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La situación empeora para Napster… aún más

La renuncia el pasado fin de semana de Thomas Middelhoff como CEO de Bertelsmann coloca un interrogante sobre el futuro de Napster, el popular programa de intercambio de ficheros musicales que llegó a registrar en sus días de gloria más de 60 millones de usuarios registrados y que encendió la mecha de la revolución musical en Internet.

Y es que, tras su salida, las personas que trabajan para insuflar un poco de vida al moribundo Napster podrían ser más reticentes a sacar al programa de la bancarrota o a desembolsar decenas de millones de dólares para abonar las numerosas causas judiciales en las que se encuentra metida la empresa por infringir con su programa los derechos de autor.

Para Peter Fader, profesor de marketing de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania \”esto no puede ser una buena señal para Napster. Es difícil ver un escenario donde Middelhoff se vaya pero que Napster se quede\”. Fader justifica la salida de Middelhoff como una consecuencia directa de la \”reacción violenta de las puntocom\” después de que Bertelsmann y otras empresas de medios optaran por dejar de inyectar dinero en sus negocios de Internet

Más claro lo ha dejado un empleado de Napster que solicitó no ser identificado: \”La gente o está corriendo asustada o la están echando. Con respecto a Napster, este podría ser el último clavo en su ataúd\”.

La salida de Middelhoff no extraña teniendo en cuenta que siempre ha tenido un perfil demasiado independientepara una compañía tan conservadora como Bertelsmann. El gigante de los medios alemán posee la editorial Random House, la cadena paneuropea RTL Group SA, y BMG Entertainment, que incluye los sellos RCA Records y Arista Records, entre otros muchos negocios.

El pasado fin de semana Middelhoff tuvo un encontronazo con la junta directiva de la compañía, que siempre ha considerado las idea del ya ex directivo como demasiado revolucionarias. La adquisición de Napster nunca fue vista con buenos ojos entre los mandamases de la compañía alemana, más acostumbrados a manejar papeles que a conectarse a Internet. Los 85 millones de dólares que Bertelsmann tuvo que desembolsar para hacerse con Napster siempre se topó con el escepticismo de los directivos.

Una vez apartado el incómodo Middelhoff (al que muchos sitúan ya en AOL), la muerte de el mejor programa de intercambio de canciones que ha existido en Internet parece más cercana que nunca.


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