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La traducción de todos a todos los idiomas.

Que conocer otros idiomas es importante, es algo tan obvio que no vamos a descubrirlo ahora. Todos nos enfrentamos a diario al reto de comunicarnos en lenguas que no son la nuestra y, en la mayoría de los casos, no solemos hacerlo todo lo bien que desearíamos. Porque reconozcámoslo, si domináramos idiomas la mitad de bien de lo que dice nuestro curriculum, en España se hablaría inglés mejor que en Inglaterra.

Es cierto que se ha avanzado mucho en los últimos años, gracias sobre todo a la profileración de cursos (tradicionales, en el extranjero, a distancia, interactivos…) y a la influencia de una sociedad realmente interconectada (o globalizada, si se prefiere). Sin embargo, estos progresos pueden llevar a engaño…

En primer lugar, porque nuestra formación ha crecido a un ritmo igual o menor que las exigencias. Es decir, aunque ahora haya más gente que hable idiomas, las condiciones actuales requieren que lo hagamos cada vez con mayor frecuencia y calidad. Ya no se trata de escribir una carta de vez en cuando; ahora tenemos, todas las semanas, docenas de e-mails, presentaciones, hojas de cálculo, páginas web y otros documentos que demandan un conocimiento más profundo que antes.

Este es justamente el segundo punto a tener en cuenta: los avances registrados hasta ahora son en cantidad, no tanto en calidad. Mucha más gente dispone ahora de un nivel básico o medio de idiomas, pero la proporción de personas capaces de redactar un informe o diseñar una simple presentación sin ayuda, sigue siendo muy baja.

los avances registrados hasta ahora son en cantidad, no tanto en calidad

Empresas de traducción, asistentes bilingües o mera improvisación son las soluciones más frecuentes. La primera es demasiado cara para las necesidades cotidianas, la segunda sólo está al alcance de unos pocos directivos y la tercera no suele dar los mejores resultados -más bien al contrario.

La comunicación multilingüe en la empresa española se ha convertido en un problema crónico, que implica menor productividad, mala imagen corporativa, o ambas cosas a la vez. Y, paradójicamente, en un mundo empresarial que mide la productividad hasta con tres decimales, este asunto no suele recibir la atención que merece.

Como en casi todos los campos, la industria del software también ha realizado progresos enormes en la lingüística. Los millones de euros -públicos y privados- que han financiado la investigación y el desarrollo estos últimos años, ya están comenzando a dar sus frutos.

Para ilustrar este artículo, podemos tomar como ejemplo la compañía Softissimo . Como uno de los líderes en este segmento de mercado, la empresa ha recibido fondos de inversores privados y del INRIA (organismo público de investigación) para desarrollar una nueva generación de aplicaciones profesionales de traducción que se parecen tanto a las versiones \”gran público\” como un Fórmula Uno a un coche de calle.

Entre los logros conseguidos, cabe desatacar la integración en aplicaciones de ofimática -como Microsoft Office- las funciones de traducción de archivos y de directorios enteros con un solo click, o la posibilidad de disponer versiones multi-plataformas (PCs, intranets, Pocket PC, SMS, I-Mode o incluso en papel).

Pero nada de esto sería suficiente si no se hubiera mejorado lo esencial: la calidad de las traducciones.

La clave de la increíble efectividad que muestran los nuevos traductores automáticos está en su flexibilidad; pueden ser configurados para adaptarse a la terminología de un sector, de una empresa o de un departamento concreto.

La personalización del vocabulario se realiza inicialmente con consultores lingüísticos que estudian documentación interna de una sociedad (manuales, informes, material promocional, memorias anuales,…). En esencia, ellos extraen los términos particulares y los más usados, configuran el contexto para adaptar las acepciones correctas, elaboran un glosario de palabras y expresiones, lo pasan a formato digital con el editor de diccionarios, hacen pruebas con textos reales y corrigen el programa hasta lograr el resultado deseado.

Pero nada de esto sería suficiente si no se hubiera mejorado lo esencial: la calidad de las traducciones

Pero el proceso no termina ahí. Al igual que la empresa, estos programas crecen y evolucionan constantemente, aprendiendo con el uso, mejorando todos los días. Cada traducción aporta nuevos datos al programa, bien para ratificar o rectificar un resultado.

Empresas petroleras, bancos, fabricantes de automóviles, grupos industriales, consultoras, cadenas de supermercados y PYMES de todo tipo ya se benefician de los avances tecnológicos en las comunicaciones multilingües. En algunos casos, se trata de desarrollos bastante complejos, con gran riqueza de términos, de varios campos, en distintos formatos y para docenas de miles de empleados. En otros, aún en grandes compañías, se trata de aplicaciones puntuales para el departamento que más lo necesita (Dirección General, Informática, …).

Puede que estos tiempos no parezcan los más idóneos para invertir en algo novedoso o, a primera vista, sofisticado. Sin embargo, los programas de traducción para empresas soportan el más exigente análisis económico, llegando en algunos casos a amortizarse incluso en pocos meses.

Después de los franceses, los españoles son los europeos que más utilizan los traductores gratuitos de Internet. Pero las empresas españolas apenas conocen la existencia de soluciones más completas y eficaces. ¿Por qué? Una de las razones es que a los empleados les avergüenza reconocer que necesitan ayuda para comunicarse adecuadamente en otro idioma (sobre todo cuando previamente dijeron lo contrario). Como consecuencia de ello, los responsables de las áreas de Informática y de RR.HH. apenas tienen constancia de esta necesidad y son raros los casos en que esta petición se eleva a nivel formal.

Por último, consideremos empresas globales como ORACLE , IBM , Microsoft …¿cómo pueden, desde hace unos años, sacar tus nuevos productos al mismo tiempo en docenas de países en docenas de idiomas diferentes? La respuesta, en parte, la tiene una pequeña multinacional, líder de su sector, que con 8.000 personas en todo el mundo, gestiona la localización de productos de todo tipo. Me refiero a Bowne Global Solutions , casi una desconocida en nuestro país, trabaja con los líderes del mercado del software, de la aviación y de multitud de otras industrias para garantizar que sus productos salen, en multitud de idiomas, al mismo tiempo en cada país. La localización va mucho más allá de la traducción ya que tiene que ver con adaptar el mensaje a su entorno local y cambiar frases que pudieran ser ofensivas o colores que se presten a una mala interpretación local.

Por su propio beneficio, las empresas españolas deberían analizar sus verdaderas necesidades de traducción y evaluar las mejores alternativas disponibles. La solución ya está aquí, sólo hay que pedirla.


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