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La información es el lugar en que vivimos

¿Qué es el mundo? Quizás una serie de imágenes, de conceptos, que tenemos de todo aquello que percibimos a través de nuestros sentidos. Es información, que llega a nosotros y que reinterpretamos mentalmente. Este mundo también tiene muchas caras, tantas como la gente que vive en él. Dos caras del un mismo fenómeno nos muestran las contradicciones de la vida en el mundo actual e incluso en la primera potencia. Sin líneas telefónicas, sin móviles, gente matándose para sobrevivir. Un escenario (dicen) tercermundista, avisado, pronosticado y simulado pero no evitado en el país más poderoso. No es una sociedad del conocimiento ni industrial ni agrícola, Nueva Orleans es una sociedad de supervivencia, de gente errante. Es gente que durante estos días ha estado viviendo en otra economía mientras el resto de los Estados Unidos seguía viviendo en la Economía del Conocimiento.

Ahora la tecnología militar permite ver en tiempo real lo que está ocurriendo en cualquier parte del mundo. En otras palabras, algunos privilegiados pueden ver como un guerrillero iraquí se pasea por el desierto o si un ligero viento o aguacero no pronosticados horas antes aparecerán haciendo imposible el despegue del transbordador espacial. La versión ligth de toda esa tecnología, asequible a las empresas solo después de que las trabas legales se retiraran, hace posible que ahora miles de personas hagan para la NASA un Worldwind cada vez más potente, y que al igual que Google Maps se llene de puntos de información sobre restaurantes, bares, también museos y sitios históricos; herramientas e informaciónconstruidas de la misma forma que se ha hecho posible Linux, Mozilla Firefox o cualquier otro software libre de manera colaborativa. Esa tecnología en manos de empresas o militares no impidió, aunque avisó, el desastre.

Por otro lado, la cooperación entre los siniestrados y la cooperación desde fuera, el uso de blogs, de comunidades al estilo wiki, de los planos digitales no en manos de entidades gubernamentales o privadas sino en manos de ciudadanos nos muestra otra cara de este mundo. Los ciudadanos comparten sus imágenes de móvil, ellos elaboran los mapas modificados de Google Maps usando los API para decir donde están sus amigos, ellos comparten sus blogs así como su voz e imágenes con el público y los medios tradicionales de comunicación para contar lo que realmente está pasando. Sólo unos cuantos ejemplos: hace un par de días Scipionus ha empezado a registrar mensajes en mapas de la zona afectada y desde hace poco la gente de People Finder Project, quienes en un sólo día han construido estaherramienta, ya está poniendo en contacto a más de 90,000 personas. Otra -gente como Champaing-Urbana Community Wireless Network lanzan una iniciativa llamada Katrina Community Wireless Response con el fin de acelerar los procesos de comunicación.

Sin embargo y a pesar de ser nobles iniciativas, a algunos se les está colocando trabas. Es el caso de Kamp, que pretende instalar una radio comunitaria para informar a los damnificados. Teniendo la emisora y la energía para que funcione, los miles de radios a transistores donados y los permisos temporales de FCC, así como el apoyo del propio Gobernador de Texas y el alcalde de la ciudad, son impedidos de operar por trabas burocráticas (quizás se deba a que han demostrado ser efectivos). Ellos y muchos más son el reflejo de que existe una nueva economía, no sólo basada en el desarrollo tecnológico sino también en el trabajo comunitario, que puede ser muy útil cuando los sectores privados y gubernamentales son incapaces de actuar adecuadamente.

Otro lado más del mundo. Leo los periódicos, veo la televisión, busco en Internet y veo que Barbara Bush dice sobre la gente de Nueva Orleans trasladada a Houston que \”como de todas maneras son indigentes, esto les está resultando muy bien\”: Michael Jackson, como siempre, ofrece una canción para las victimas del Katrina; el precio del petróleo ha subido a causa de la tormenta y con algo de ayuda ha bajado; un par de policías ante la desgracia se han suicidado, otros han robado comida; algunas personas empiezan a morir de cólera; se denuncia la existencia de páginas web que solicitan donativos que terminan en manos de organizaciones racistas, si es que no son webs fraudulentas. Ese es el otro tipo de información que uno no quisiera recibir, la otra cara del mundo que no se quisiera ver. No importa, la ley de oferta y demanda, base de la economía, las hará desaparecer. Al igual que el nivel de las aguas en Nueva Orleáns, se irán difuminando como todo lo que pueda estar relacionado con Katrina.

Mientras ocurría la catástrofe de Nueva Orleáns, se acababan las vacaciones y muchos regresaban al trabajo, es muy probable que en alguna piscina haya quedado olvidado un ejemplar del libro de moda del verano,. La portada es atractiva: exhibe una manzana troceada que nos muestra el interior de una naranja. También cuenta con un texto que acompaña al título: “Prepárese para ser deslumbrado”, extraído de Malcolm Gladwell, autor de The Tipping Point, uno de los más recientes e inflados “intelectuales” superventas”. Freakonomics (Economía de lo friki, por ponerle un nombre en español) es el título de la obra, del economista norteamericano Steven D. Levitt, director del equipo de Teoría del Precio de la Universidad de Chicago, donde investiga como la información tiene mucho que ver con las distorsiones del mercado, aunque Levitt saltó a la fama al encontrar una relación estadística entre la legalización del aborto y la reducción del crimen en los Estados Unidos.

Levitt es de los que creen que la información es lo más importante y que es nuestra herramienta de trabajo para entender qué cosas pasan en el mundo. Para ello nutre su libro de una serie de datos curiosos, como la importancia del nombre que recibe cada individuo afroamericano al nacer y las posibilidades de éxito o fracaso que esto implica, o por qué a pesar de sus ingresos los vendedores de drogas siguen viviendo con sus madres. También resume el argumento del libro de la siguiente forma: \”Si la moralidad representa como el mundo debería trabajar, la economía representa como realmente funciona\”. Tiene todo la razón.


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