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La pyme, un mercado informático virgen. ¿Pero hasta cuándo?

Hace ya tiempo que viene hablándose de disponer de aplicaciones informáticas en pago por uso. En este mismo medio, no hace tanto un artículo valoraba el mercado de CRM en pago por uso (PPU) en 2700 millones de dólares. Personalmente pensamos que no es mas que la punta del iceberg. El PPU como herramienta para acceder a todo tipo de tecnología abre unos mercados vírgenes, sobre todo si hablamos de la pequeña y mediana empresa (pyme).

En efecto, se defina como se defina, la pyme representa el segmento de empresas más marginado en cuanto a la utilización de medios informáticos se refiere. A pesar de que el 86% de las empresas cuentan con Internet, apenas un 30% utilizan sistemas integrados de gestión. El Ministerio de Ciencia y Tecnología español no cesa de recordárnoslo con los diversos programas de ayuda. La pyme es además el objetivo de los ASP (Application Service Provider) y de los fabricantes de hardware y software. Vemos constantemente anuncios en prensa especializada, jornadas organizadas para tratar de atraer este mercado. Aunque el éxito sigue siendo escaso.

En un país como España, donde el 99,8% de las empresas tienen menos de 250 empleados, este segmento de la economía supone una jugosísima tarta a la cual nadie ha logrado aún hincarle el diente. Pero ¿qué está frenando la incorporación de la pyme al mundo de la tecnología? ¿Hay algo que se pueda hacer?

El particular tejido empresarial español

Según la definición recomendada por la Comunidad Europea (DOCE nº L107/4, de 30 de abril de 1996) la pyme es aquella empresa no dependiente de hasta 250 trabajadores, un volumen de negocio no superior a 40 millones de euros, o un balance de hasta 27 millones de euros. En la mayoría de los países de nuestro entorno (Francia, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos), la pyme es aquella que cuenta con menos de 1000 empleados. Y con ello y todo, la pyme representa en torno al 60% del tejido empresarial. Esta pequeña diferencia supone un mundo a la hora de tratar de explicar el diferencial de penetración de la tecnología en la empresa española. Pero antes profundicemos un pelín más: según el Ministerio de Economía de España, la microempresa (empresas de hasta 9 trabajadores) representa el 87% de las sociedades con forma de sociedad limitada.

La pyme española está destinada (o condenada) a crecer más que las de su entorno, y para ello necesita intensificar el uso de la tecnología

Mientras en Francia los años 90 se han caracterizado por el crecimiento acelerado del tamaño de las empresas utilizando la fórmula de la concentración, en España el número de pymes ha liderado el crecimiento económico. Podemos decir sin ruborizarnos que España cuenta con un tejido empresarial único en la Europa de los 15. La empresa es mayoritariamente pequeña. El 80% factura menos de un millón de euros, y de media cuentan con un empleado menos que sus homólogas en países vecinos. Empleando al 60% de la mano de obra, contribuye a la creación del 40% del PIB. Un PIB que es la mitad que el de Reino Unido o Italia, casi un tercio del de Francia, o una quinta parte del de Alemania. La pyme española está por lo tanto destinada (o condenada) a crecer más que su entorno. Y para ello necesita (y esto lo conocen muy bien los agentes sociales) ser intensiva en tecnología: necesita incrementar su productividad.

¿Qué necesita la pyme española?

Una empresa de reducidas dimensiones reúne las siguientes características:

  • Escasos recursos humanos: pocos empleados pero muy centrados en su actividad.
  • Escasos medios económicos: los recursos son dedicados a inversiones que reportan un beneficio a corto plazo. Por lo general no les gusta comprar, sino que prefieren alquilar. Se trata de empresas poco o nada capitalizadas, aunque buenas pagadoras: su índice de morosidad está en 0,83%, muy por debajo del de países como Francia, Alemania o Italia.
  • Estructura limitada: el tamaño de la empresa condiciona una estructura pequeña, sin necesidades evidentes de mejorar las comunicaciones entre empleados, o del acceso a la información.
  • Fuerte especialización: estas empresas viven centradas en su quehacer diario. Son expertas en su actividad. Cualquier tema no específico a su negocio se les escapa.
  • Son muy sensibles al cliente: están muy atentas al cliente y le miman mucho.
  • Son muy rápidas tomando decisiones y ejecutándolas. Saben que esto es lo que las diferencia de su mastodóntica competencia. Se adaptan con rapidez al cliente.

En resumen, y por lo que respecta al uso de tecnología, la pyme invierte sólo en aquello que le reporta ganancias a corto plazo para su negocio habitual, y es reacia a experimentos, sobre todo si le supone un desembolso inicial.

