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La revuelta de los usuarios

Internet se convirtió hace tiempo en un centro de información alternativo, en el que todos los puntos de vista tenían cabida y los usuarios podían encontrar prácticamente cualquier cosa que buscaran. Con la llegada de la “Web 2.0” y las redes sociales, la comunicación se democratizó; ya no había periodistas intermedios que filtraran las noticias dependiendo de diferentes posturas ideológicas o políticas, sino que los propios usuarios se convirtieron en autores. ¿Alguien se imagina qué ocurriría si pasara lo mismo con la televisión? Miles, o millones, de personas harían programas diferentes y los emitirían en diversas cadenas, expresando sus modos de ver la vida y contando aquellas noticias que, en muchas ocasiones, se quedan bloqueadas en los despachos de los periódicos, bien por falta de interés o por falta de “actualidad”.

El medio se convirtió en algo casi utópico, lleno de blogs, espacios personales y periódicos online alternativos que contaban aquello que sus autores consideraban interesante. Pero, desgraciadamente, esta situación ha ido transformándose poco a poco. Desde el momento en el que las grandes corporaciones y empresas, y los conglomerados de comunicación, se dieron cuenta del potencial de la Red, todo ha cambiado. Ya hasta resulta “normal” leer sobre la cancelación de tal o cual blog, de la censura de un medio concreto, o de las denuncias sobre una opinión determinada vertida en un foro.

El poder era de la gente, de los usuarios que decían lo que querían y cuando querían. Pero, ahora, parece que el control ha vuelto a hacer presencia para, según algunas voces, poner un poco de orden y legalidad en la Web.

Cuando Internet parecía una herramienta inofensiva, nadie parecía hacerse cargo de lo que pasaba en ella pero, sin embargo, ahora que está demostrado su potencial, todos quieren sacar tajada. Aún así, no es tan sencillo explicar lo que está ocurriendo en el ciberespacio.

Estos días saltaba la noticia sobre la retirada de una información en Digg.com, principal agregador de noticias del mundo. Sus responsables, según dicen, decidieron retirar una información, que analizaba el código de encriptación del HD-DVD, para evitar problemas legales. No se sabe muy bien si lo que querían era evitar la piratería o, simplemente, obviar una información que puede ser interesante para algunos usuarios, ante la presión que están ejerciendo recientemente las compañías de defensa de los derechos de autor. Sea como fuere, la página abandonó su espíritu libertario para eliminar una noticia que, en principio, daba una información. Este paso de Digg fue más que una simple declaración de intenciones: rompió bruscamente con el principio fundamental de los agregadores de noticias.

Todo el mundo rumorea sobre los posibles fraudes en este tipo de sites (incluso se habla de grupos de usuarios que controlan qué informaciones obtienen más votos y cuales no), pero una acción tan descarada no pasó desapercibida. Los usuarios, a los que a veces se les tacha de personas pasivas con poco interés por la participación, se movilizaron en pro de su derecho a la libertad de publicación. De hecho, mandaron tantas noticias con la información “prohibida” (algunas de forma original incrustadas en fotografías y collages), que durante un día prácticamente lo único que se podía leer en Digg eran aquellas líneas que sus responsables habían eliminado horas antes.

Ante la respuesta masiva, fuentes de la empresa pidieron perdón a sus usuarios y, como los niños que saben que han hecho algo mal, prometieron no volver a repetirlo. Sin embargo, el daño ya estaba hecho, Cientos de periódicos, bitácoras y foros se hicieron eco de la noticia y, ahora, Digg tiene la difícil tarea de lavar su imagen para que los usuarios vuelvan a confiar en la “libertad” que ofrece la web, una libertad que dota a los internautas de la posibilidad de subir las noticias que más les interesan y votar aquellas que les parecen más importantes.

Puede que Internet no deba ser una anarquía en la que valga absolutamente todo, pero intentar controlar el flujo de información de los usuarios es algo que puede costar muy caro. Al fin y al cabo, los internautas ya ven el medio como suyo, una forma de expresión directa que enriquece el mundo de la comunicación. Las informaciones han dejado de ser unidireccionales (de los medios hacia nosotros), para desplegarse en infinitas direcciones. Si los navegantes consiguen superar a todas aquellas instituciones que quieren un férreo control sobre las opiniones y las informaciones de la Red, prácticamente habrán cambiado las formas de comunicación contemporáneas para siempre.


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