas de diarios caen una media del 2% anual. Desde 2000, Estados Unidos ha visto cómo se perdían más de dos mil puestos de trabajo en la prensa escrita, mientras que las fuentes originales de la información, las agencias, tampoco se libran de la quema: Reuters planea suprimir 4.500 empleos.

Economía de la atención

Hablamos de una lucha encarnizada. La atención es un bien escaso. Como el agua, el trabajo o los recursos energéticos. La economía de la atención es la economía natural de la Red, y quien mejor se adapte a ella será el superviviente.

Los diarios se están parapetando en ofertas complementarias. Hoy, mañana, cualquier día de la semana puede usted acercarse al quiosco y, abonando un dinero adicional, podrá llevarse con su periódico favorito un home cinema, libros de todo tipo, DVD, enciclopedias, colecciones de sellos, juegos de mesa… Pero lo que parece un loable esfuerzo por acercar la cultura y el ocio a los lectores encierra en sí el germen de la autodestrucción: la mezcla información/mercancía es ya casi total, el cliente puede llegar a no saber qué está comprando.

Ciertamente, Internet y el boom de las noticias e informaciones recibidas a través del teléfono móvil también tienen su parte de culpa: una herramienta, la Red, con más de 700 millones de usuarios en todo el planeta no puede ser una cuestión baladí. El PC quita clientela a la prensa y la televisión, sobre todo en los países avanzados; conectarse a Internet es cada vez más barato, y allí se puede leer la prensa digital, entre otras muchas formas de ocio con las que el formato papel no ha tenido que competir nunca en la historia. Hasta hoy.

Blogosfera

Ahora, el fenómeno de los blogs inaugura una nueva era en la historia de la comunicación. Prácticamente ya no se encuentran diarios digitales que no tengan su blog. Un espacio de libertad y creación, de información y opinión, de informes rigurosos y manifestaciones arbitrarias. Una Red más democrática.

Los blogs nos ponen a todos en el ojo del huracán. Contribuyen decisivamente a potenciar la credibilidad de los medios ante los lectores. Ningún periodista puede ya actuar impunemente, sin rigor, sin contrastar las fuentes, sin analizar la noticia; es consciente de que será rebatido más pronto que tarde por personas que a lo mejor saben incluso más que él del asunto en cuestión. Gente que es profesionales de la comunicación, pero que informa mejor -si no en la forma, sí en el fondo– que el típico periodista que tiene que estar en todo y sólo llega a la mitad de un poco. Los medios tradicionales ya tiemblan ante el poder del factor blogs.

Y los nuevos. No conviene pasar por alto que Google quería cargarse el blog de un empleado que contaba los entresijos de la compañía, mientras Qué!, el flamante gratuito en papel y online de Grupo Recoletos, ha sido acusado de ejercer la censura previa. Es de esperar que el consumidor tenga, esta vez sí, voz libre e independiente. O se apuesta por los blogs o se sigue con lo de siempre: el usuario no es tonto.

Gratis = ¿calidad?

Los diarios gratuitos son el otro frente abierto por el que se va desangrando el periodismo clásico. O por lo menos estancando. Pero cuidado: prensa regalada, weblogs… Más democracia no significa más valor. Esto no es Alicia en el País de las Maravillas; en el capitalismo globalizado, en un mundo en el que todo tiene un precio y un valor de marca, lo que se regala no tiene calidad.

Decir que la mayor revolución en la prensa escrita de los últimos tiempos ha consistido en dar un periódico en el metro que pueda leerse medio dormido en los veinte minutos que se tarda en llegar a la oficina podrá ser válido para hablar de la logística de distribución de la información, nunca de la calidad de la prensa. No; el modelo no responde a los hábitos de lectura modernos, sino a la falta de recursos. La gente los lee porque son gratis, pero si costaran diez céntimos nadie los compraría.


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