BAQUIA

La LORTAD de plástico

Introducción: Esta entrega de hiperactivo! es necesariamente hipertextual, como las instrucciones para cumplimentar los formularios de impuestos, los manuales de \”Instale Usted Linux\” y esos libros interactivos para niños que dicen \”Hazte tu propia Aventura\”. Los lectores sudamericanos de Baquía probablemente necesiten un par de párrafos de introducción que los lectores españoles encontrarán de sobra. Para los españoles el artículo de esta semana empieza donde dice Una identidad, muchos documentos.

\”¿Qué es la LORTAD?\”, se preguntarán muchos de ustedes. Es fácil: la LORTAD es la Ley Orgánica de Regulación del Tratamiento Automatizado de los Datos de Carácter Personal. Como ven, debería haberse llamado la LORTADCP, pero se acortó con vistas a la pronunciabilidad de las siglas. De hecho, el acrónimo es tan popular que se sigue usando por parte de webeditores y columnistas aunque la ley en sí haya sido derogada por una posterior, la Ley Orgánica sobre Protección de Datos de Carácter Personal o LOPD (que no LOPDCP). Ese es el poder de las siglas pronunciables, que perduran más allá de aquello a lo que designan.

\”¿Ah, y cuál es su propósito?\”, les oigo musitar telepáticamente. Como bien dice la exposición de motivos de la propia ley, su función es \”limitar el uso de la informática para garantizar el honor, la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el legítimo ejercicio de sus derechos\”. Este es un mandato de la Constitución Española a los legisladores y, aunque es bienintencionado, se queda corto.

Con LORTAD, LOPD o sin ellas, un ciudadano español recibe cada día \’ofertas\’ (léase: solicitudes) de televendedores, notificaciones postales de \’regalos gratuitos\’ (léase: baratijas) de vendedores a plazos, \’premios\’ (léase: engaños) de chalanes de apartamentos en multipropiedad.

Estas molestias palidecen ante las auténticas amenazas: el uso de datos médicos por parte de aseguradoras, la política de \’cartel\’ que realizan los bancos que comparten datos de sus clientes… El engorro diario antes descrito es tan sólo producto de la venta a particulares, con fines publicitarios, de los datos del censo electoral (algunos partidos se han creado únicamente para obtener los datos del censo, pues todos los partidos políticos tienen derecho al censo para hacer propaganda electoral).

Una identidad, muchos documentos

El problema del tratamiento informático privado de datos de particulares es de muy fácil arreglo: que el Estado emita tantos documentos de identidad, con nombres distintos si así se requiere, como solicite cada ciudadano.

Jorge Juan García Bendito podría ser Jorge G. Bendito (1234-56789) ante su banco, Jorge G. Bendito (9876-54321) para la aseguradora de su automóvil, J.J. García (1111-234569) en su expediente académico, y así sucesivamente, lo que impediría que las distintas entidades, públicas o privadas, pudieran cruzar sus datos unas con otras. De hecho, sería ilegal para una empresa tener programas que pudieran almacenar más de un número de documento de identidad por persona, o asociar dos indentidades a la misma persona.

Sólo el Ministerio del Interior y el de Hacienda tendrían bases de datos completas con todos los números de documento de cada persona, lo que garantiza el buen ejercicio los dos monopolios que definen al Estado moderno: a) el uso de la fuerza física contra los ciudadanos (cuando incumplen la ley, se supone) y b) la tasación, también contra los mismos ciudadanos. Como dice Calderón, \”al Rey la hacienda y la vida / se han de dar, pero el honor / es patrimonio del alma, / y el alma sólo es de Dios\”. Pues eso.

Nadie más tiene derecho a seguir la pista a nadie, y si la función de la legislación sobre el tratamiento de datos personales es \”limitar el uso de la informática…\”, ya podría hacerlo poniéndolo difícil a los aprovechados, no facilitándoselo con números únicos para todo. Es costumbre de hiperactivo! inventarse un número de Documento Nacional de Identidad cada vez que se lo preguntan en la recepción de una empresa, e incluso lo hacía, en señal de muda protesta, en los papeles de la Universidad. Todos los ciudadanos deberían hacer lo mismo, como medida de autodefensa.

Si todos tenemos un documento identificador único, la LORTAD y su sucesora, la LOPD, son papel mojado, puesto que es muy fácil cruzar los datos de todos los ciudadanos, y dado que es un delito que se practica en la intimidad (al revés que el atraco a mano armada o el libelo, cuyas víctimas son también sus testigos), es difícil de perseguir. La emisión de tantos documentos de identidad como solicitara cada ciudadano serviría para \’plastificar\’ la ley, y hacerla impermeable a los ataques del primer desaprensivo con una base de datos y algo de tiempo libre.

Si se ejecutara esta humilde propuesta, la Hacienda Pública aún podría cruzar los datos de nuestras ganancias, y ante un servidor del Orden Público (o en una Aduana) cualquiera de nuestros documentos sería igual de válido. Pero las demás organizaciones sólo verían una faceta parcial de cada individuo, un fragmento de nuestro historial de datos. El Estado nos vería enteros, el resto sólo vería nuestras sombras. Y el Estado somos todos, pero al enemigo, ni agua.

¿Y la Seguridad Social? ¿Y Franco, qué opina de esto?

Cuando hiperactivo! menciona esta propuesta en tabernas y restaurantes, algún interlocutor propone invariablemente (y bastante alarmado): \”¿y la Seguridad Social?\” \”¿No deberíamos tener un solo expediente médico?\” Pues bien; respondo a todos de una vez: tener un expediente médico único es un derecho de los ciudadanos, no una obligación. Y visto que en Gran Bretaña es legal para los aseguradores el acceso a datos genéticos de sus clientes, vamos a empezar a defendernos ahora, antes de que esta práctica se extienda en otros países (como, por ejemplo, en el que viva cada uno), y que además de legal, sea obligatorio.

Además, ¿no habíamos quedado en que la sanidad y la educación eran privatizables? ¿No es eso lo que proponen el blairismo y la coalición centrista surgida de la unión entre los socialdemócratas y los demócratas cristianos? Pues que decida el ciudadano, sea alumno o enfermo, con quién quiere compartir cuáles de sus datos privados.

Y el Estado, a hacernos un documento de identidad nuevo cada vez que lo pidamos, que para eso pagamos impuestos.

Javier Candeira es hiperactivo!, y ha leído mucho (y bien, aunque sea falta de modestia decirlo) a Jonathan Swift. De verdad se inventa un número de DNI siempre que puede, y de verdad opina que todo el mundo deberían hacer lo mismo. Jorge Juan García Bendito es un nombre completamente inventado, y se piden disculpas anticipadas a quien aparezca llamándose así. Ruegos y preguntas, a [email protected].

Actualización (15-12-2000): Dos lectores (cuyos nombres hiperactivo! protege tras las iniciales J.J.M.Q. y D.V., para evitar el tratamiento informático de sus identidades) escribieron haciendo notar que la LORTAD fue derogada por la LOPD en 1999. Sus comentarios han servido para corregir este artículo, cuya versión anterior ya no existe, porque hiperactivo! corrige los errores incluso después de cometerlos.

(c) 2000 Javier Candeira y baquia.com. Se permite su reproducción íntegra, citando la autoría y el origen.


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