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La larga vida de las betas

A nadie se le ocurriría montar en un avión que se encontrara en periodo de pruebas o ingerir un medicamento de efectos secundarios desconocidos. Y sin embargo, es habitual que algunos productos de software pasen una larga temporada en fase beta, e incluso lleguen a ser utilizados masivamente cuando todavía no han terminado de definirse completamente sus funcionalidades y prestaciones.

El diario Wall Street Journal se pregunta por qué los periodos de prueba, que anteriormente ocupaban un tiempo corto en que un reducido grupo de usuarios testeaba la aplicación, se alargan ahora mucho más. Por ejemplo, el servicio de noticias Google News lleva funcionando tres años en versión beta, y el antispyware de Microsoft se acerca al año en pruebas. Un término, por cierto, inventado por IBM en la década de 1960, cuando las dos primeras letras del alfabeto griego (alpha y beta) se empleaban para designar las dos fases iniciales del testeo de un producto (la interna y la llevada a cabo por los clientes más exclusivos).

La primera razón de esta práctica es que las compañías utilizan a los usuarios como conejillos de Indias, para detectar y resolver los problemas que presente la aplicación, así como para añadir o eliminar prestaciones no incluidas en el diseño original, según demande el público. La posibilidad de difundir los programas a través de Internet permite acceder sin ningún coste a una enorme masa de usuarios que probarán el producto, a diferencia de los tests, más lentos y caros, en los que antiguamente se seleccionaba a un exclusivo grupo de usuarios.

También, las betas se han convertido en importantes herramientas de marketing: se compite por ser el primero en lanzar un determinado servicio en un mercado cada vez más competitivo, y si se llega antes que los demás, aunque sea con un producto no terminado, se generan rumores, comentarios, expectación, enlaces, recomendaciones, críticas…

Claro que el tiro también puede salir por la culata: en ocasiones, las prisas por llegar antes que nadie provocan que el producto esté demasiado verde y presente fallos de seguridad, o no funcione correctamente, como sucedió con los primeros días de Google Talk, Google Analytics o MSN Spaces. En tales casos, las compañías siempre pueden eludir responsabilidades alegando la excusa de encontrarse en fase de pruebas, y que lo realmente importante será el producto final. Además, la beta suele ser gratuita, por lo que el perjuicio para el usuario es menor.

Adam Sohn, director de ventas de Microsoft, explica que su compañía procura eliminar lo antes posible el cartel de “provisional” de sus betas. “Nadie querría conducir un coche con un cartel de Este modelo está en pruebas: puede o no funcionar”, explica. Cuestión especialmente sensible cuando el software, en lugar de una aplicación web, se instala en el PC del usuario. Entonces se procura afinar antes el producto, porque nadie quiere poner en peligro la integridad de los ordenadores personales.


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