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La Nueva Economía ha muerto; lo mejor empieza ahora

365 días, 3.000 puntos del Nasdaq, 130 cierres y 60.000 despidos más tarde, algo ha cambiado definitivamente. La llamada \’Nueva Economía\’ ha fenecido tras un año de continua caída, de miedo, incertidumbre y quiebras. Cayeron los proyectos absurdos; los proyectos demasiado ambiciosos, los proyectos mal gestionados, los proyectos sospechosos, los proyectos con mala suerte; cayeron los ídolos, Oracle y eBay, luego Amazon, más tarde Yahoo!, por fin caen los bastiones del mercado, los fabricantes de cajas negras. El mercado bursátil está descartado, salvo para los ocasionales Andreessen (y sin gran éxito). El capital riesgo cierra los grifos al considerar cada vez más difícil convertir en dinero sus (en muchos casos aún enormes) plusvalías. Cansados de malas noticias, anestesiados por meses de continuos bajones, los profesionales que se han jugado sus carreras a la carta de la Red empiezan a preguntarse si no será hora de retirarse, de volver a la Vieja Economía que, expectante, se frota las manos pensando que tiene una segunda oportunidad para subir al tren.

Y es cierto que la publicidad nunca volverá a ser lo que era en la Red, con todo lo que ello lleva consigo. Tampoco se podrán montar empresas para obtener miles de millones de visitas y luego salir a bolsa, dejando a otros el problema de convertirlas en beneficios. Los veinteañeros sin experiencia previa tendrán otra vez hercúleas dificultades para financiar sueños poco claros, y los valores de las compañías volverán a establecerse de acuerdo con parámetros racionales.

En este sentido la \’Nueva Economía\’ ha muerto. Habrá durante años discusiones sobre si el deceso se produjo por causas naturales o se trató de un asesinato, pero lo cierto es que falleció. Tras escasamente cinco años de edad (nació con la salida a bolsa de Netscape, en 1995) y apenas unos meses de esplendorosa madurez (octubre de 1999 a abril de 2000), la \’Nueva Economía\’ es cadáver. RIP.

Lo bueno empieza ahora. Porque hay cosas que han cambiado para siempre, y cuyo impacto completo tardará en hacerse notar. Como siempre, hemos sobrestimado los efectos a corto plazo de la revolución, y subestimado los de largo plazo. Efectos a largo que surgirán de los siguientes fenómenos, nacidos en los últimos años:

  • Aparición de nuevas fuentes de capital para crear empresas;
  • Revalorización del capital humano;
  • Eliminación de jerarquías, visibles e invisibles;
  • Sobredosis de información (con la emergencia de una Economía de la Atención);
  • Desaparición de la autoridad de los estados sobre áreas extensas de la cultura y la economía;
  • Eliminación de barreras comerciales a la dispersión de información (Efecto Napster);
  • Mundialización de extensas capas de población en varias zonas del planeta;
  • Aparición de agrupaciones humanas independientes de la geografía (y por tanto de nuevas comunidades);
  • Nacimiento de nuevos tipos de relación humana

Y tantos otros sueños.

A la Red le queda mucho potencial utópico todavía, pero una generación joven ya ha aprendido en ella las artes de la guerra en la industria, así como las artes de Internet en sí. Pocos de estos veteranos de la Primera Generación de la Red Industrial pasarán mucho tiempo en desempleo. Los efectos que ellos, y sus conocimientos duramente aprendidos, puedan causar en la economía sin adjetivos son imposibles de predecir, pero algo sí cabe afirmar: habrá consecuencias. La economía ya no volverá a ser la que fue. Con Yahoo! o sin Yahoo!, con o sin Amazon, tras cinco años de hinchazón y uno de lento estallido de la burbuja, el mundo ha cambiado. Hoy vivimos en una Economía IP, donde lo interesante no es tanto lo que le ocurre a Yahoo!, sino lo que le pasa al BSCH o al BBVA. Porque vivimos el principio de una revolución. El primer acto ha sido dramático; esperen a ver el Gran Final…


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