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La nueva ley sobre privacidad online de EEUU no agrada a nadie

La nueva ley para la defensa de la intimidad en Internet propuesta en Estados Unidos supondrá un largo, duro y caro trabajo para los sitios de comercio electrónico, según varios observadores.

El excesivo abuso cometido sobre los usuarios de Kazaa, el popular programa de intercambio de archivos —conocido por regalar \’parásitos\’ a sus usuarios y que además últimamente se dedicó a instalar un software para que los PCs formasen parte de una red P2P paralela—, constituyó el penúltimo aviso a para las autoridades para detener el expolio sobre la privacidad de los usuarios que se conectan a Internet.

Esa amenaza está detrás de la ley, impulsada por el senador Ernest \”Fritz\” Hollings, que fue presentada en el Congreso de EEUU la semana pasada bajo el nombre de \’Online Personal Privacy Act\’ (PDF).

Sin embargo, el proyecto de ley debería poner en guardia a los usuarios tanto como a Brilliant Digital (empresa que está detrás del software que Kazaa instalaba subrepticiamente). Aunque pretende proteger la información sensible, la realidad es que pone un sello oficial en las prácticas de las empresas que distribuyen spyware (programas espía).

El simple hecho de que Hollings esté detrás de la propuesta —también está detrás de la \’Consumer Broadband and Digital Television Promotion Act\’, que exige a los PCs incluir software y/o hardware anti-piratería— valdría para ponerse pinzas en la nariz antes de analizar su texto. En realidad, la ley persigue proteger los intereses de la industria, no de los usuarios, afirma Salon.

La ley divide la información entre sensible (estilo de vida, religión, raza, adhesión política, datos financieros, etc.) y no sensible (nombre, dirección y cualquier registro sobre las actividades online), con lo cual las empresas deben tener cuidado con el primer tipo de información pero tienen carta blanca para recopilar y divulgar sin consentimiento del interesado el segundo. Sin que sirva de precedente, Hollings reconoce que va un paso por detrás de Europa, ya que su directiva sobre la privacidad establece la existencia de diferentes tipos de información que merecen dos niveles de protección.

Independientemente de las verdaderas consecuencias que suponga sobre el tejemaneje de los datos personales, los sitios de comercio electrónico ven en la propuesta poco más que dolores de cabeza. Nacida para proponer estándares en las transacciones electrónica para promover la confianza del consumidor en el e-commerce —algo que suena mucho a la LSSI española— los implicados (las tiendas online) la reciben como una amenaza para su tranquilidad: aumento del gasto en la revisión sus sistemas y bases de datos y \’pesadillas\’ de seguridad, pues tendrán que permitir a los usuarios un mayor acceso a sus cuentas para comprobar y cambiar su información personal.

Además, abre las puertas a acciones legales de los usuarios contra los \’agujeros de seguridad\’, lo que significa que los fallos técnicos pueden tener unas consecuencias financieras catastróficas.

La bondad (o maldad) de la nueva ley es que no es del gusto de nadie: para unos, los datos personales de los usuarios seguirán siendo moneda de cambio; para otros, su excesivo control traerá consecuencias catastróficas sobre el ya castigado comercio electrónico.

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