Bajo estas premisas, intuimos que como las compañías informáticas no sigan los pasos de los operadores telefónicos, esto es, regalar los terminales hasta crear la necesidad (en nuestro caso, los ordenadores y sus aplicaciones), el futuro a corto se augura negro. Lógicamente, esto no es posible en un modelo de negocio basado en la venta. Pero sí en un modelo de pago por uso (como lo es de hecho el de los operadores telefónicos).

¿Y qué impide a estos fabricantes de hardware y software ir pivotando hacia él? No son sus recursos. Ni tampoco el desconocimiento de que este modelo es el que habrá de imperar en un no muy largo plazo (un estudio realizado por Pulsar Technologies entre los de fabricantes de impresoras revela que en tan sólo 5 años, esperan generar el 50% de sus ventas bajo la modalidad del pago por página; en el caso del software, el porcentaje equivalente se eleva hasta el 70%; ¡pero en el caso de los sistemas de almacenamiento, la expectativa se sitúa en un 95%!). No es nada de eso. Se trata simple y llanamente de dar el primer paso.

El reto del cambio

El cambio hacia un modelo de venta en Pago Por Uso supone un importante reto para los balances de las grandes compañías, al dejar de ingresar por licencias y comenzar a hacerlo por uso (lógicamente, por un importe muy inferior, aunque con una recurrencia que le otorga una estabilidad a la previsión financiera de la que carece ahora). Es por lo tanto comprensible que estas compañías traten de postergar el máximo posible lo que todos saben es inevitable.

En este sentido, cualquier iniciativa que conduzca a la introducción del Pago Por Uso en pymes podría ser el fulminante que dispare este mercado. En el terreno del software hemos encontrado una aplicación libre (para entendernos, gratuita): PulsAGo. Se trata de un software generador de aplicaciones de negocio (BAG: Business Application Generator) que permite, de una forma más o menos inmediata, construir aplicaciones sobre la base de las necesidades de cada uno. Basado en los cánones de software de libre distribución y uso, PulsAGo es un BAG con tres características que le hacen realmente único:

  • Está disponible sin coste alguno: cualquier empresa o particular puede bajarlo por Internet y usarlo para construir sus propias aplicaciones.
  • Cualquier aplicación construida puede luego ser comercializada en Pago Por Uso (PPU). ¿Qué quiere esto decir? Pues que el usuario, cuando es sujeto distinto que el desarrollador, puede disponer de una herramienta tan potente como sea posible, con el único lastre de saber que cuanto más la use más pagará. Pero si resulta que no le es útil, no habrá echado por la borda el precio de miles de euros en licencias.
  • Y por último, y no por ello menos importante, el concepto de PPU en PulsAGo se lleva hasta el extremo de que la garantía sobre el software en sí y su correspondiente mantenimiento, si se desean, pueden adquirirse en modalidad de PPU.

Supongamos que PulsAGo deriva en la construcción de toda una colección de aplicaciones de negocios (CRM, gestión de tarjetas de crédito propias, helpdesk, call center, gestión de la certificación de Calidad ISO, o incluso un ERP), todas ellas comercializadas en Pago Por Uso. De un plumazo, la pyme pierde toda inhibición hacia herramientas de gestión de última generación. A partir de ese momento, el uso o no de las mismas no vendrá condicionado por sus limitaciones naturales, sino por las ventajas competitivas que le puedan estar proporcionando desde el primer momento.

Llaman la atención dos cosas: que esta iniciativa reporte en principio más interés para la pyme que su simple uso, y la forma tan curiosa como se ha planteado. Con respecto a la primera, al tratarse de un software libre, los desarrolladores pueden utilizarlo sin inversión inicial alguna. Y no es mucho suponer que los primeros en lanzarse al agua serán los pequeños desarrolladores, ágiles y siempre los primeros en aprovechar la más mínima oportunidad de adelantarse a sus competidores. Respecto de la segunda, esta iniciativa recuerda al modelo de concentración francés: pequeñas empresas colaboran entre sí para sacar adelante unos productos muy competitivos y únicos.

Sabemos que todos los fabricantes de Tecnología de la Información basan su crecimiento de los años venideros en el segmento pyme. No son los únicos: también los ASP (Application Service Providers) y proveedores de internet han puesto el ojo en este segmento. Por ello, y por el esfuerzo que continúa haciendo la Administración (aunque con poco éxito, muy a su pesar), estos próximos años veremos una auténtica revolución en torno a la pyme, que podría alterar significativamente el mapa de quién es quién en el mundo de las aplicaciones informáticas, y en menor medida en el del hardware. En cualquier caso, eso sí, esta vez la beneficiada será la pyme.


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