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La revolución tecnológica llega a las aulas

Crece el número de centros académicos que optan por sustituir los libros, el clásico papel, por una educación basada en Internet y materiales y fuentes online. Aquí, en estas páginas, les dábamos cuenta ya hace un mes de una interesante y pionera iniciativa en este sentido.

Pero cada vez surgen más; como por ejemplo la protagonizada por la Universidad de Texas (EEUU), cuya biblioteca -la quinta académica más grande del país, con más de ocho millones de volúmenes- está experimentando una transformación radical.

La extensión masiva de Internet y la digitalización de la información han modificado los caminos tradicionales sobre los que se movía la enseñanza, y las bibliotecas no tienen más remedio que renovarse o morir. En la Universidad de Texas, cuando dentro de una semana comiencen las clases, los estudiantes tendrán a su disposición doscientos cincuenta ordenadores y otros setenta y cinco portátiles, con acceso inalámbrico a la Red.

En cualquier caso, se intentan hacer transiciones tranquilas, no traumáticas; los profesores aún exigen la lectura de los libros en papel. Simplemente, piden a sus alumnos que diversifiquen las fuentes de aprendizaje, utilizando más medios digitales.

Las escuelas públicas de Wisconsin (EEUU) también están viviendo una explosión tecnológica sin precedentes. Centenares de millones de dólares han ayudado a que cada colegio tenga, como mínimo, un PC para cada tres estudiantes. Ahora sólo falta mejorar las capacidades online de los profesores, potenciar las infraestructuras y aulas y reformar los un tanto arcaicos planes de estudio.

Otra ventaja es la económica. La revolución tecnológica en las aulas supone, además de un salto cualitativo, un ahorro de costes a veces notable.


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