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La mensajería instantánea, bajo control

La mensajería instantánea, un nuevo sistema de comunicación en tiempo real mediante Internet cada vez más boyante, está incrementando notablemente su uso sobre todo en el puesto de trabajo. Algo que ha impulsado a numerosas compañías a intentar controlarlo como sea.

Según un informe de Radicati Group, el pasado año apenas se empleaba en la empresa un 20% de las cuentas de mensajería instantánea, pero en 2004 esperan que esta proporción se eleve hasta el 50%. Además, Jupiter Media Metrix asegura que en septiembre de 2001 los estadounidenses dedicaron 4.900 millones de minutos este sistema de charla desde el trabajo, más del doble que en 2000.

Este notable incremento preocupa mucho a esos empresarios que temen que sus empleados dediquen más tiempo a charlar con los amigos a sus espaldas disminuyendo su productividad. Al fin y al cabo, este tipo de comunicación, al contrario que el correo electrónico o la navegación, no radica en un servidor central, por lo que su control es más difícil.

Pero ese no es el único problema. Las mensajerías no sólo pueden ser fuente de distracción, también es una manera de mejorar la comunicación con compañeros y clientes. Por desgracia, la SEC (Securities and Exchange Commission) requiere que todas las comunicaciones con los clientes estén bajo control. Una exigencia que ha impulsado a determinadas compañías a evitar posibles conflictos cortando por lo sano.

La firma de inversión Thomas Weisel Partners fue una de las que optó por bloquear el acceso de sus empleados a las mensajerías, pero desafortunadamente sus clientes se quejaron al ser una herramienta muy útil. Para solventarlo, la compañía de San Francisco acudió a una empresa de seguridad con el fin de crear un software que registrara todo el tráfico de mensajes instantáneos y reaccionase ante determinadas palabras. Algo que están haciendo ya muchas otras empresas.

Para muchas asociaciones en defensa de la privacidad y los derechos de los usuarios, la única conclusión es que, definitivamente, hay un gran empeño por erradicar cualquier atisbo de privacidad en las comunicaciones electrónicas que tienen lugar durante el horario de trabajo. En cualquier caso, mucho cuidado con criticar al jefe desde el programa de mensajería instantánea de turno. Puede que su nombre sea una de esas palabras clave…


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