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La fiscalía cuestiona la intimidad del correo electrónico

El caso viene de lejos. Hace dos años que Gregorio Giménez, empleado de Deutsche Bank, fue despedido por enviar correos electrónicos que la empresa consideraba elevados en número (140 para ser exactos); privados y, sobre todo, de contenido pornográfico. Pero la única manera que tenía la empresa para fundamentar el despido en el contenido de los correos, era intervenirlos, cosa que hizo sin autorización judicial.

Y el hecho de considerar los correos electrónicos como una extensión del correo postal, por extensión, a pesar de que aún no haya una regulación específica sobre el tema, fue suficiente para que sus abogados interpusieran una demanda por violación de la intimidad del empleado por parte de sus empleadores.

A nadie excepto al juez compete concluir si cabe extender, por analogía, el derecho que protege la intimidad de otros tipos de comunicaciones que se entienden personales, tales como correo ordinario, llamadas telefónicas, etc.; o si por el contrario, tal y como sugiere el Ministerio Fiscal al que incumbe el caso, no es delito que un empresario controle los correos electrónicos de sus empleados, ya que \”el derecho a la intimidad alegado por el trabajador no es absoluto\”.

  • En La Vanguardia

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